Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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Tiger Woods, el chico negro que revolucionó el golf hace 20 años en Augusta

En aquel abril de 1997 se convirtió en el primer negro en ganar el gran torneo. Lo hizo siendo el más joven, el de mejor puntuación y el que más distancia tuvo con el segundo. Ahí empieza la leyenda.

Sería fácil decir que Tiger Woods ha sido uno de los más grandes golfistas de la historia, algo tan fácil de verificar como mirar su historial y empezar a compararlo con todos los demás que se ganaron la vida con un palo de golf entre las manos. Dejarlo ahí, en un deportista extraordinario, sería válido, sí, pero también incompleto. Eldrick Woods es mucho más que todo eso, es un icono, un pionero. El hombre que lo cambió todo. Si hay que poner una frontera, el momento en el que el mundo se dio cuenta de que nada iba a ser cómo antes, la memoria se remonta 20 años atrás. El escenario es el campo más mítico del mundo, el único que tiene por derecho celebrar un grande todos los años, el Augusta National. Allí, en el corazón de Georgia, el estado sureño por antonomasia, estallaba la primavera y estaba a punto de nacer un mito. 1997, todos buscan la chaqueta verde.

Pero antes de comerse el mundo, un poco de contexto de cómo era el golf en aquellos días. Tiger Woods lleva solo unos meses como profesional pero ya ha ganado algunos torneos importantes. Todo el mundo hablaba de él en el circuito, por su pegada, por su talento, por la capacidad para jugar. Y también, cómo no, por ser diferente. La retransmisión del golf por televisión era una sucesión infinita de señores de mediana edad, todos blancos, de alturas similares, vestidos de forma uniforme. Era un deporte de cierta raigambre conservadora, aun hoy es percibido así por buena parte del público. Y entonces llegó Woods que era… otra cosa.

Para empezar, y en lo más obvio, Tiger Woods es de raza negra. Bueno, en realidad esto es más complejo de lo que parece, pues su madre es Tailandesa y con sangre holandesa. Es, por lo tanto, un amalgama racial que él mismo decide como ‘cablinasian’, una mezcla de caucásico, negro y asiático. En todo caso, y a efectos prácticos, algo muy diferente a lo que se estilaba -y, de hecho, aún se estila- en el circuito profesional del golf. Si Seve Ballesteros, por su pasión y su nombre latino, ya resultaba algo exótico en ese entorno qué decir de Woods.

La historia en contra

Volvamos un segundo al Georgia, durante los años 60 y 70 en el corazón del racismo de Estados Unidos ¿qué pasaba en Augusta? Pues que todos los ‘caddies’ eran negros y los jugadores blancos. Hasta mediados de los años 70 ningún negro había participado en el gran torneo, no había miembros de esa raza como miembros del club y el racismo imperante en la zona se filtraba con facilidad allí. De hecho, en su historia de intolerancia el club no tuvo ninguna mujer miembro hasta 2005, cuando entraron dos, una de ellas la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice.

(…)

Hoy la carrera de Woods parece terminada. Sus problemas extramaritales le sacaron del circuito, los dolores de espalda, tan típicos cuando de golf se habla, hicieron de aquel tremendo pegador un golfista más. No llegó a alcanzar a Jack Nicklaus, que se retiró con 18 grandes ganados. Pero su figura es, cuanto menos, tan importante como la del Oso Dorado.

Y, hay que recordarlo, era un jugador que podía hacer esto.

 

De la noticia publicada en ElConfidencial (06.04.17), firmada por Gonzalo Cabeza.

Se puede leer completa en: http://www.elconfidencial.com/deportes/golf/2017-04-06/tiger-woods-masters-de-augusta-1997_1361586/

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