Deseo iniciar hoy este post, en un día tan señalado como es el de la Nochebuena, recordando la frase más conocida de Lord Acton, historiador, filósofo y político británico del Siglo XIX: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Y bien que siento hacerlo, pues me parece que en esta fecha deberíamos ocuparnos de asuntos o enfoques menos ‘temporales’ y prosaicos. Pero la actualidad lo impone.

En los últimos días, como seguramente nuestros lectores ya conocen, el suizo Joseph Blatter y el francés Michel Platini, ex presidentes de FIFA y de UEFA, respectivamente, han sido sancionados con ocho años de inhabilitación para “toda actividad relacionada con el fútbol, bien sea administrativa, deportiva o de cualquier tipo”. Ese fue el fallo emitido por el Comité de Ética de la FIFA, máximo órgano rector del fútbol mundial. Parece que, finalmente, los rumores de corrupción -de los que llevamos hablando durante unos meses- se están confirmando y, en consecuencia, ya se va impartiendo la necesaria justicia.

La frase de Lord Acton es para meditar a fondo. Teóricamente, estamos hablando de países u organizaciones supranacionales que funcionan en base a modelos democráticos. Sin embargo, muchas personas que llegan a sus ámbitos de poder, a partir de elecciones o métodos democráticos, lo ejercen después completamente al margen de ese espíritu. Les pasa a los políticos, a los representantes del deporte y a los presidentes de los clubes de fútbol, por poner tres ejemplos que vienen al caso.

En España estamos sumidos ahora en una coyuntura política de zozobra, tras las elecciones del 20-D, en la que los líderes electos están dando una imagen bastante deplorable -deja mucho que desear- pues hacen primar los intereses de sus partidos sobre los del Estado… permiten que sus relaciones personales de rivalidad, odio o rencor se superpongan al mandato de los ciudadanos. ¿Por qué sucede eso? Pues porque el poder está en el fondo de sus actitudes. Sería lamentable que sigan dándonos este ejemplo y que, al final, no sean capaces de dar la talla. Espero que luego no se extrañen de la desconexión social hacia la política que últimamente andan lamentando.

Porque una cosa es el poder (o sea, detentar ese poder del que te han investido tus votantes), otra es gobernar (para lo cual hay que ser responsables, buenos estrategas y demostrar un espíritu de servicio) y otra muy distinta es ‘mangonear el poder’ (es decir, hacer mangas y capirotes con ese mandato recibido), en función de tus propios criterios, comportamientos e intereses, sin atender a los generales o a los valores establecidos). Y esto es lo que ha sucedido en las máximas instancias del fútbol mundial y continental.

Ese es nuestro asunto de hoy: el pago de dos millones de francos suizos (1,8 millones de euros) que hizo la FIFA a Platini, en febrero de 2011, autorizado por Blatter. A estas alturas no sabemos a ciencia cierta por qué clase de trabajo o encargo recibió el dirigente europeo esa cantidad, que el propio interesado no ha negado. Platini, en sus declaraciones por escrito ante el Comité, dijo que “esa cantidad se refiere al trabajo que llevé a cabo en virtud de un contrato con la FIFA y ha sido un placer haber podido aclarar todas las cuestiones relativas al mismo con las autoridades”. Pues bien,  el Comité de Ética de la FIFA no lo debió ver tan claro cuando considera en sus sentencia que aquella operación “no tenía base legal en el acuerdo firmado por ambos dirigentes el 25 de agosto de 1999”.

Por ello, el Comité ha sancionado a Blatter –además de apartarle del fútbol de por vida en la práctica, pues ya es octogenario- a pagar una multa de 50.000 francos suizos (unos 46.000 euros). Del mismo modo, Platini también deberá pagar otra multa de 80.000 francos (74.000€). Estas sanciones han entrado en vigor “de forma inmediata” y son válidas en los ámbitos nacional e internacional. O sea, ha quedado demostrada una falta total de transparencia en la gestión, incluso delante de los altos tribunales del deporte.

Según la sentencia, Blatter “no mostró una actitud ética, no aplicó las reglas y regulaciones de la FIFA y demostró una ejecución abusiva de su posición como presidente”, violando así el artículo 13 del Código Ético del organismo, sobre las reglas de conducta. Es decir, hablamos de dirigentes que se saltan impunemente las normas que ellos mismos han establecido y por las que hacen pagar a otros cuando las incumplen (¡fantástico! ¿no?). Con aquel pago de la FIFA a Platini, Blatter violó además el artículo 20 del Código, que regula la oferta y recepción de regalos u otros beneficios, y el artículo 19, que se refiere al conflicto de intereses. Por lo que podemos imaginar, debieron incurrir –ambos- en casi todos los supuestos ilícitos contemplados en la norma.

Pero este lunes, en rueda de prensa, Blatter anunció que apelará ante el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) y ante la Justicia suiza, argumentando que “el Comité de Ética no ha tomado en cuenta las evidencias de que aquel pago correspondía a una deuda que la organización tenía con Platini” de muchos años atrás. Dijo sentirse “avergonzado de cómo ha ocurrido todo” y recordó  que, “incluso suspendido, sigo siendo el presidente” (porque sólo el Congreso de la FIFA tiene atribuciones para apartarle del fútbol).

Vamos a ver qué es lo que sucede, si es que finalmente Blatter acude a la justicia del deporte y/o a la civil. Pero haga lo que haga, y resulte lo que resulte de esas acciones judiciales, el espectáculo que están dando muchos dirigentes del fútbol (ahora los máximos) es simplemente lamentable. Y no ha hecho más que empezar.  Porque ahora llega el número de los ‘buitres’ merodeando el botín que dejan los dirigentes sancionados: mucho poder, aún mayor influencia, manejo de grandes presupuestos, fondos de ayuda, subvenciones, favores… en suma, el reparto de un mayúsculo pastel. Nuevamente.

Y en la antesala de esa nueva etapa ya se encuentran estratégicamente situados muchos aspirantes, que esperan su oportunidad. Entre los de ‘la vieja guardia’ destaca Ángel María Villar,  presidente de la Federación Española y vicepresidente de FIFA y UEFA. Hay quien le ve como presidente in pectore de la europea, si es el que el escalafón corriera con viento favorable. Sin embargo, también va a llegar el momento de las vendettas personales. Y Blatter ya amenazó con tirar de la manta y contar todo lo que sabe, pues se siente traicionado en ese pacto de silencio que protegía la impunidad imperante.

En octubre, por ejemplo, el suizo ya lanzó contra Villar una flecha envenenada, acusándole de forma directa de haber dirigido el voto español hacia Qatar 2022, a cambio de apoyos a la candidatura conjunta de España y Portugal para organizar la Copa del Mundo de 2018 (que finalmente se llevó Rusia). Dijo que “Hubo una especie de acuerdo entre España y algunos países sudamericanos con Qatar del tipo: ‘Yo te voto a ti y tú me votas a mí”, dijo. Si se demostrara que aquello fue así (y se está investigando), pues otro dirigente al zurrón del Comité de Ética. Y otra carrera terminada (no olvidemos que Villar ya se enfrenta a una inhabilitación de hasta cinco años por negarse a cooperar en la investigación sobre el informe de transparencia de Michael García.

Se ha puesto en marcha el ventilador. Eso está claro. Vamos a ver cuánta suciedad es capaz de airear. Y deseamos que sea menos pestilente de lo que mucho nos tememos.

Mientras tanto, no perdamos el espíritu de estas fechas. Os deseo una Feliz Navidad.

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