La Copa África de Naciones (CAN) 2015, cuya celebración estaba prevista en Marruecos entre el 17 de enero y el 18 de febrero de 2015, finalmente no se celebrará en ese país.  Los responsables de la nación magrebí han renunciado a organizar la competición, por miedo a la pandemia de ébola que asola algunos países del continente, y la Confederación Africana de Fútbol (CAF) no ha podido ser más contundente en su reacción: lo castiga con su exclusión de esta competición, amén de otras sanciones adicionales que se reserva.

Marruecos  había pedido en varias ocasiones retrasar el torneo por razones de seguridad y atendiendo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que  aconseja evitar los grandes movimientos de personas entre países africanos. Sin embargo, el Comité Ejecutivo de la CAF, reunido en El Cairo, ha desoído estas peticiones -en el argumento de que no existe riesgo para la población civil- y mantiene las fechas del campeonato, aunque todavía no sabe en qué país se celebrará. Por ahora sólo ha dicho que existen varias candidaturas de asociaciones nacionales y que lo anunciará “en pocos días”.

Tengo la sensación de que el asunto se ha puesto bien complicado y que la CAF ha asumido riesgos excesivos esgrimiendo unas garantías sanitarias que no está en condiciones de poder cumplir con toda seguridad. Como indicaba en mi comentario de 20 de octubre, “A lo largo de la historia, el deporte –con el ejemplo de sus valores– ha sabido superar coyunturas adversas, como guerras o actos terroristas, y siempre ha salido triunfante. Pero me temo que éste es un caso distinto y que los responsables deberán preguntarse si merece la pena correr semejante riesgo por celebrar una competición deportiva”. Está claro que los responsables de la CAF han decidido seguir adelante pero ¿qué pasaría si se produjera un contagio? ¿Quién sería responsable de sus consecuencias?

Y, por el otro lado, está Marruecos, que supongo no se sentirá muy feliz por haber tenido que dejar colgado el campeonato (siendo el país organizador) a menos de tres meses de su inicio. “Marruecos no ha rechazado organizar la CAN y no ha incumplido sus compromisos”, ha reiterado el ministro de Deportes marroquí, Mohammed Ouzzine, quien recuerda que únicamente solicitaban un aplazamiento temporal, hasta enero de 2016.  “Todo país tiene el derecho de tomar precauciones para garantizar la seguridad de sus ciudadanos”, insiste el ministro. Creo que no se puede ser más claro…

El reino alauí solicitó por primera vez el aplazamiento de la CAN el 10 de octubre, ante la propagación del virus del Ébola, que ya se ha cobrado la vida de casi 5.000 personas, sobre todo en tres países de África Occidental: Guinea, Liberia y Sierra Leona. Por cierto, todos ellos con representación en el torneo. Pero la CAF respondió entonces con un ultimátum que finalizaba el 8 de noviembre y se ha ratificado ahora en su ‘línea dura’, amenazando con nuevas sanciones: “La Comisión de Organización de la Copa África de Naciones aplicará más adelante la disposiciones reglamentarias pertinentes, debido a que la Real Federación Marroquí de Fútbol no ha respetado sus obligaciones reglamentarias y contractuales” ligadas a la organización del evento por lo que, además de la descalificación de Marruecos de la competición, la CAF deja entrever que podría haber un mayor castigo… Creo que no se puede ser más insensible…

La CAF se enfrenta ahora a un reto no menor: poder celebrar esta competición en otro país africano, que le debe dar plenas garantías organizativas, y hacerlo además en un tiempo récord. Demasiado reto y (se me antoja) no menor riesgo.

En una magnífica crónica de la agencia France Presse, se explica que “desde los primeros roces entre la CAF y Marruecos, todos los ojos miraron a Sudáfrica, primer país del continente en organizar un Mundial (2010) y que se hizo cargo de la anterior edición de la competición (2013) en lugar de Libia, que se encontraba sumida en el caos y la desorganización tras la caída del régimen de Muamar Gadafi. Pero la Nación Arcoiris [Suráfrica] hizo saber en octubre que, por cuestiones presupuestarias, esta vez no sería posible contar con ella. Según una fuente de la CAF que pidió el anonimato, se estudian tres candidaturas entre ellas las de Angola, Gabón ¿y Egipto?.

Angola albergó en 2010 un torneo marcado por el tiroteo contra la delegación de Togo que provocó dos muertos. Gabón organizó la edición de 2012 junto con Guinea Ecuatorial. La tercera candidatura podría ser la de Egipto, donde la CAF tiene su sede y dispone de las infraestructuras. Nigeria, que también se había barajado como posibilidad, ha sido desechada por el contexto de violencia que vive el país”.

Sea como fuere, todos deseamos que esa competición –si llega finalmente a organizarse en las fechas mencionadas- transcurra en una deseable normalidad. Algo difícil si tenemos en cuenta los datos que nos facilita la agencia. Pero yo quiero dejar constancia de que veo injusta cualquier sanción a Marruecos por este asunto, pues creo que el Gobierno de Rabat está haciendo un ejercicio responsable de su poder de decisión que yo respeto.

Creo que no pasaría nada por aplazar el campeonato africano, por mucho que el fútbol mueva grandes pasiones y muy enormes intereses políticos y económicos. Nada debería estar por encima de las personas ni poner en riesgo su salud. Y, en ese sentido, me reitero en la línea de preguntas del párrafo anterior: ¿Merece la pena correr semejante riesgo? ¿En nombre de qué ‘bandera’ se podría correr? ¿Qué poder tiene la CAF para decidir en materia de prevención de riesgos para la salud de la población civil? ¿Quién sería el responsable en ese caso y qué responsabilidades se le podrían exigir?

A veces, creo que hemos perdido el norte y que nos lo tendríamos que hacer mirar con un buen psiquiatra (pero, por favor, no acudan para esta dolencia a la consulta de la FIFA).

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