El mundo del deporte cuenta desde hace apenas un mes con un nuevo Secretario de Estado: José Ramón Lete, a quien el ministro Méndez de Vigo -responsable de la materia- le ha puesto tareas y le marcó una hoja de ruta en el mismo momento de su toma de posesión: “abordar la reformulación consensuada” del programa ADO para actualizarlo a “la realidad de la nueva dimensión deporte, así como a las oportunidades que genera su industria. Queremos garantizar el mantenimiento de las prestaciones a los destinatarios del programa, deportistas y técnicos”. En principio, no representa poca cosa y como bien sabemos es tiempo de diálogo, entendimiento y pacto.

El reto es de envergadura y parece que el también nuevo presidente del Consejo Superior de Deportes (un cargo lleva implícito el otro) ha recogido el guante; Lete está dispuesto a dar la batalla en los múltiples frentes abiertos que le ha dejado la convulsa etapa de Miguel Cardenal. Así lo confirmó ayer, en la última convocatoria del año de los desayunos de Europa Press. La gestión de Lete, y él lo sabe, tendrá que pasar por recomponer algunas relaciones ‘resquebrajadas’ (Blanco, Villar, Escañuela) –de las que ayer prefirió no hablar-, restañar no pocas heridas (sobre todo, federaciones) y -al tiempo, saber mantener la fortaleza de ánimo para conseguir que las normas se cumplan y desplegar un gran entusiasmo para seguir creciendo. Entusiasmo y mucha imaginación, pues los vientos parece que no soplan del todo a favor…

En principio parece lógico dar un par de pinceladas sobre el perfil de José Ramón Lete.  Nació en San Sebastián en 1957 y creo preceptivo destacar que se trata de un hombre del deporte, en su sentido más amplio, pues jugó de joven al baloncesto (en hasta cinco equipos de la ACB) y viene ahora de ser conselleiro de Deportes en la Xunta de Galicia (en dos ocasiones). Por ello, tiene sensibilidad de deportista y goza de una cierta experiencia en la política y en la gestión, aunque el ámbito reciente no se pueda equiparar al de ahora.

Lete es un hombre bien formado intelectualmente, con cuatro licenciaturas, todas ellas humanísticas: Magisterio (su primera vocación), Psicología (porque le gustaba la psiquiatría), Pedagogía (valora la importancia del binomio enseñar/aprender) y Derecho (no me constan las razones). “Me he pasado media vida estudiando”, suele decir. Y ese currículum académico lo pone en valor cuando se acuerda de los niños que desean llegar a ser Ronaldo o Messi sin pensar, además, en la importancia de “prepararse bien”.

Me gusta ese enfoque del nuevo Secretario de Estado, que respira deporte por todos lados. Declara sus colores gallegos tanto en el fútbol (Celta), como en baloncesto (Obradoiro); ha sido practicante de pádel y esquí (deportes para los que ahora no tiene tiempo), pero realiza ejercicio físico a diario –algo que recomienda con su ejemplo- como mejor garante de la salud. Él, a sus casi 60 años, sin duda mantiene una buena figura.

También me llama de forma positiva su actitud de colocar al deportista en el centro del deporte y de su industria. “El principio básico es el deportista. Yo soy de estar cerca del deportista. Sea donde sea, siempre lo estaré”. Le veo convencido y creo que lo intentará realmente; por un lado, en eso le ayudará haberlo sido: “Creo que ayuda, aunque tampoco pienso que sea imprescindible. Da una mejor visión del deporte y tienes una sensibilidad y una cercanía; por otro, y esto lo piensa el que escribe, el reto consistirá en no mezclar demasiado deporte y política: “Eso es evitable, pese a que algunos consideran que es inevitable”, opina él. Veremos… (y esto también lo digo yo).

Parece José Ramón Lete un político dialogante (“Me gusta más repartir juego que tirar triples”) y creo que ese talante lo va a necesitar en dosis gigantescas para ejercerlo en escenarios diversos, porque al mismo tiempo deberá gestionar el legado de Cardenal con mano firme en muchos frentes. Por ejemplo, en el del dopaje, territorio bien oscuro donde nuestro país sufre hoy una severa crisis reputacional. La ley española no está adaptada todavía al Código Mundial Antidopaje, lo que ha nos coloca en la lista de países no cumplidores internacionalmente. Su primera decisión ha sido la de dar luz verde a la ley orgánica contra el dopaje y ese déficit podrá estar subsanado, según anunció ayer, hacia el próximo mes de febrero. Lete pronostica mano firme, con una frase lapidaria: “Tolerancia, cero”. Un aviso a navegantes…

Otro de los temas candentes del legado de Cardenal es el de las relaciones del CSD con las federaciones, que su antecesor en el cargo llegó a tensar mucho, especialmente con la de Fútbol, con la que mediaron acusaciones, reproches y diferencias que llegaron incluso hasta el TAS (el Tribunal Administrativo del Deporte). Lete considera prioritario rebajar la tensión: “Creo que la relación con esta Federación de Fútbol y con cualquier otra debe ser de absoluta cordialidad y respeto institucional, faltaría más (…) conozco a Ángel María Villar hace mucho tiempo, mi relación personal con él es cordial, pero aquí lo que tenemos que ver es la relación institucional que debemos mantener, cumpliendo con los objetivos y las normas…”. Lete sabe que es a él a quien le toca mover ficha, pero la tarea no va a ser fácil… como tampoco lo será la de recomponer las relaciones con Alejandro Blanco, el presidente del Comité Olímpico Español (COE).

En este sentido, me parece inteligente que tanto el ministro como el secretario de Estado se afanen en orientar su acción hacia dos necesidades perentorias de nuestro deporte: por un lado, renovar cuanto antes el programa ADO (para que nuestros deportistas puedan contar con sus becas y seguir trabajando) y, por otra, buscar nuevas vías de financiación para nuestro deporte, sin las cuales no podremos dar el salto de calidad que seguramente nos correspondería dada el nivel y la gran cantidad de nuestros deportistas de élite. En ambos frentes, Lete se muestra sensible y optimista, pero al mismo tiempo no tiene inconveniente en rebajar las expectativas: “Renovar el plan ADO es fundamental; hay un antes y un después del Plan ADO, pero no todo es el dinero. Yo estos días me estoy empachando de ver documentos y compruebo que en los Juegos de Río se bajó casi un 30% la aportación con respecto a los Londres y las medallas fueron las mismas e incluso se mejoró con un oro más. Por eso digo que no todo es el dinero…”.

En cuanto al otro reto -buscar un nuevo modelo de financiación- los horizontes tampoco se ven nítidos, a pesar de que todos los actores de la industria tienen este asunto en sus agendas. Aquí entra en juego, de nuevo, la frustrada Ley de Mecenazgo, cuyo borrador quedó en el tintero durante la pasada legislatura por culpa de la crisis. Y sobre este particular, Lete nos echa un jarro de agua fría: “Modificar en profundidad la Ley 49, que es de 2002, es complicado y no puedo ser muy optimista. Pero sin modificarla ofrece muchas opciones. Primero, considerar el deporte como actividad prioritaria de mecenazgo, lo que incrementa en 5 puntos la exención. Luego está la declaración de Excepcional Interés Público, que no es menor. Así están Universo Mujer, España Compite y Plan de Deporte Base 2020. Llegar a deducirse el 20% de las aportaciones con los límites que establece la norma es muy importante, aunque no llegue a la inmensa mayoría de las entidades deportivas que son las que necesitan esa aportación. Esa reforma es compleja y no la tendremos a corto/medio plazo”.

¡Cuánto lo siento, señor Lete! Me gusta su idea de que “El deporte es una oportunidad diaria”. Sí, me gusta, pero verá que, a medida que escribía este post, se me iba bajando el ‘suflé’… Será problema mío (a veces me creo falsas expectativas). ¡Qué le voy a hacer…!

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