Intangibles y deporte

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Lidia Valentín: “Las muñequeras de Hello Kitty son mi esencia”

Dedicarse a la halterofilia, un deporte asociado al género masculino, no es un reto sencillo. Tampoco lo es el hecho de practicar una disciplina que vive permanentemente bajo la sospecha de dopaje. Debido a ello, a Lidia Valentín (Ponferrada, 10 de febrero de 1985) aún le deben dos metales: una plata de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y un oro de Londres 2012 por la descalificación de sus rivales -“La plata me la darán antes de que acabe el año”, asegura-. Pero los obstáculos que se ha encontrado por el camino, no le han hecho desistir, más bien al contrario. “Han estado ahí para hacerme más fuerte, para hacerme la deportista que soy ahora”, dice, embajadora de Bridgestone bajo el lema Persigue tu Sueño, Supera los Obstáculos, una iniciativa con la que se siente muy identificada.

Alcanzar estos sueños no sólo requiere motivación, también duro trabajo y una estricta rutina. Así lo hace ella, que comienza cada día su entrenamiento en el centro de alto rendimiento a las nueve de la mañana. Un calentamiento previo y tres horas levantando pesas. Por la tarde le espera una segunda sesión de ejercicio y fisioterapia. Pero un día a la semana siempre encuentra un hueco para relajarse con el yoga. “Lo descubrí hace poco. Cuando empecé a practicarlo me di cuenta de que me ayudaba a conectar la mente con el cuerpo y a sentir todos mis músculos”, explica. Porque, a pesar de lo que pueda parecer, en la halterofilia no todo es físico. No levanta más peso el que más fuerza tenga. También influye, y mucho, el estado mental. “En este deporte, quien mejor trabajada tenga la cabeza, gana. Te juegas todo el trabajo de mucho tiempo en unos segundos y tienes que tener mucha concentración”, cuenta.

Para ella, que compite en la categoría de hasta 75 kilos, la alimentación es otro de los pilares fundamentales, ya que en base a ella tendrá la energía suficiente. “Tengo que comer una cantidad adecuada a mi categoría, para no bajar de peso ni subir. Es una alimentación muy saludable en la que nunca faltan hidratos de carbono, proteínas y fruta, dependiendo de la intensidad del ejercicio que voy a realizar cada día. Lo que no tomo nunca son azúcares”, explica.

Cuando no entrena -“cosa que sucede muy pocas veces”-, le gusta viajar al norte, a su Ponferrada natal, donde viven su familia y sus amigos de siempre. “Me gusta perderme en cada rincón allí. Adoro la naturaleza. Irme a la playa en verano y a la nieve en invierno. Todo eso que hace que te comuniques con ella y que recargues esa energía que en la ciudad yo no encuentro”.

El rosa por bandera
Que Lidia Valentín es diferente a sus competidoras es un hecho. “Me considero más presumida que las demás: me gusta peinarme y arreglarme, algo que choca en mi deporte. La gente se extraña y dice ‘¡levanta pesas con pendientes! Yo lo veo tan normal que me sorprende que a la gente le choque. Soy un chica de 32 años como cualquier otra a la que le gusta cuidarse”. Sus diademas rosas y sus muñequeras de Hello Kitty la acompañan allí donde compite. “Es mi esencia y como más cómoda me siento, aunque sea peculiar en comparación al resto. Hago un deporte de fuerza pero lo llevo también a mi terreno, y si siempre me ha gustado el rosa, ¿por qué ahora tiene que dejar de hacerlo?”.

 

De la información publicada en El Mundo (03.11.17), firmada por Patricia Lozano.

Se puede leer completa en: http://www.elmundo.es/vida-sana/cuerpo/2017/11/03/59f3209d46163fc7148b456e.html

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