Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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DIlma Rousseff

12 de junio de 2014

Brasil se quema en la hoguera de sus vanidades

No es casualidad que este post se publique unas pocas horas antes del pitido inaugural del Mundial de Fútbol de Brasil. Llevo unos días leyendo todo lo que cae en mis manos sobre el evento planetario que hoy se retransmite a casi todos los países del mundo y me asaltan muchas más dudas de lo razonable.

Porque estamos asistiendo estos días a una escalada de hechos, acciones y declaraciones que van mucho más allá del simple juego (el fútbol es eso: un juego), del éxito o fracaso de una organización (en este caso, no está nada claro) y de los muchos intereses, tangibles o intangibles, que juegan un papel protagonista en este escenario del Mundial. Percibo que Brasil, el país del fútbol por excelencia, se ha metido demasiada presión a sí mismo y que sólo contempla una victoria. La derrota, y más si esta fuera prematura o especialmente dolorosa, podría conllevar para ellos muy nefastas consecuencias sociales. Brasil ignora ese proverbio que dice: “Ganar por necesidad es perder por obligación”. Y por eso, me gustaría hoy escribir este post desde la perspectiva del anfitrión…

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23 de mayo de 2014

¿Un Mundial sin el apoyo de sus gentes?

Nos siguen llegando desde Brasil inquietantes noticias sobre el clima de tensión social que vive el país anfitrión del Mundial de Fútbol, para cuyo arranque queda ya menos de un mes. Digo “inquietantes noticias” porque nos hablan de una nueva oleada de violentas protestas contra el Gobierno de Dilma Rousseff, por el incumplimiento de sus promesas de desarrollo económico y social que nunca han mostrado el menor viso de hacerse realidad.

A los movimientos ciudadanos, que crecen como la espuma, se están sumando estos días también los sindicatos. Y lo que comenzó en junio del año pasado como un fenómeno de múltiples acciones espontáneas –protagonizadas por ciudadanos descontentos– parece que se está convertiendo ahora en una campaña de acciones organizadas. No hay tantas manifestaciones, es cierto, pero son más radicales. El Gobierno teme por la seguridad del Mundial, a pesar de que destinará 180.000 agentes a garantizarla. Y se muestra bien preocupado porque el evento acabe convirtiéndose en un estruendoso fracaso económico.

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