El nuevo estadio de San Mamés recibió el mes pasado, en Singapur, un reconocimiento cuando menos curioso: el de ser considerado como “el mejor estadio del mundo en 2015”. ¿Significa eso que es ahora el mejor recinto deportivo de todo el planeta? Desde luego que no, aunque pudiera parecerlo. Es el mejor de los inaugurados este año. Pero, en todo caso, el coliseo del Athletic Club de Bilbao (de categoría 4, el máximo rango que otorga la FIFA) se coloca por derecho propio entre los más emblemáticos del mundo.

El jurado del World Architecture Festival, que es la gran cita anual de la arquitectura mundial, decidió premiar al Nuevo San Mamés como el mejor edificio deportivo del mundo por su diseño, confort de sus instalaciones, seguridad, accesos fáciles y funcionales y por sus servicios. Fueron tantos los factores valorados que el jurado decidió calificar el proyecto como “hito arquitectónico en el sector de las grandes instalaciones deportivas”.

El diseño del Nuevo San Mamés lleva la firma del estudio bilbaíno IDOM/ACXT y se impuso en la fase final a otros importantes proyectos como los del ‘London Aquatics Centre‘ (Londres), firmado por Zaha Hadid Architects; el Al Ain, en Dubái, de Patter Desing; el ‘Fisht Olympic Stadium‘ (Sochi), de Populous; o el ‘Margaret Court Arena‘ (Melbourne), de NH Architecture, entre otros. A la fase final habían llegado en total los proyectos de diez recintos deportivos.

El arquitecto principal de IDOM/ACXT, César Azcárate, explicaba en declaraciones al diario ABC que su primer objetivo era trasladar a estos tiempos la magia del viejo San Mamés, apodado precisamente como ‘la catedral’ del fútbol español. “Queríamos trasladarla a un edificio moderno, con toda la tecnología y las medidas de seguridad que se esperan hoy. Además, queríamos que tuviera una arquitectura de calidad, que aportara algo al desarrollo de Bilbao. La combinación de esos ingredientes parece que ha convencido al jurado”. Y sí, así debió ser, porque el recinto ahora premiado viene a sumarse a otros edificios deslumbrantes de la capital vizcaína, como el del ya muy famoso Museo Guggenheim o el de la Torre Iberdrola, sede social de la compañía eléctrica. Sin duda, todos ellos han contribuido a hacer de Bilbao una ciudad magníficamente reurbanizada y mucho mejor situada hoy en el mapa mundial del turismo y los negocios.

Una de sus características más destacadas del Nuevo San Mamés, que tiene un aforo superior a las 53.000 plazas, “es su iluminación, verdaderamente espectacular vista desde la ría de Bilbao. El sistema de iluminación dinámico LED permite enormes posibilidades de ambientación en función del evento que se desarrolle en el estadio. Los paneles de ETFE que conforman la fachada cambian su color blanco por cualquier combinación de colores y formas que pueda plantearse”, destaca ABC.

“En general, queremos que los edificios reaccionen a la luz del día o de la noche”, señala Azcárate. “Así, la celebración de partidos en horario nocturno nos permitía crear una nueva visión de la fachada. Para ello apostamos por una muy cuidada iluminación que interactúa con la ciudad”. Por tanto, Bilbao dispone ahora de otro edificio emblemático para la ciudad, un nuevo reclamo para el visitante, tras haber sabido aprovechar la oportunidad que le ofrecía la remodelación del estadio del principal club de su ciudad.

Es algo parecido a lo que está sucediendo en otras partes de España y en muchos otros países del mundo (lo demuestra el festival de Singapur). En nuestro país, casi todos los grandes clubes de fútbol están embarcados actualmente en proyectos de remodelación de sus coliseos (Real Madrid y Barcelona, entre ellos) o de cambio de sede, con estadios nuevos (Atlético de Madrid y Valencia, por no citar otros casos). Y todos los clubes buscan prácticamente lo mismo: modernizar instalaciones, ampliar aforos, hacerlos versátiles para actividades multifuncionales y ampliar sus opciones comerciales con el fin de poder obtener mayores ingresos: tiendas, hoteles, agencias, restauración, etc.

Por lo que se ve, “la multifunción obliga a las instalaciones deportivas a pensar en el día después, a huir de pabellones convencionales y a buscar espacios donde todo sea posible”, destaca el Cruyff Institute en un reciente artículo titulado Las instalaciones deportivas cambian de look: “Las instalaciones deportivas han pasado a ser sedes y las grandes competiciones deportivas se cuentan ahora por eventos. El deporte de élite, el que se manifiesta como motor económico mundial, vende espectáculo, muy por encima de un resultado puntual. Y las infraestructuras que en su tiempo eran pabellones son ahora contenedores de espacio donde puede pasar de todo. Si están preparadas.”

Estoy muy de acuerdo con ese análisis del Instituto Cruyff, pues los arquitectos tienen hoy un nuevo reto, desde que la crisis económica global asentó las bases de lo que es rentable y lo que no los es. Por eso “a nadie le extraña ver un estadio olímpico convertido en un espectacular escenario para conciertos o que se juegue un partido de tenis en la azotea de un lujoso hotel, como el que disputaron Roger Federer y André Agassi en el helipuerto del hotel Burj Al Arab de Dubai a 321 metros de altura”.

Debemos entender lo más esencial de este cambio: las instalaciones deportivas se hacían antes para el deporte y los deportistas, pero ahora se hacen para otras actividades, para otras personas… y sobre todo para los medios de comunicación, especialmente la televisión, con su continua aplicación de las nuevas tecnologías. Aún no conocemos los límites de sus posibilidades en este sentido, pero ya tenemos experiencias de acontecimientos deportivos con audiencias globales (desde todos los rincones del planeta), que se ven en directo, desde el salón de casa, en alta definición y en pantallas casi gigantes. O sea, mejor que en el lugar del evento. Transmisiones en directo, en streaming o en diferido, que son un goce para los sentidos.; de eventos que han puesto a su sede organizadora en el mapamundi, como sucedió p.e. con el estadio olímpico de Pekín durante las ceremonias de inauguración y clausura de sus JJ.OO. Y, en esa misma línea, podemos recordar igualmente muchas finales olímpicas, mundiales de fútbol, combates míticos de boxeo o, sin ir tan lejos, el último clásico Real Madrid-Barcelona.

Estas ‘catedrales modernas’, como las denomina el geógrafo y educador inglés John Bale, son los centros neurálgicos de las tardes del domingo, los mayores foros de las metrópolis, los lugares de reunión de miles de personas identificadas con un mismo sentimiento: que su equipo o sus deportistas favoritos ganen. Han sido tradicionalmente escenarios de grandes gestas deportivas, sí, pero también en ocasiones gigantescas cárceles (en el Chile de Pinochet), símbolos ideológicos de poder (nacismo) o lugares de paz y encuentro (visita del Papa a Suráfrica). Y servirán para otros muchos usos más… o como escenarios de nuevos momentos históricos, quizá hoy inimaginables.

Por eso, las ciudades se esmeran hoy en construir los más hermosos recintos deportivos donde el ser humano pueda convivir en armonía. Pero los estadios son grandes cajas vacías en espera de un público masivo que transforme su sentido, según la ocasión y el momento. Y ya sabemos que el público de nuestro siglo demanda belleza. Tanta como la de las catedrales de antaño.

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