De todos es bien conocida la gesta del Atlético de Madrid, que el pasado sábado conquistó la Liga en el Camp Nou, tras empatar (1-1) con el Barcelona, que también tenía el campeonato en su punto de mira. El partido no se le pudo poner peor a los rojiblancos, pues no habían transcurrido veinte minutos y ya habían perdido por lesiones a dos de sus mejores jugadores: Diego Costa y Arda Turam. A pesar de tan serio contratiempo, el equipo rojiblanco no le perdió la cara al partido, ni su fe, y fue capaz de dominar el juego.

Por supuesto, el hecho de que el Atleti no contara a principios de temporada como candidato a este título, no me pasa inadvertido. No voy a hacer aquí una crítica futbolística de la ‘final’ (que era un partido de liga), ni un análisis del juego (se encargan otros)… Simplemente, quiero reflexionar por qué se ha podido producir esa gesta, a la luz de ciertos valores intangibles que ahora definen con más nitidez –o eso creo– el momento del Atleti.

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