Parece que la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) anulará este verano todos los récords mundiales y europeos anteriores a 2005. Así lo contaba hace unos días el diario británico The Guardian. Se ha decidido poner la ‘frontera’ en aquel año porque es cuando se implantaron los controles antidopaje que podríamos considerar todavía hoy suficientemente rigurosos y porque desde entonces se conservan muestras de sangre y orina aún disponibles para nuevas revisiones y análisis por médicos y científicos.

Según The Guardian, la IAAF tiene previsto aprobar en su reunión del mes de julio próximo unas nuevas y muy rigurosas reglas –en principio, entrarían en vigor el 1 de enero de 2019– para la convalidación de las marcas mundiales y europeas que registren a partir de ahora los atletas durante las diferentes competiciones; eso me parece perfecto, pues como bien sabe el lector he defendido siempre a ultranza un deporte limpio (cueste lo que cueste). Y en esa misma sesión se aprobaría también la suspensión de las plusmarcas obtenidas antes de 2005, medida que me parecería increíblemente injusta, aunque con ella se trate de recuperar el buen nombre del atletismo, tan ‘manchado’ por el comportamiento delictivo de algunos deportistas. Y por eso entiendo el gran revuelo que se ha montado en el atletismo planetario.

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