Los fondos de inversión tienen los años contados en el fútbol. Se les va a terminar un chollo que únicamente está contribuyendo, de forma clara, a acrecentar los problemas económicos de esta industria. Parece que, por fin, la FIFA ha decidido tomar cartas en el asunto y recoger el guante que le había lanzado la UEFA, porque el presidente Joseph Blatter se ha comprometido esta semana a prohibirlos a la mayor brevedad.

La UEFA fue la primera voz en contra de este tipo de inversiones, que atenta contra la esencia de un deportista hasta convertirlo en un mero activo financiero. Las primeros alegatos de Michel Platini, el presidente de la UEFA, denunciaban que “los jugadores no pertenecen a sus clubes (…) Cada vez más son propiedad de compañías opacas controladas por agentes desconocidos o de fondos de inversión. Los jugadores no controlan sus carreras y son traspasados cada año para generar ingresos a individuos anónimos que solo quieren manejar el dinero del fútbol”. Y el organismo rector del fútbol europeo advirtió a la FIFA que, si los rectores del balompié mundial no tomaban cartas en este asunto, ella lo haría por su cuenta en la jurisdicción europea.

Este problema no es menor, pues prácticamente la mitad de los clubes de fútbol de Primera División en nuestro país cuentan con jugadores en sus plantillas que no son de su propiedad. Un hecho que distorsiona tremendamente el negocio del fútbol, lo convierte en propiedad de terceros completamente ajenos y empobrece aún más a unos clubes que ya están mayoritariamente en situación técnica concursal (si no al borde de la bancarrota). Pero ¿Cómo operan estos fondos y cómo se ha llegado a esta situación?

El origen está en la situación de crisis por la que atraviesan los equipos, que ha abierto un mayor campo de actuación a estos fondos durante la crisis económica de los últimos años. Veamos una simple explicación teórica, para centrarnos en el asunto.

Cuando un equipo en dificultades necesita fichar, pero no tiene el dinero (un caso de lo más frecuente en estos tiempo), acude a un fondo de inversión para que se lo preste. O, por supuesto, permite que sea un fondo el que se lo ofrezca. Suelen ser operaciones a coste cero o mediante cantidades pequeñas, asumibles por el club. Con lo cual, el jugador pertenece teóricamente al club, que solo paga su salario, pero en la práctica es el fondo su verdadero propietario, que también gestionará los derechos de imagen del futbolista. Lo que busca ese fondo es que el jugador se revalorice en el mercado, para lo cual procura colocarlo en aquellos clubes  que juegan competiciones internacionales; en equipos con mayor potencial y mejor proyección, en los que su futbolista jugará con más frecuencia, podrá mejorar antes y dispondrá de más posibilidades de conseguir títulos (que, además, le darán una mayor notoriedad).

Si todo sale bien y el jugador triunfa, tendrá los días contados en ese club. Porque el fondo, que había invertido en él una cantidad, puede duplicarla en una temporada … y entonces venderá al jugador, en una subasta al alza, al club que más pague por él. En este negocio tan ‘curioso’ (lo llamo así porque no es ilegal, salvo en unos pocos países) intervienen personajes tan conocidos como Jorge Mendes, el agente más exitoso del mundo, o Peter Lim, el nuevo propietario del Valencia. Mendes, por ejemplo, formalizó así el traspaso del colombiano Radamel Falcao desde el Atlético de Madrid al Mónaco. Sus derechos están en manos de Doyen Sports, un fondo que también es propietario de estrellas del fútbol como Steven Defour o Yacine Brahimi. Y recordemos que en el traspaso de Neymar al Barcelona también intervino otro fondo de inversión brasileño.

“Una investigación llevada a cabo por el diario The Guardian revela que Jorge Mendes, considerado como el agente de fútbol más poderoso de Europa, está involucrado en estos fondos de inversión o futbolistas propiedad de terceros, como lo llaman los ingleses”, explicaba hace días el portal Voz Pópuli .

Explica también el diario británico que “Quality Sports Investments (QSI) es un fondo que tiene como cabeza visible al citado Mendes y también a Peter Kenyon, un prestigioso ejecutivo que pasó por el Manchester United y el Chelsea. QSI está registrado en la isla de Jersey, territorio británico con ventajas fiscales y que desde hace años se presenta como un vehículo financiero dirigido a grandes fortunas de Estados Unidos y Asia sobre todo. De hecho, Peter Lim, el empresario de Singapur que ha comprado el Valencia, es socio de Jorge Mendes en la compra y venta de futbolistas, de ahí todas las operaciones que ha realizado con el club de Mestalla este verano, empezando por el entrenador”.

Los fondos no solo operan con los derechos de los futbolistas. Ahora que los bancos no suelen intervenir en operaciones financieras de fichajes, los fondos también suelen prestar dinero directamente a los clubes. Al parecer, es lo que hizo el mencionado fondo Doyen Sports con el Atlético de Madrid, financiando cerca de 20 millones de los 45 que costó Falcao al club rojiblanco. La empresa pactó con el club que esa cantidad debía ser devuelta en un plazo de dos años con un interés aproximado al 10 por ciento. O sea, que actúan de prestamistas, sí, pero un poco ‘usureros’.

La idea de la FIFA es fijar un periodo transitorio para que tanto clubes y fondos puedan adaptarse a la nueva norma. Es posible que el periodo sea de 4 ó 5 años, tiempo suficiente para que los fondos puedan salirse de este negocio y desinvertir sus activos con el menor quebranto posible. Actualmente, los fondos están operando en casi todos los países de la UE, excepto en Inglaterra, Francia y Polonia. También se especula con la posibilidad de que la FIFA constituya un comité ad hoc que se encargará de crear un registro de jugadores propiedad de fondos y evaluar, junto con un organismo de control financiero, la importancia económica de este problema.

Platini, como es lógico, no ha tardado en manifestar su alegría por el anuncio de la FIFA, pues, en su opinión, esta situación “amenaza la integridad de las competiciones”. Cree también que  “El control de terceros daña la imagen del fútbol, representa una amenaza a largo plazo para las finanzas de los clubes e incluso plantea dudas acerca de la dignidad humana”. Gianni Infantino, secretario general de la UEFA (es decir la mano derecha de Platini) llega incluso un poco más lejos: “La situación actual crea conflictos de intereses, pues los jugadores tienen menos control sobre el desarrollo de sus propias carreras; mantiene a los clubes en un círculo vicioso de la deuda y la dependencia y daña la imagen global del fútbol”.

No me enternecen demasiado las declaraciones de Infantino, defendiendo la imagen global del fútbol, que no es tan sólida. Porque hay muchas otras formas de mejorarla y no se  están llevando a la práctica. Pero estoy de acuerdo con esta iniciativa del presidente de la UEFA (sin que sirva de precedente). Aunque me gustaría que denunciara igualmente a los clubes que con frecuencia no se comportan de forma digna con sus jugadores.

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