Hoy me pide el cuerpo iniciar este post hablando de una de mis más inolvidables experiencias profesionales. Aconteció a principios de los años 70, cuando era alumno de la extinta Escuela Oficial de RTV. Organizamos, con ayuda de la Dirección, un viaje a Londres para conmemorar el paso del Ecuador de la carrera, con la disculpa de girar una visita a sede de la BBC. Nos pareció el ‘planazo’ pues a la parte lúdica de aquel viaje podíamos añadir la académica de visitar una de las instituciones de radio y televisión más prestigiosas del mundo. Nadie ponía en duda esa realidad incontestable, basada en una reputación sedimentada en el rigor informativo, en su buen hacer profesional de vanguardia.

Hice esta evocación a principios de semana, el lunes, coincidiendo con el inicio del torneo Open de Australia de Tenis, en Melbourne. Ese día, la BBC soltó un bombazo informativo al revelar que al menos 16 jugadores del top-50 estarían implicados en amaños de partidos durante la última década. Era el resultado de una investigación que la cadena había realizado junto al portal Buzz-Feed News, tras llegar a su poder unos documentos referidos a investigaciones realizadas por la Asociación de Tenis Profesional (ATP). Y en aquel mismo instante pensé: “Estamos ante un escándalo mayúsculo, de dimensiones desconocidas, porque si lo dice la BBC es que va a misa”. Pero lamento decir que me equivoqué y que una de mis grandes ilusiones de juventud se me vino abajo.

La investigación mencionada había sido realizada por la Unidad de Integridad del Tenis (conocida como TIU, por sus siglas en inglés) tras sospechar que dichos jugadores entregaban partidos. El escándalo promete ser de considerables proporciones, pues entre los tenistas señalados había varios del Top 10 e, incluso, campeones de torneos del Grand Slam. ¿Quiénes son esos jugadores? ¿Y cómo ha sido posible que hayan seguido compitiendo como si nada? Son, sin duda, dos de las grandes preguntas que ese mismo lunes se estaba haciendo todo el mundo… sin encontrar una respuesta convincente. Incluso los dos medios denunciantes tampoco han sabido responderlas.

La TIU se apresuró a recordar que siempre practica una estrategia de ‘tolerancia cero’ con cualquier caso de corrupción que llega a su conocimiento. La información de la BBC y Buzzfeed News aseguran haber visto documentos referidos a una investigación abierta por la ATP en 2007; en dichos papeles se menciona un partido y los nombres de sus dos protagonistas: el ruso Nikolai Davydenko y el argentino Martín Vasallo Argüelles. En aquella ocasión, parece que se llegó a la conclusión de que ambos no habían hecho nada punible, pero que los investigadores fueron tirando de la manta hasta llegar a una presunta red de apostadores vinculados a los propios jugadores del circuito profesional. Algunos de ellos ganaban hasta 50.000 dólares por dejarse ganar en algún momento de los partidos que disputaban. Sin embargo, la TIU ha negado rotundamente haber tenido referencia alguna de aquel caso y la posibilidad de que un posible amaño de encuentros no hubiera sido investigado con el necesario rigor. Aquí, desde luego, alguien miente, oculta la verdad o manipula la información.

La BBC dice que los documentos a los que la emisora británica ha tenido acceso hablan de “sindicatos de apuestas en Rusia e Italia”, y que se apostaban miles de libras en partidos que los investigadores pensaron que estaban amañados. Esos dos países son desde los que se mueve todo el aparato de apuestas ilegales, según los investigadores. Tres de esos partidos, nada más y nada menos, se habían disputado en el prestigioso torneo de tenis de Wimbledon. También recuerda la emisora que el mundo del tenis introdujo un nuevo código de conducta en 2009, un año después de aquella investigación, pero que por razones legales los presuntos casos de corrupción previos no fueron evaluados. En consecuencia, un portavoz de la TIU recordó que ya no se abrió ninguna otra nueva línea de investigación.

Desde aquel lunes de nubarrón, la BBC anda amenazando con contar los nombres de esos tenistas ‘sucios’ que están implicados en los amaños. Dice que conoce esos nombres, pero que no lo ha hecho hasta ahora porque no ha podido tener acceso a todas las pruebas (sobre gastos atípicos, confesiones de jugadores o registros de sus llamadas telefónicas). La emisora cree que ahora es la TIU –que tiene la lista- es la que debe dar un paso adelante y ver qué hace con esa información. Pero, mientras, la ATP y la TIU mantienen su boca cerrada y dan la callada por respuesta. ¿Entonces…?

En mi opinión, la noticia es de tal envergadura que lo mejor es que no hubiera salido a la palestra sin pruebas irrefutables. La BBC y portal Buzz-Feed News lo único que han conseguido es montar una ‘zapatiesta’ tan impresentable como insoportable. En Melbourne, el primer día del Open australiano, obligaron a montar una improvisada rueda de prensa con el presidente de la ATP, Chris Kermode, y con Nigel Willerton, director de la TIU. Por supuesto, para negarlo todo: “Negamos cualquier tipo de rumor de partidos amañados en la actualidad que no hayan sido debidamente investigados. La BBC y BuzzFeed News se refieren a partidos de hace 10 años”, decía Kermode. Por su parte, Willerton dijo que “no podía revelar si hay jugadores en el torneo que están siendo investigados. Nuestra manera de funcionar no es hacer las cosas públicas. Pero los tenistas están obligados a facilitarnos teléfonos, correos y sus tabletas si lo creemos oportuno. De negarse les pueden caer hasta dos años”.

Pues no, lo que han conseguido con esta bochornosa actuación profesional (al menos yo la veo así) es que la sospecha presida a partir de ahora todo el circuito, que la gente llegue a pensar que algo en tenis está muy podrido y que estas acusaciones son como las meigas gallegas: “habérlas, haylas”. Por ejemplo, cuando el mismísimo número 1 del ranking de la ATP, el serbio Novak Djokovic, reconoce que a él le ofrecieron 200.000 dólares, en 2007, por dejarse ganar un partido: “Se me acercaron indirectamente a través de las personas que trabajaban conmigo en aquel momento. Obviamente, dijimos inmediatamente que no. La persona que estaba tratando de ponerse en contacto conmigo ni siquiera vino a mí de forma directa”, explicó el campeón.

Entre los tenistas españoles que han acudido al Open de Australia cunde la sorpresa. Nuestro número uno, Rafa Nadal asegura que no tiene constancia de que existan las apuestas ilegales en los principales torneos de tenis y pide a la BBC y Buzzfeed que sostengan sus acusaciones con pruebas y nombres. “En el circuito ATP, yo no he sentido que pase nunca, ni lo he visto, ni nadie en mi vida me ha contactado, ni tengo la información de que esto pase. Oigo que en los torneos inferiores, como los Challengers o Futures, sí que hay gente que lo hace. Lo oigo, pero no lo sé. Ni lo he vivido, ni lo conozco, ni lo he visto”, dice Nadal en unas declaraciones a la agencia de noticias alemana DPA.

Fernando Verdasco –que apeó a Nadal del Open australiano en la primera ronda y que acaba de perder contra el israelí Dudi Sela- también niega haber sido tentado por el mal: “Se dicen muchas cosas sobre todo esto, pero al final nosotros sabemos qué hay por ahí fuera y tenemos que luchar contra ello (…) “Yo personalmente eliminaría las apuestas, pero no puedo hacerlo porque no tengo el poder para ello; sin embargo, desde dentro estamos intentando luchar contra esto. ¿Si se han acercado alguna vez a mí para ofrecerme algo? No, a mí no”.

Feliciano López, otro de nuestros campeones, también dijo que se deben erradicar las apuestas del deporte: “Hay que ir hasta el final y que caiga quien tenga que caer. Si tienen que dar nombres que los den, si tienen que investigar más, que investiguen más. Tiene que acabar. Para el deporte es horrible”. Es la misma línea argumental de Manolo Santana, director del Masters de Madrid y auténtica leyenda de nuestro tenis: “No hay derecho a que un deporte tan limpio y tan claro como este se vea salpicado por algunos sinvergüenzas que están jugando con el tenis indebidamente. Si hay algún jugador metido en esto y se demuestra que han hecho cosas raras, habrá que ir contra él”.

De acuerdo con ellos. Lo suscribo. Pero creo que una buena forma de empezar sería, quizá, perseguir esas apuestas ilegales, regular mejor este sector o, llegado el caso, prohibirlas. Estaríamos ante un gran primer paso en la dirección correcta.

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