Desde hace pocos meses un terremoto, con muchas y continuas sacudidas, está sembrando el pánico en la industria del fútbol mundial. Ese movimiento telúrico se llama ‘Football Leaks’ y amenaza con poner patas arriba ese mundo oscuro de los grandes contratos futbolísticos, que tan presentes están últimamente en los tribunales de justicia y, aún más, en los periódicos de todo el globo. A nadie se le escapa que esos grandes contratos están trufados de cláusulas secretas, a menudo abusivas o mentirosas, que a medida de que van saltando a la luz se convierten en grandes escándalos públicos. No es para menos.

‘Football Leaks’ es un portal creado a finales de 2015, que sigue la filosofía de WikiLeaks y de su fundador Julián Assange, cuyo objetivo es publicar los detalles de las grandes operaciones con jugadores de fútbol. Los contratos son cada vez más complejos y mueven cada día cantidades de dinero más astronómicas, de forma más intrincada. Es un portal en cierto modo ‘fantasma’, porque no tiene nombres de referencia, ni sedes conocidas, ni caras reconocibles, ni servidores localizables (aunque se dice que están en Rusia). Sus responsables han hecho declaraciones a algunos medios, como la revista británica The Times o el diario español Marca, pero siempre preservando su anonimato. Por lo tanto, sus métodos y declaraciones pueden estar en entredicho. “Operamos de este modo porque queremos un fútbol transparente”, dicen. ¿Es así de simple o persiguen intereses ocultos?

Para quienes se dedican a la compra venta y/o contratación de jugadores (léase clubes,  los propios futbolistas, los grandes agentes o los fondos de inversión) el asunto es muy preocupante, porque atenta contra derechos fundamentales de la economía de libre mercado y porque se sienten bajo una constante amenaza por estas ‘sombras’ que se ciernen contra cualquiera de las operaciones relevantes del mercado. Y, por supuesto, la Hacienda pública que tiene todas sus antenas conectadas, se frota las manos y afila sus colmillos. Huele un gran pastel sobre la mesa.

En las últimas semanas, este portal advenedizo ya ha enseñado sus armas, contando muchos pormenores de los contratos de grandes estrellas del fútbol, como Gareth Bale o James Rodríguez con el Real Madrid, el contrato de Mezut Ozil con el Arsenal británico, el del atlético Jackson Martínez con el fútbol chino o, incluso, el contrato no nato (por frustrado) del portero David de Gea con el club de Chamartín. Y los responsables del portal declararon al semanario alemán Der Spiegel que esto no ha hecho más que empezar pues disponen de cientos de gigabites de información sensible sobre la materia. “Un negocio tan opaco como el fútbol es un paraíso para la corrupción, el lavado de dinero y el fraude fiscal”, declaraban a la revista.

En esta situación, parece que el gran agente Jorge Mendes, presidente de la agencia de representación Gestifute, debe vivir ahora pegado a un lujoso y amplio WC, por el miedo a nuevas filtraciones. Y lo más probable es que cada día tenga que hablar varias veces con su buen amigo, Florentino Pérez, quien también está embarcado en esta misma y profunda preocupación. Esto, claro, lo digo yo a título personal y de manera irónica.

Lo que sí es seguro es que ya se han presentado querellas contra el portal, por varios presuntos delitos. Como declaraba el abogado Javier Ferrero, experto en Derecho Deportivo, a Semana.com “El primer delito es el robo de la documentación. El segundo, que los informes son manipulados y, por tanto, cometen falsedad; atentan además contra la protección de datos y revelan información confidencial. Y, por último, su publicación atenta contra el honor y la imagen de personas y entidades”. Mi buen amigo Javier Ferrero también denuncia la extrema gravedad de estas filtraciones porque crean una importante inseguridad jurídica y empresarial en la industria del deporte. En ese sentido, espera que los delincuentes sean pillados más bien pronto que tarde (déjame que te diga, Javier, que no lo veo tan fácil. Y bien que lo siento).

Por ahora, mientras atacan, los gestores de ‘Football Leaks’ protegen su identidad por miedo a represalias y a los “enemigos poderosos”. En las declaraciones a Der Spiegel el portavoz asegura que “los lobbistas del fútbol tienen una gran influencia en las instituciones encargadas de investigar”. Tampoco desvelan cuáles son sus intereses ocultos. Pero, sean cuales sean, estos papeles ya han provocado consecuencias en Holanda, donde el presidente del Twente dimitió hace unas semanas tras la filtración de un acuerdo con el fondo Doyen Sports que se dedica a la comercialización de derechos deportivos.

Según se ha sabido después, Doyen accedió a invertir 5 millones de euros a cambio de un porcentaje de los futuros traspasos de siete jugadores, pero la documentación que ha desvelado Football Leaks dejaba entrever que la firma se garantizaba tener derecho a opinar sobre las transferencias, algo prohibido por la federación holandesa.

Tampoco se sabe nada sobre sus métodos de trabajo, que deben ser muy fiables porque lo cierto es que hasta ahora nadie ha podido desmentir ninguno de los datos y documentos publicados. “Ningún documento está falsificado y eso es fácil de analizar por los metadatos (origen de los ficheros)”, dicen los autores de la web cuando se les acusa de manipular los datos que publican. Y esa es una de las cosas que más preocupan a las partes afectadas. Lo que sale publicado va a misa.

Como decía, ya se han presentado varias denuncias por este asunto. La primera de ellas la inició la oficina de investigación criminal de Portugal, que abrió un expediente al portal en octubre a petición, precisamente, de Doyen. La segunda iniciativa, si no me fallan los datos, debió ser la del agente de Bale, quien también pidió una investigación independiente después de que ‘Football Leaks’ publicara los detalles del pase del galés desde el Tottenham al Real Madrid (101 millones, según sus cifras).

En España, el Real Madrid es el club más ‘perjudicado’ por dichas filtraciones, pues también se han revelado el sueldo de Kroos y el contrato de cesión de Lucas Silva al fútbol francés. En el club de Concha Espina, en principio pensaron que las filtraciones provenían de las altas instancias internacionales (léase UEFA y FIFA, que ahora viven sumidas en un más que preocupante desgobierno); después, pensaron que tenían un topo dentro del Club y que era prioritario darle caza (el topo no ha aparecido por ninguna parte); y -según parece- la Unidad de Delitos Informáticos de las Fuerzas del Orden le ha podido informar a Florentino que se enfrenta a simples hackers –una red bien completa de avispados piratas informáticos- que trabajan únicamente por dinero (mucho dinero, eso sí) para unos desaprensivos desconocidos (y que esos terceros serían difícilmente detectables). Apañados estamos.

Estoy de acuerdo en que estamos hablando de actividades delictivas y, por tanto, intolerables. Defiendo que se vaya a por ellos –los delincuentes- y que los pillen cuanto antes (Javier: insisto en que no lo tengo claro). Deseo que este asunto se clarifique con rapidez, antes de que alguien se vuelva loco de remate o tenga que sea llamado por el juez. Pero mientras, sin dramatismos, también aconsejo que las cosas se vayan haciendo mejor a partir de ahora; vamos, que se hagan bien. Porque si están bien hechas, habrá menos consecuencias que temer ¿O no?

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