Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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Rumorología deportiva y contención ética

Investigaciones recientes sobre esta área de especialización periodística apuntan a un insuficiente trabajo de verificación y a una inadecuada atribución de las informaciones.

En la denominada era de la “posverdad”, palabra que pronto será registrada en el diccionario de la Real Academia Española, el periodismo deportivo, y dentro de él el que versa sobre fútbol, se comporta como un ámbito de prevalencia del rumor, que suele adquirir categoría noticiosa muy especialmente cuando se ‘informa’ sobre traspasos de jugadores. Los medios, cada vez más expuestos y vulnerables a la dinámica de la viralización permanente de contenidos en las redes, acaban actuando en ocasiones de forma condescendiente y con irresponsabilidad, cometiendo graves faltas éticas que empobrecen sus informaciones y lastiman su credibilidad.

Hace unos meses, la Red Ética Segura de la FNPI celebró un tuitdebate que planteaba precisamente cómo un medio deportivo puede cubrir una temporada de fichajes sin caer en la trampa de difundir rumores, falsedades o, simplemente, informaciones ajenas no suficientemente confirmadas pero a las que se les confiere veracidad sin más. En aquella ocasión, se puso de manifiesto la necesidad de que el periodismo deportivo refuerce la verificación como disciplina básica del ejercicio profesional a partir de un riguroso trabajo previo de validación y tratamiento de las fuentes informativas.

Además del número de fuentes primarias empleadas por noticia, que en la información deportiva suele ser escaso (el 26% de las noticias no usa ninguna fuente, mientras que casi el 65% se ampara en una sola, según recoge en su tesis doctoral Javier Gómez Bueno), investigaciones recientes sobre esta área de especialización periodística apuntan a un insuficiente trabajo de verificación y a una inadecuada atribución de las informaciones (poco a menudo se cita a los medios de la competencia), aspectos ambos que se están extendiendo en el ámbito digital, donde, cada vez más, lo rápido se prioriza frente a lo correcto.

El rumor se propaga con vehemencia por la red y luego arriba a las redacciones de los medios de comunicación tradicionales. Entretanto, ¿quién se molesta en comprobar cuál es y qué dice la fuente original que comparte el rumor? La viralidad impide a veces que se conozca el origen de la desinformación, es cierto; pero esta dificultad no exime de responsabilidad al medio ni al periodista que se hace eco de ella y la publica aunque mencione a la fuente utilizada. Como reza el Libro de Estilo de El País, “la urgencia de los acontecimientos lleva a los medios a publicar historias no siempre debidamente verificadas y apoyadas en la credibilidad que pueda conferir las fuentes mencionadas” y – agrega- “es una obligación ética de los medios intentar confirmar lo antes posible la historia por sus propios medios (periodistas) y rectificar y dar todas las explicaciones que sean necesarias al lector si la noticia no es tal”.

El periodista haría bien en tomarse apenas unos minutos para no convertirse en parte de una cadena de propagación sobre un tema no verificado. (…) Los periodistas deportivos contraen una gran responsabilidad a la hora de informar, ya que son de los más seguidos y ejercen una gran influencia en los hábitos de conducta y modos de expresión de la ciudadanía.

Del artículo publicado en Red Ética (22.09.17), escrito por José Luis Rojas Torrijos.

Se puede leer completa en: http://www.fnpi.org/es/etica-segura/rumorologia-deportiva-y-contencion-etica

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