Tras la debacle deportiva del equipo español de Copa Davis en su enfrentamiento de la semana pasada contra el de Rusia -en Vladivostok- parece que nuestro tenis patrio se ha tumbado en el diván del psicoanalista y que, por fin, todos empiezan a llamar a las cosas por su verdadero nombre. Antes, se había puesto el foco en objetivos y circunstancias que no eran sustanciales… Y, claro, todos estábamos un poco despistados (podríamos decir ‘engañados’).

Se han escrito tantas páginas poniendo el acento en que todo el problema estribaba en el nombramiento de Gala León como capitana del equipo y el rechazo subsiguiente de los jugadores, que quizá no supimos valorar otras partes de este problema: que nuestros tenistas pasan de la Federación (olímpicamente), que la competición de la Davis se interpone en sus carreras y les perjudica en lo económico, que la llamada de La Roja siempre es inoportuna y que, en consecuencia, la reputación de nuestra ‘Armada Española’ está peor ahora que la de Felipe II tras la derrota en Lepanto. Este asunto no hay por dónde cogerlo.

Pienso que no seré capaz de explicar este embrollo en un simple post. Quizá sería mejor hacerlo en una novela (con todos los personajes malos y ninguno bueno) o en una comedia de enredo, pues cada día el asunto se lía más. Pero prometo que voy a intentarlo y que, por no hacerlo muy largo, me remontaré a julio del año pasado, cuando el entonces presidente de la Federación Española, José Luis Escañuela, tomó la decisión de nombrar a Gala León como directora deportiva del organismo y le encomendó después (en septiembre) la capitanía de la Davis. Ya escribí, por primera vez,  de este penoso asunto en un post titulado Ruido de sables en nuestro tenis porque todos los tenistas –todos– se opusieron desde el principio a ese nombramiento.

Tanto Escañuela como Gala reaccionaron con virulencia, argumentando que los tenistas eran unos machistas que no aceptaban a una mujer como su capitana. E iniciaron un pulso: estaban dispuestos a llegar hasta el final del asunto, cayera quien cayera.  En aquel post, sobre la lógica de que nadie puede ir contra todos los jugadores, me atreví a hacer un pronóstico: “Barrunto que la capitana no llegará a sentarse en el banquillo en la cita de julio de 2015”. Y, lamentablemente, no me equivoqué.

Comenzaron a surgir después toda clase de acusaciones e improperios, por ambas partes, con amenazas que iban subiendo de tono. Gala y los jugadores no se hablaban, hasta que ella decidió dar el paso y reunirse con ellos en Valencia, pero fue un encuentro que empeoró aún más las cosas. También me referí a este episodio en otra entrada Los tenistas y su federación, a raquetazo limpio, destacando que todo estaba deteriorándose por momentos: “¿Qué sucedió en esa reunión? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pues ni Federación ni jugadores han hablado públicamente sobre ello. Sólo Gala León, a su término, hizo unas declaraciones voluntariamente provocativas: “Hemos estado charlando un poquito, hemos estado acercando posiciones y todas las reuniones al final son constructivas, así que fenomenal. Lo único es que yo no voy a pedir perdón por ser mujer, es una primera toma de contacto y muy productiva”.

Lo dicho, aquella salida de pata de banco en forma de nueva provocación, solo sirvió para aumentar la tensión de forma insoportable. “Gala León se sentará en Rusia, sí o sí”, decía Escañuela. “La Federación no es nada para nosotros”, le respondía Nadal. “La situación la veo fatal, de pena. Se ha montado un show mediático que, creo, sólo beneficia a los periodistas. (…) Lo peor es que Rafa Nadal y David Ferrer, como jugadores, o Gala León como jugadora, o Escañuela como presidente, pasarán, van a pasar o han pasado… pero de cara al futuro y a la ilusión de los niños, los patrocinadores y las nuevas generaciones que deben venir y aún no vienen… el daño ya está hecho”.  Y tenía Nadal una gran razón, pues el desprestigio del tenis no ha hecho otra cosa que ir en aumento continuo como si fuera una bola de nieve.

Intervino el Consejo Superior de Deportes, que no tenía jurisdicción directa sobre la Federación, pero consiguió arrinconar a Escañuela por un asunto al margen: la auditoría de las cuentas federativas. Escañuela se negó a presentarlas, ignorando al Secretario de Estado y aduciendo autonomía de actuación en este ámbito. Pero se demostraron las sospechas de serias irregularidades en la gestión, lo que provocó la dimisión de cinco presidentes de federaciones territoriales, quienes echaron más leña al fuego y comenzaron a poner el asunto en otro plano: “No hay un proyecto deportivo, ni de gestión, ni de nada. Se necesita una persona que una. Yo estuve de vicepresidente segundo en su primer mandato y me enteraba de sus decisiones [las de Escañuela] por la prensa. Tardé poco en irme”, aseguraba Miguel Díaz, presidente de la madrileña (uno de los dimisionarios).

El Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) suspendió a Escañuela durante un mes por su negativa a facilitar esa información para auditar las cuentas y por un supuesto desvío de 60.000 euros. La Federación negó esa falta de colaboración y contestó a través de un comunicado en el que, además, convocaba una provocativa rueda de prensa, en la que a él decidió entrar a la guerra. Fue cuando Feliciano López esgrimió su famoso “vamos a contar mentiras tra-la-raaaaa”. Todo penoso.

Los jugadores subieron su presión contra el presidente y publicaron desde Londres (coincidiendo con el torneo de Wimbledon) una carta abierta, de siete puntos, en la que le tildaban de “caótico” y “beligerante”. La firmaban 32 jugadores y ex, nada menos.  Nuestros tenistas estuvieron más pendientes de este asunto que de competir bien, porque el torneo fue un desastre deportivo para todos ellos… sólo se salvó Garbiñe Muguruza, que llegó a la final y la perdió contra Serena Williams.

Escañuela, incapaz de aguantar ya tanta presión y continuos ataques hacia su gestión, se vio obligado a dimitir el primer día de julio, ya casi en vísperas de la nefasta cita de Vladivostok. De forma inmediata, le sustituyó en el cargo Fernando Fernández-Ladreda, quien tenía dos urgencias: cesar a Gala León (lo hizo de forma inmediata) y buscar a alguien que pudiera ocupar el banquillo de capitán. El nuevo presidente acudió a la solución más sencilla: Conchita Martínez, capitana del equipo femenino en la Copa Federación, y también mujer (para dejar claro al mundo que la Federación no se había bajado los pantalones ante los tenistas por su supuesto machismo).

Conchita accedió a la petición de su nuevo jefe, pero apenas tuvo tiempo de armar un buen equipo. Entre la boda de Feliciano López, que coincidió en fechas con la competición y a la que estaban invitados varios de sus compañeros, y Nadal, que está muy bajo de forma y ya había anunciado que no acudiría, las cosas pintaban mal.  Ferrer, que salía de una lesión, dio su consentimiento a última hora, pero no se recuperó a tiempo. Total, que Conchita se iba a Rusia con lo justo y lo único que le pedía a sus pupilos era un buen espíritu competitivo: “Tiene que haber más unión que nunca”. Pero solo con eso era prácticamente imposible cerrar heridas tan amplias y profundas. Y el resultado final ya lo conocemos: la derrota de los nuestros.

De haber ganado España, hubiéramos tenido la opción de jugar para el ascenso a la primera categoría del tenis mundial, perdida el año pasado contra Brasil. Eso es cierto. Pero tal vez se hubiera cerrado este problema en falso. Y creo que es mejor así, porque nuestro tenis ha tocado fondo y nos ha quedado claro que no solo por culpa de José Luis Escañuela y Gala León. Ellos ya no están y no serán un obstáculo para que se tomen las decisiones correctas y las medidas necesarias. El único problema es que son muchas esas decisiones y que hay que tomarlas.

Parece evidente que hoy no tenemos un buen equipo, a pesar de ser el país con más jugadores en la élite (100 primeros en la ATP); queda claro que esos jugadores se van marchitando y que no están comprometidos con España, por lo que no se podrá contar mucho con ellos en el futuro; que en Rusia no hemos sabido competir, a pesar de ir con ventaja de 0-2 en la eliminatoria; que nuestra famosa ‘Armada’ ya no es tan invencible como era y que no tiene un relevo a la vista…

Conchita, que sigue pidiendo unidad, sale bastante tocada de este trauma y dudo de si debe ser quien siga al frente del equipo en septiembre, cuando nos juguemos contra Dinamarca el descenso a la tercera división. España tiene mucho trabajo que hacer para volver a la élite mundial (en la que ha conquistado tantas ensaladeras), pero en el mejor de los casos no lo podría hacer hasta 2017. Mientras los daneses anuncian que llevaran a su mejor equipo. Y la duda que me surge es qué haremos nosotros ¿Sabremos estar a la altura o tendremos que llorar un nuevo hundimiento?

Siento decirlo, pero de nuevo soy poco optimista. Mientras nuestro esplendoroso tenis se muere, no veo ningún líder fuerte, ni carismático, al timón de la nao capitana de nuestra Armada.

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