¡La que se ha montado en la Federación Española de Tenis! Ya sabíamos que no andaban muy bien los ánimos en su seno, tras el nombramiento de la ex tenista Gala León como directora deportiva, allá por el pasado mes de julio. Pero es que ahora, tras la dimisión de Juan Carlos Moyá como capitán del equipo de Copa Davis, el presidente José Luis Escañuela optó por nombrar a la propia Gala para sustituirle y su decisión encendió la mecha de una polémica fea, cargada de prejuicios, de palabras gruesas y de malos rollos latentes que afloran de forma progresiva y poco elegante, al margen de los exquisitos comportamientos que siempre han caracterizado a este deporte.

Todavía no doy mucho crédito a ciertas cosas que he escuchado o leído estos días, pero que en todo caso no me han gustado. Demasiadas reflexiones en voz alta que, como en el caso de la ropa sucia, deberían haberse pronunciado en casa… ‘Frentes populares’ impropios de deportistas y dirigentes que no tienen razón de ser en el Siglo XXI… Intangibles –unos cuantos– muy mal gestionados en esta crisis, que todos (en público) desean acabar cuanto antes, mientras (en privado) atizan el fuego.

Todo comenzó el pasado domingo, con la decisión de la Junta Directiva de la Federación Española de Tenis de nombrar a Gala León, ex tenista y directora deportiva de la Federación desde julio pasado, para reemplazar a Juan Carlos Moyá en el puesto de capitán de la Copa Davis. Moyá había presentado unos días antes su dimisión irrevocable, tras la desbandada de muchos grandes tenistas de su última convocatoria, en Brasil, y el descenso de nuestro combinado a la segunda división del tenis mundial. En la prensa se especulaba con la posibilidad de que el cargo se le ofreciera a Juan Carlos Ferrero o a otro de nuestros campeones retirados, pero en cuanto se conoció el acuerdo comenzaron a llover la críticas desde el interior del mundo tenístico.

Las primeras tuvieron que ver con las meras formas. Hasta ese momento, nuestros tenistas estaban acostumbrados a que se les consultara previamente sobre el nombre de su futuro capitán y a que hubiera un consenso. En este caso, no fueron consultados. Y creo que Escañuela, aunque tiene potestad para hacer lo que hizo, se equivocó ignorando esa ley no escrita. Otras críticas se refieren al apresuramiento. Los ex tenistas Virginia Ruano y Alberto Berasategui coincidieron en que la decisión federativa fue incomprensiblemente precipitada: “No había necesidad porque hasta julio no se juega Copa Davis [para luchar por la vuelta a la primera división]”.

Apareció entonces en escena Toni Nadal, el tío de Rafa, quien declaró en Radio Nacional que le sorprendía ese nombramiento porque “Gala no conoce mucho a los tenistas ni el circuito masculino”.  Para él, lo lógico, lo más normal y fácil, es que se eligiera a un hombre para el puesto. Además puso énfasis argumental en que “existe una dificultad logística, que entiendo difícil de superar; cuando en los equipos de Copa Davis te pasas tanto tiempo en un vestuario, con poca ropa, no deja de ser extraño que una mujer esté por allí, dirigiendo la competición… aunque puede ser que lo haga muy bien”. ¡Vaya lío en el que se metió Toni, cuyas palabras se interpretaron inmediatamente en forma de alegato machista, discriminatorio y demás lindezas que le queramos poner.

No es cualquier mujer, es la directora deportiva de la Federación”, se defendió Escañuela en Radio Marca. “La mujer está llegando en el deporte a los mismos puestos que en la sociedad. Hay que dar pasos adelante y que las mujeres estén también al frente de la gestión federativa”, decía Ana Muñoz, directora general del Consejo Superior de Deportes. “Hay que juzgar los criterios deportivos y no el género”.

Toni, consciente de la que se había montado, saltó de nuevo a la palestra para negar que sus declaraciones hubieran tenido intenciones machistas, desearle suerte a Gala en su nuevo cargo y reiterarse en que la nueva capitana no tiene la capacitación necesaria para el controvertido cargo. “Normalmente la capitanía era una orden de mérito, alguien con relevancia, como lo fueron Emilio Sánchez-Vicario, Álex Corretja o Carlos Moyá. Pero Gala León no es una persona que conozcamos, y evidentemente creo que es una dificultad para ella, si no tiene conocimiento del juego. Además creo que no conoce mucho a los jugadores. Al menos a Rafa, no”.

Entiendo que este remedio de Toni fue peor que la enfermedad, porque provocó de forma inmediata las réplicas federativas. El presidente ratificó a Gala porque “es el futuro del tenis español y es mi capitana”; y en tono algo chulesco, impropio de un presidente, espeto: “si Rafa Nadal no conoce a Gala, yo se la presento”. La propia Gala se mostró algo sobrada: “Estoy plenamente capacitada”. Es mucho decir, sobre todo si los interesados no se lo dejan demostrar. Y, con sorna, esgrimió: “si soy directora, será por algo” (¿…?) o “que nadie se preocupe. Llamaré a la puerta”. Algo que sobraba.

Me da pena que las cosas estén discurriendo así. Creo que estamos asistiendo a una ceremonia de la confusión, a un ‘ruido de sables dialécticos’ que promete dejar heridos. No sé qué es lo que hay detrás (o debajo) de este asunto, pero coincido con Juan Mora en su diagnóstico de ayer en el diario AS: “El problema no es si se nombra una mujer capitana del equipo masculino o si no se trata de la persona más capacitada. El problema es que los tenistas no quieren ir a la Davis. Ese es el problema, más bien vergüenza, y del que Escañuela ha conseguido que no se hable con el nombramiento de Gala León”. Pues eso tiene aún peor pinta y más difícil solución.

Tengo claro que Gala León no ha entrado con buen pie en esta nueva etapa de su vida. Dice un proverbio que “nunca tienes una segunda oportunidad de causar una primera buena impresión” y para mí eso es exactamente lo que le ha sucedido en este caso. Tanto ella como Escañuela deberían reflexionar al respecto, pues si creen que con la simple ratificación de la capitana y la imposición del principio de autoridad todo está resuelto andan equivocados. Le hago a Escañuela esta pregunta: ¿compensa imponer una decisión de esta magnitud, solo por el hecho de imponer el principio de autoridad cuando los interesados están en contra? Y otra a Gala: ¿merece la pena dirigir a unos deportistas sobre los que no se tiene autoridad porque no reconocen tu talento y capacitación?

Tenemos grandes tenistas y ellos son los indiscutibles protagonistas de esta historia. Si no quieren a esta capitana, y el sentimiento es colectivo, habrá que hablarlo con ellos, escucharles con empatía, persuadirles de buen grado y negociar con serenidad. Alguien tan poco sospechoso como Rafael Nadal coincide en que “La capitanía es un premio a los méritos. Entendería que lo fuese Gala León si no hubiese otras opciones, pero las hay. Respeto a León, pero no la conozco. Me resulta extraño que sea la capitana, pero es una decisión del presidente”. Reflexión que suena a advertencia seria, a tener en cuenta. Barrunto que la capitana no llegará a sentarse en el banquillo en la cita de julio de 2015.

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