Javier Fernández, nuestro patinador de bandera, se encaramó el pasado fin de semana por segundo año consecutivo a lo más alto del podio mundial, con un segundo ejercicio –el largo- que muchos han calificado de “estratosférico” porque rozó la perfección. Nadie apostaba mucho por él, pues en el primero –el corto– se había caído, con la correspondiente penalización. Le aventajaba en muchos puntos su gran rival, el japonés Yuzuru Hanyu, con el que comparte entrenador (el canadiense Brian Orser). Pero esa perfección alcanzada por Javier el último día, y la caída de su rival, obraron el milagro.

Un milagro que no lo es tanto, pues el propio Orser ya lo anunció hace tiempo: “Javier lo tiene todo, sólo necesita tiempo. En 2011, cuando empezamos a entrenar juntos, aún debía trabajar sus fundamentos y, en estos años, ha mejorado su técnica, su coreografía, su velocidad; ha conseguido un mejor equilibrio y hasta perfeccionado su punto fuerte, la expresión. Ahora sólo requiere asimilarlo todo (…) algún día completará un programa perfecto y va a ser, seguro, campeón del mundo”. Pues sí, ya lo ha sido y nada menos que por segunda vez. Tras su gran gesta, los medios de comunicación le han asaltado en toda regla para saber un poco más de nuestro campeón y de la personalidad de sustenta su éxito. Hoy me voy a limitar a ‘trillar’ esas entrevistas y a desgranar lo más sustancioso.

Javier saltó al hielo del City Garden de Boston, a ritmo de Sinatra. Salió a bailar sobre el filo de su cuchilla… a por todas, a divertirse, a dedicárselo al público. Lo hizo pensando, como suele, que siempre es posible mejorar… y conseguirlo: “Era mi último programa de la temporada”, declaró luego a los periodistas. “No pensé en lo importante que era para mí ganar; simplemente fui salto a salto. Antes de patinar, sabía que tenía una oportunidad de ganar pero estaba obligado a no fallar y lo hice“.

Supo sufrir, pues en las horas previas al programa largo –el que le catapultó al título- había padecido fuertes dolores en su cadera y talón de Aquiles. Pero, afortunadamente, pudo recuperarse lo suficiente, gracias a su fuerza mental: En la alta competición, o estás preparado y eres fuerte, o no podrás dar tu mejor versión. La mente se entrena cada día, en cada entrenamiento, y en todo momento uno está preparando su próxima competición. Como se dice, hay campeones de entrenamientos y campeones de competición”.

Considera Javier que el patinaje se va superando a sí mismo continuamente. A día de hoy parece que está todo inventado, pero quien sabe… Por eso, él trabaja en busca de la perfección y dice que, en esta ocasión, ha sentido estar muy cerca de ella: Sí, me dejé llevar por las ganas y salí al hielo a disfrutar y brindarles el programa a todos mis seguidores que tanta fuerza me dan para seguir vivo en este deporte en el que los asiáticos, americanos y rusos están poniendo las cosas muy complicadas. La medalla olímpica es mi principal objetivo a día de hoy (…) Para mí ha sido un programón; he visto el ejercicio con mi equipo y hay muy pocos fallos que resaltar. Es un orgullo saber que ha sido uno de los mejores de la historia”.

De forma inmediata, a él también se le ha equiparado con los grandes deportistas españoles de toda la historia, como Pau Gasol o Rafael Nadal. Pero, bien entrenado en todos los sentidos, no se deja debilitar por los halagos: “Es un orgullo que me comparen con estos deportistas. Creo que voy por el camino, pero aún me queda”.

Ideas claras que emanan de un trabajo riguroso, metódico, que no deja nada al azar y que requiere de grandes dosis de trabajo, dedicación (en cuerpo y alma) y realismo. Una semana cualquiera, se pasa al menos cuatro horas sobre la pista, cinco días a la semana. Sin duda, muy duro: Patinar sobre una superficie sólida como el hielo tiene muchos perjuicios físicos que afectan, sobre todo, a rodillas, cadera, espalda, etc. Es un deporte que desgasta mucho físicamente y en mi caso también el estar fuera de casa y alejado de los míos es un aspecto que con el paso de los años hay que tener en cuenta. Es muy difícil mantenerse muchos años ahí arriba y eso desgasta a cualquier persona y deportista. Lucharemos hasta que se nos apague la mecha, pero aún me queda mucha gasolina en el cuerpo”.

Javier vive en Canadá, donde mantiene una relación con otra campeonísima de este deporte, la japonesa Miki Ando. Sin embargo, con tanta competición, a veces es difícil compaginar la alta competición con la vida privada (su familia vive en Madrid): “Cada vez tengo más compromisos y me gusta acudir a la mayoría de los que puedo. Me he fijado un mes entero de desconexión (julio) para coger fuerzas, estar con la familia, los amigos y volver con las pilas bien cargadas, pues luego la temporada es muy larga y durante este año preolímpico las citas internacionales son muy importantes”.

En ese trabajo tan bien realizado y en su espíritu de sacrificio radican las claves del éxito de Javier, que ha conquistado nada menos que ocho medallas internacionales desde 2013, entre ellas dos oros mundiales y cuatro europeos. Él sólo piensa en entrenar y en hacer las cosas bien… y, de ese modo, luego van llegando los éxitos. Y ahora ¿qué es lo que espera Javier?: “La medalla olímpica es mi principal objetivo a día de hoy; seguiremos entrenando para llegar lo mejor posible a los próximos Juegos Olímpicos en 2018 (en Corea del Sur)”.

A pesar de todos sus éxitos, Javier considera que sigue siendo el mismo buen chaval que cuando empezó. Le sigue gustando hacer camping, jugar al frontón o a la play station; tiene los mismos amigos de aquellos tiempos… en fin cree que no ha perdido sus esencias y que sigue siendo, en esencia, la misma persona. Aunque sí reconoce haber madurado mucho, tanto mentalmente como en su condición de deportista: Como patinador he dado un salto cualitativo en todos los sentidos, pero aún puedo seguir mejorando; entreno para ello”. 

Muchos vemos un paralelismo entre el fenómeno que rodea a Javier y el de nuestra Carolina Marín con el badmington. Tenemos dos grandes campeones, individuales, en deportes minoritarios. El badmington, así lo cuentan las crónicas, está experimentado un buen auge en nuestro país, con crecimiento del número de fichas federativas. Pero en el patinaje sobre hielo, apenas tenemos 300 federados. ¿Tiene solución esta situación?: “He repetido en varias ocasiones que hasta ahora ha habido falta de seguimiento de este deporte y los medios han sido escasos. Puedo decir que ahora estamos trabajando de la mano de la federación e instituciones para que este deporte tenga cada vez más oportunidades. En mi caso, no ha sido fácil llegar hasta aquí; ahora bien, tenemos que abrir la vereda para que el día de mañana sean muchos los que estén luchando a nivel internacional y siga habiendo escuelas en nuestro deporte”.

Javier desea que la gente que llegue detrás de él tenga facilidades, ilusión, ganas de entrenar cada día y sobre todo que disfrute con este deporte. Y declara que, para que se pueda producir en nuestro país un cambio en apoyo y promoción de los deportes minoritarios, es preciso que se pongan los medios para que los jóvenes puedan probar y saber si un deporte les gusta y ‘engancha’. Obviamente, debería haber más pistas de hielo, con precios más baratos. Allí los jóvenes podrían aficionarse también al hockey o al curling, pongo por casos.

Y pide que los medios de comunicación y los periodistas apoyemos estas iniciativas. Creo que Javier tiene razón y me encantaría que así fuera. Queda aquí mi granito de arena.

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