Hará unos ocho años, en plena crisis económica internacional –que en España se vio acrecentada por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria– el insigne jurista Antonio Garrigues, a quien tengo como una de las mentes más preclaras de nuestro país, dijo durante un acto público que “la próxima burbuja que va a estallar es la del fútbol”. Viniendo de Antonio, con cuya amistad me honro, nunca olvidaré su frase… y durante todo este tiempo me he convertido en un observador obsesivo de los mercados de fichajes, pensando que quizá Antonio tenía mucha razón…

Y lo creo especialmente después de asistir –como hemos hecho todos- al espectáculo de la ventana de fichajes de este verano, recién cerrada. ¡Un espectáculo delirante! Porque con los multimillonarios fichajes de Neymar y Mbappé (por el PSG francés) y el de Dembelé (Barcelona) –los tres más caros de la historia- se han pulverizado todos los registros anteriores. Entre las mayores ligas europeas se han gastado más que nunca en fichajes, la mayoría de ellos totalmente hinchados en el precio. Muchas preguntas han surgido ante esta realidad, y vamos a tratar de analizarlas, pero la primera de ellas demuestra temor: ¿Hasta dónde se podrá llegar antes de que este sector salte por los aires?

“Por primera vez en la historia, las cinco grandes ligas de Europa han superado el umbral de los cuatro mil millones de euros en fichajes. Inglaterra, Alemania, España, Italia y ahora Francia han roto las barreras económicas conocidas. De repente, se habla de millones de euros como si cayesen del cielo. La adquisición de Neymar por el PSG sobrepasa el presupuesto de todos los clubes españoles, salvo el Barcelona, el Real Madrid y el Atlético. Es la pugna de un transatlántico (el PSG también pagará 180 millones por Mbappé) contra una piragua”, decía ABC en una información titulada precisamente así: La burbuja amenaza al fútbol.

El artículo recordaba que la clave está en que el dinero que inflaciona los clubes de fútbol no procede de la explotación de su genuina actividad; o sea, del negocio futbolístico. En este sentido recuerda que “Qatar era una diminuta península del Golfo Pérsico dedicada a la pesca y la recolección de perlas que se transformó en el país con el PIB per cápita más alto del mundo gracias a los yacimientos de petróleo, cuyas reservas deben durar al menos 37 años más. Al Khelaifi [el presidente del PSG] pertenece al círculo íntimo de amistades del emir de Qatar, Hamad al Thani, y como presidente del fondo de inversión Qatar Sports Investment, su chequera parece ilimitada. En menos de dos semanas, ha invertido en los dos fichajes más costosos de la historia del fútbol (222 Neymar y 180 Mbappé)”.

La realidad es tozuda: los dueños de estos equipos son jeques, magnates o fondos de inversión de países lejanos (especialmente China, Rusia, Singapur o los emiratos del Golfo Pérsico). El dinero del fútbol europeo ya no está en Europa y las decisiones sobre su gestión se toman a miles de kilómetros de distancia, a veces por intereses espurios que nada tienen que ver con lo futbolístico. Y llegamos rápidamente a la conclusión de que cualquier norma que trate de imponer la UEFA será convenientemente soslayada (si no directamente burlada) por estos personajes que, además, de fútbol parecen saber poco.

Esto de lo que hablo tiene varios ejemplos emblemáticos: el Manchester City está en manos de Mansour bin Zyed, miembro de la familia real de Abu Dabi; el magnate chino Yonghong Li es el dueño actual del Milan, club que compró a Silvio Berlusconi; el Everton inglés es propiedad de Farhad Moshiri, empresario iraní ya nacionalizado… y así algunos otros nombres. Algo similar sucede en España, con clubes como el Valencia, Málaga, Espanyol o Girona, entre otros. Y es de suponer que los comportamientos de estos dirigentes serán –en la medida de sus posibilidades– esencialmente parecidos a los de sus mayores europeos.

Para mucha gente, el fútbol no sólo está instalado en una peligrosa burbuja… sino también en una auténtica locura: “El mercado se ha vuelto loco”, llegó a decir el presidente del Barça, Josep María Bartomeu, después de pagar al Borussia Dormunth 150 millones por Dembelé (un jugador que hace un año le había costado solo 15 millones). Y yo me pregunto si Bartomeu no tiene bastante que ver con esta locura. ¿Por qué ha pagado esa ‘loca’ cantidad por dicho jugador? Pues por salvar su cara ante la afición, después de que el PSG pagara al Barcelona los 222 millones de la cláusula de Neymar. Este fichaje ha sido un terremoto en el mercado europeo, ha generado un auténtico efecto dominó y vamos a ver si el problema se resuelve pronto o se enquista de por vida.

El presidente de La Liga, Javier Tebas, ha protestado formalmente ante la UEFA, denunciando que algunos equipos (como el PSG) no cumplen su fair play financiero, que básicamente exige a los clubes que no gasten más de lo que ingresan. La UEFA ha decidido abrir una investigación sobre estas operaciones del club parisino, decisión que Tebas aplaude, aunque desconfía de que esa investigación vaya a llegar a algún sitio: “Se están riendo del sistema (…) Les hemos pillado meando en la piscina y si Neymar está en el trampolín, pues está meando desde el trampolín. Al menos, necesitamos abrir un informe, porque esto necesita ser investigado”.

El PSG está pensando en querellarse contra el presidente de La Liga, pero Tebas alza su voz contra la llegada a ciertos clubes de estas grandes sumas de dinero que no se generan en el fútbol: “Cuando hay demasiado dinero, se produce inflación en los traspasos, en los salarios, en las tasas de transferencia (…) Esta es la forma en la que el mercado funciona y eso es dañar al fútbol. El fútbol europeo necesita saber que existe un riesgo increíble cuando el dinero viene de ciertos países”.

Javier Tebas presume, sin embargo, de que en España las cosas se están haciendo mejor, de otra manera, y que los clubes en general se siguen saneando. Hay en este sentido un caso representativo, que es el del Real Madrid. Florentino Pérez ha insistido este verano en una gestión conservadora, que se plasma en vender por más dinero del que ha gastado en contrataciones (+91 millones de euros) y se ha seguido reforzando con jóvenes valores que le puedan garantizar un buen equipo durante bastantes años y/o ganar tiempo hasta que pase de moda esta ‘esquizofrenia’ que parece haberse instalado en el mercado. El Atlético de Madrid, aunque bien es cierto que no ha podido fichar en verano por la sanción que le impuso la UEFA, también es más razonable en su política de gastos.

Mientras, seguiremos observando lo que suceda. Veremos si el sistema es sostenible, si el tiempo le da o quita la razón a la nueva estrategia del Madrid… o si aparecen situaciones nuevas que vuelvan a modificar el escenario. Por supuesto, soy partidario del libre mercado; pero veremos también si el PSG es capaz de amortizar el coste de Neymar y Mbappé. Porque, además del monto de ambos fichajes (400 millones), sus salarios anuales le supondrán al club unos 90 millones por temporada. Hablo, sí, de unos 850 millones durante los próximos cinco años… y solo por dos de sus estrellas. Pero no olvidemos que la plantilla cuenta con otros 23 futbolistas y no precisamente mal pagados.

Creo que, hoy por hoy, ni la liga francesa ni el PSG tienen el potencial suficiente para hacerlos rentables. Y veremos entonces qué sucederá si el PSG no consigue ganar la Champions…

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