Se está celebrando en Madrid, desde ayer, el World Football Summit, con una buena afluencia de público. Es la primera vez que este evento tiene lugar en nuestro país y me parece que se trata de una iniciativa necesaria si queremos conseguir que la industria futbolística española madure al ritmo adecuado y de acuerdo a la importancia de nuestro fútbol. Y es preceptivo que no pierda el tren frente la Premier League, su competidora.

Ayer pude acudir a la primera jornada y hoy, viernes, cuando este post llega al lector, tengo la suerte de estar presente en la segunda. Me ha gustado mucho el planteamiento del congreso, con variados enfoques sobre los intangibles que más están influyendo hoy en el fútbol: inversión en clubes, derechos de TV, la ética en el fútbol, la creciente importancia del fútbol femenino, el fútbol como vector inclusivo, la pujanza del mercado chino o las posibles alternativas a los fondos de inversión, hoy prohibidos por la FIFA. Y esta mañana, las ponencias y debates que ponen a los fans en el centro de su actividad: la experiencia digital de los aficionados, la fidelización de fans y su ‘monetización’ o los patrocinios en sus diferentes formas.

Me apresuro a decir, quizá como único apunte crítico, que el temario resulta demasiado prolijo para jornada y media de sesiones; son demasiadas ideas y enfoques, obligadamente superficiales, sobre los cuales resulta difícil encontrar aportaciones novedosas y valiosas; no obstante, voy a dedicar esta entrada a parte de lo que vi y oí ayer –relativo a los intangibles del fútbol- y dejaré para próximos días lo que estoy presenciando esta mañana. Por eso, hoy me referiré a ciertos aspectos éticos, muy de actualidad en estos días tras los bochornosos incidentes sucedidos en el partido Valencia-Barça de la última jornada.

Luis Rubiales, el presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) defendió la ética, y apostó por ella, porque “la ética lo es todo en la vida, no sólo en el fútbol; es la gran escuela de valores”. Comparto su valoración. En este sentido, contó Rubiales que la AFE está preparando un completo Código Ético que regulará la actividad de los futbolistas. Se presentará en breve y será de obligado cumplimiento para los asociados. El presidente nos dice que el jugador, un ser privilegiado, debe ser solidario con los menos favorecidos; por eso el 0,5% que recibe la Asociación por el capítulo de los derechos audiovisuales se destina a ayudar al fútbol femenino y a los jugadores de la Segunda B. También a ayudar a los niños que pasan hambre o que viven en situación de guerra.

Bobby Barnes, ex jugador y Director General Adjunto de la asociación de futbolistas de la Premier (PFA), explicó que los jugadores británicos tienen el compromiso de dedicar al menos seis horas semanales a tareas sociales en su comunidad. “Muchos jugadores tienen fundaciones y dedican dinero a proyectos sociales. Ayudamos a la alfabetización de los niños, nos lo tomamos muy en serio”, dijo.

Barnes demostró ser muy consciente del importante rol de líderes sociales que juegan los futbolistas que son, objetivamente, unos seres privilegiados; a pesar de ello proyectan a menudo una imagen de niños ricos o excéntricos y desencadenan así, sobre ellos, una publicidad negativa que sería deseable desactivar. De ahí la necesidad de seguir trabajando en proyectos sociales. “En nuestro sindicato tenemos un departamento de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Acabamos de hacer pública nuestra Memoria y el año pasado hicimos más de 40.000 visitas a personas desfavorecidas. Esta cifra va en aumento cada año y nuestra actividad debe formar parte de la sociedad”. En ese mismo tono recordó que se están incrementando también las actividades pro bono de los futbolistas en las Escuelas de Fútbol, porque “las escuelas de fútbol se han convertido en auténticos centros de integración social y esto es muy bueno. Además, allí podemos ayudar a luchar contra el tráfico de menores”.

Joaquim Evangelista, presidente del Sindicato de Futbolistas Profesionales de Portugal, fue a mi modo de ver el ponente más crítico del panel: “Si hablamos de ética en este foro es porque hay una crisis de valores”. Evangelista fue radical en la hora de la autocrítica: “Se producen injusticias porque no tenemos el coraje de denunciarlas. Hace falta un cambio de paradigma; si queremos defender el fútbol es necesario el diálogo, la unidad de acción y saber decir ‘no’ a los intereses particulares”. En esa misma línea, el dirigente se mostró partidario de “escrutar con mucho cuidado quién llega al fútbol, quién viene a hacer puro negocio y no dejar entrar a quien no lo merece; hay que poner reglar y códigos de conducta para operar en una industria donde parece que hoy vale todo”. Y en clara alusión a la corrupción detectada en la FIFA, que acabó con su anterior presidente, fue muy duro: “Las reglas de integridad y de transparencia deben comenzar a imponerse ya, y hacerlo por arriba”.

El ex jugador y presentador de televisión Manu Sarabia prefirió centrarse en la necesidad de erradicar ciertos comportamientos y actitudes de los futbolistas en los terrenos de juego. Como digo un asunto de gran actualidad en el mundo de nuestro fútbol. En su opinión, la picardía y la treta son inherentes al juego y, por tanto, deben formar parte del espectáculo (“¿qué es en esencia, si no, un regate?”); pero no caben la trampa, el engaño, el insulto o la violencia y considera Sarabia que hay que erradicar del fútbol a quienes practican esas malas artes: “En el fútbol no vale todo para ganar. Así se desvirtúa la competición y se perjudica a otros compañeros”.

También se mostró Sarabia radicalmente partidario de acabar con ese mantra que dice “lo que sucede en el campo, se queda en el campo”, porque así los propios jugadores justifican y ‘legalizan’ la impunidad del que incumple las normas éticas”. En su opinión, los futbolistas serían los mayores beneficiados con un juego limpio.

Otro asunto tratado fue el de las apuestas deportivas y, de rebote, el amaño de partidos. En este terreno, Bobby Barnes explicó que hay un código que regula taxativamente la participación de los futbolistas en las apuestas: “No pueden apostar en ningún partido. En ninguno. En nada (…) También tratamos de evitar que un amigo (o tercera persona) apueste por ellos, porque si los pillamos al final lo pagará el futbolista”. A ver si aprendemos algo en España, en este sentido, y tratamos de evitar que suceda mediante estrategias preventivas. “Nosotros visitamos los vestuarios con mucha frecuencia para insistir en todo ello. Ayudamos a jugadores que se encuentran en situación precaria, o que no han cobrado a tiempo, para que eviten tentaciones. Tienen que ser siempre íntegros”.

Joaquim Evangelista insistió en sus argumentos ‘regeneracionistas’: “Hace falta trabajar juntos, todos los países. Porque así no habrá ‘países y países’. Los jugadores y los clubes tienen sus obligaciones y deben cumplirlas. En las instituciones debemos hablar de todos estos asuntos y problemas con valentía, sin complejos. Y debemos aplicar la ley sin reparos o contemplaciones; para eso tenemos una justicia propia. No se puede pactar ni tener complacencia alguna con quienes realizan prácticas delictivas, como el dopaje o el tráfico de menores”.  

No puedo estar más de acuerdo con los planteamientos del portugués. Si no se actúa con firmeza en estos aspectos, el juego, la competición y la industria del fútbol lo acabarán pagando. Porque, como dijo Barnes, “siempre hablamos del fútbol como un gran negocio, pero no debemos olvidar que es un deporte y un juego”. Pues eso, que nadie lo olvide, por favor…

Compartir...Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on Facebook0Share on LinkedIn0Email this to someone