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Rafa se reinventa para volver a ser Nadal

En un deporte donde no hay margen para disfrutar lo conseguido, el valor doble del tiempo. Llegar con oxígeno a cada cima de la montaña como clave para pelear por todo. Ésa es la dinámica de Rafael Nadal, que ha configurado en el inicio de 2017 un calendario muy orientado a la preparación específica de grandes torneos. La hoja de ruta del mallorquín se ha aclarado en el tramo inicial del año y son varios los momentos en que ha perfilado un camino de trabajo dosificado hacia los principales eventos. Orden, estabilidad y preparación con más margen del habitual como método que ha establecido en la primera mitad de la temporada, con varios detalles nunca antes vistos en su carrera a nivel de planificación deportiva.

Una línea de trabajo observada desde el cierre de los Juegos Olímpicos. Para colgarse junto a Marc López la medalla de oro en la especialidad de dobles en Río de Janeiro, el balear aceleró su proceso de recuperación, pero vio reproducido un edema óseo en la articulación que generó molestias en torneos posteriores hasta dar dar por terminada la temporada tras el Masters 1000 de Shanghái. Una decisión tomada pese a estar en plena pelea por conseguir una plaza en la Copa de Maestros, quizá el mayor título todavía ausente en su palmarés.

En una disciplina de calendario asfixiante, la importancia de encontrar la pausa. El mallorquín, que paró un mes antes que sus principales rivales (si la temporada se cierra bien entrado noviembre Nadal ya estaba entre algodones mediado el mes de octubre), dispuso de una pretemporada dos veces más larga de lo normal, pudo completar una recuperación total de la muñeca y sumergirse en largas sesiones de entrenamiento en Manacor. Allí, y con la incorporación de Carlos Moyà como nueva pieza a su equipo de trabajo, un rumbo de preparación más pausado.

Si Nadal pudo plantear el nuevo año con tiempo, su trabajo específico hasta Melbourne terminó de modificar la perspectiva. Los cambios en la planificación de Nadal se han visto desde los primeros días de la temporada, comenzando con movimientos nunca antes visto en su trayectoria deportiva. Sin precedente, Rafa decidió competir ya en territorio australiano en la primera semana del año, dejando de lado su habitual presencia en Doha para participar en el ATP 250 de Brisbane. Nunca antes había tomado parte en este torneo y, tampoco, había permanecido durante cuatro semanas de competición en Oceanía, un margen muy superior para la aclimatación y el cambio horario a soportar en estas latitudes. Al llegar a Melbourne, y en su camino hacia la final, se vio un jugador adaptado al medio, que aceptó con garantías una pista más rápida de lo habitual y que fue capaz de plantarse en una final de Grand Slam casi tres años más tarde.

Sin pisar la tierra batida

El siguiente movimiento de Nadal se ha ido desarrollando en las siguientes semanas. Forzado o no por las circunstancias, lo cierto es que el mallorquín ha aclarado su camino tras el gran esfuerzo ‘aussie’, dejando una línea recta para el siguiente gran objetivo del curso: la gira de pista dura americana. La dosificación en este sentido ha tenido dos flancos a los que se ha renunciado: la primera ronda de Copa Davis en Croacia y el ATP 500 de Róterdam, dos citas que otorgaban el margen justo de preparación

 

De la noticia publicada en El Confidencial (14.02.17), firmada por Álvaro Rama.

Se puede leer en:
http://blogs.elconfidencial.com/deportes/tenis/on-court/2017-02-14/nadal-reinventa-su-calendario_1330908/

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