A estas alturas, cualquier aficionado sabe perfectamente el nombre del máximo protagonista del Mundial de Brasil. Se llama Luis Suárez, es uruguayo y pasa por ser uno de los mejores goleadores del planeta. Y sabe también que ese protagonismo estelar tiene que ver no solo con su capacidad futbolística, incontestable, sino por la durísima sanción que le ha impuesto la FIFA tras haber mordido en el hombro al defensa italiano Giorgio Chiellini.

Ha sido, como digo, una sanción de esas que hacen época: 9 partidos con su selección y cuatro meses en cualquier actividad relacionada con el fútbol… lo cual ha convertido al jugador en una especie de ‘delincuente apestado’ y como tal fue expulsado de forma drástica de la concentración brasileña. Creo que ha sido un exceso de la FIFA en toda regla y que el máximo organismo del fútbol mundial debería hacérselo mirar. Porque sus medidas ‘ejemplarizantes’ (como ésta) corren el riesgo de ser discriminatorias, y de generar tsunamis de pasión y controversia que en nada ayudan a resolver los problemas.

No seré yo quien defienda a Luis Suárez, jugador del Liverpool, que antes de iniciarse el Mundial estaba en boca de casi todos los grandes equipos de Europa, como “el fichaje más deseado”. Y no lo voy a defender, especialmente porque ya es reincidente y ha sido sancionado en ocasiones anteriores por la misma agresión. Creo que todo comportamiento antideportivo en un campo de juego debe ser castigado, de acuerdo a unos reglamentos sancionadores claramente establecidos, pero sin aspavientos, sin vendetas y sin cargas emocionales añadidas e innecesarias. Pero, fundamentalmente, castigados desde normas sancionadoras iguales para todos los jugadores, clubes y selecciones… basadas en principios y valores universalmente aceptados por los seguidores y fans, por los que no son tan forofos e, incluso, también por la mera opinión pública. La FIFA debe evitar protagonismos gratuitos y aquí, en este caso, no los ha evitado.

De todo lo que he leído estos días sobre el episodio y su sanción, me quedo con la crónica de José Aguado para La Razón (27.06.14), titulada: “Mordisco de la FIFA a Luis Suárez”. Considero que desde el primer párrafo el periodista pone en situación este asunto con gran precisión y brillantez: “Iba a ser el Mundial de Luis Suárez y sí que lo ha sido, aunque quizá no de la manera que se esperaba. Lo que ha hecho hasta ahora es todo lo que hará en este campeonato y en los nueve encuentros siguientes de la selección uruguaya. Ayer la FIFA sacó su lado más represivo y castigó al delantero con una dureza que supera a otras ocasiones: 9 partidos con su selección y cuatro meses sin poder jugar al fútbol. Todo indicaba que en Brasil se iba a aclarar el futuro del futbolista del Liverpool, que iba a ser el fichaje del verano, pero su mordisco a Chiellini y la sanción han enturbiado todo. Se había hablado de que el Real Madrid y últimamente el Barcelona le pretendían. Ahora, puede que los grandes clubes europeos se lo piensen antes de pagar los casi cien millones que cuesta un delantero que se va a perder los dos primeros meses de la temporada y que no está claro en qué momento se le van a cruzar los cables y va a pegar un mordisco al contrario. Lo de Chiellini es la tercera vez. En los dos anteriores había sumado diecisiete partidos de sanción. No le corrigieron su ansia de clavar los dientes en la carne de un rival”.

Que la sanción es excesiva se lo parece incluso al propio Chiellini, la víctima, quien publicó una carta abierta a través de Internet en la que decía no sentirte precisamente muy alegre por la sanción: “Siempre he considerado como algo inequívoco las medidas disciplinarias por parte de los órganos competentes, sin embargo, al mismo tiempo creo que la sanción impuesta es excesiva. Espero sinceramente que se le permita, al menos, estar cerca de sus compañeros de equipo durante los partidos, porque esta prohibición es realmente desesperante para un jugador”.

Pues no, no se le permitió quedarse con los suyos. Aparecieron en su concentración unos cuantos policías y se lo llevaron directamente al aeropuerto. Fue expulsado de Brasil con viento fresco. Imagen innecesaria y muy poco edificante que venía a emponzoñar un poco más el efecto de rechazo en Uruguay, para quien Luis Suárez es todo un símbolo. Y ese símbolo no pudo estar defendiendo la camiseta de su selección, que quedó apeada del Mundial, el sábado, tras perder (2-0) contra Colombia.

Óscar Tabárez, el seleccionador uruguayo, aseguró que su escuadra –que era una de las aspirantes al título, según algunos- está ‘tocada’ por el asunto, pero con una enorme rebeldía para afrontar el resto de la competición: “Es una decisión que evidentemente está más volcada hacia las opiniones de la artillería mediática que explotó nada más terminar el partido, de periodistas que tomaron como único tema ése”, se quejó. “Y que no sé de qué nacionalidad eran pero todos hablaban en inglés”, agregó. Una crítica velada de Tabárez, con mucha carga de profundidad, alimentada por el propio presidente de Uruguay, José Mújica, quien durante la recepción oficial a sus jugadores declaró criticó sin ambages a los dirigentes del Fútbol mundial: “¿La FIFA? Son una manga de viejos hijos de puta (…) Publícalo”, le dijo al periodista que le había preguntado y que le escuchaba atónito. A Mújica, la sanción le ha parecido “una monstruosa agresión. No solo a un hombre, a un país”. Veremos la reacción de la FIFA y si no acaba trayendo cola.

El abogado del jugador, Alejandro Balbi, en declaraciones a la COPE, no ha dudado en señalar que el castigo es “absolutamente desproporcionado” y que “Julio Grondona, vicepresidente de FIFA [argentino], me decía que nunca había visto una sanción tan grave para un jugador. Esto es tan grotesco y descabellado que el TAS tendrá que revocar este injusto fallo. Sólo le ha faltado la cadena perpetua (…) Se le ha tomado [a Luis Suárez] como cabeza de turco. Si la FIFA investiga ahora todo de oficio va a desvirtuar el fútbol por completo. ¿Por qué no investiga el codazo de Sakho a un ecuatoriano, el de Neymar ante Croacia o el cabezazo de Pepe? Vamos a convertir el fútbol en otro deporte (…) Este viernes, precisamente, también se conoció que la Federación Internacional de Fútbol no sancionará al central francés por su golpe con el codo al ecuatoriano Antonio Valencia”. Los abogados de Suárez están dispuestos a llegar al TAS para que se revise la sanción. Veremos en qué queda todo.

Considero que Balbi tiene bastante razón en lo que dice, pues la nómina de agresiones y feos comportamientos de futbolistas en los terrenos de juego es interminable. Agresiones con muchas peores consecuencias –como por ejemplo romper la pierna a un jugador y acabar con su carrera- se han zanjado sin sanciones, por no haber podido demostrarse la intencionalidad del jugador. O agresiones como aquella de Pepe a Casquero, pateándolo en el césped, se saldaron con una sanción menor a ésta; o el patadón en el pecho de De Jong a Xabi Alonso, que podría haberle roto varias costillas en el Mundial de Sudáfrica… o el codazo claramente intencionado de Neymar a un jugador croata en el primer partido de este mundial… o el pie de Busquets sobre la cabeza de Pepe en un Real Madrid-Barça… ni otros muchos parecidos, que han dado la vuelta al mundo, siquiera han sido sancionados. Y sin pasar por alto que, en este caso, Chiellini ha sufrido consecuencias físicas mínimas que no le han impedido seguir jugando…  Es el mundo al revés, que no toma en consideración en la pena la gravedad o la consecuencia del delito.

En fin, me parece que no sólo Luis Suárez ha mordido a un colega en este Mundial. Es la FIFA la que le ha dado un gran mordisco al sentido común.

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