Admiro a Lydia Valentín. Quienes siguen este blog saben que ya me he manifestado al respecto en otras ocasiones. Me gusta esta leonesa por su forma de entender el deporte de la halterofilia, bien sacrificado por cierto, y por su filosofía de la vida misma. Lydia acaba de conquistar el oro en los mundiales de Anaheim (EE.UU.), en la categoría de 75 kilos, en las modalidades de arrancada, dos tiempos y total olímpica, y creo que, por fin, el deporte ha hecho justicia con ella. En primer lugar, y sobre todo, porque es la mejor.

Se une así, además, a ese club tan selecto de deportistas españoles que han conquistado la triple corona: Juegos Olímpicos, campeonatos Mundiales y campeonatos de Europa. Los elegidos son 22 en total, entre hombres y mujeres, y en todas las modalidades deportivas (aunque la mayoría de ellas están vinculadas con el agua). En ese grupo de campeones podemos encontrar nombres históricos del ‘milagro’ deportivo español como los de José Luis Doreste (el primero en conseguir los tres títulos) o Theresa Zabell, ambos en la vela, que es el deporte que más aporta a la lista. En piragüismo sobresalen los de Saúl Craviotto o Marcus Walz; y en la piscina, recuerdo a David López Zubero o a nuestra admirada Mireia Belmonte. En los tatamis de Judo también quedaron inscritos con letras de oro los nombres de Miriam Blasco, Isabel Fernández o Joel González, por idéntico mérito. Sin olvidarnos, por supuesto de nuestra gran Carolina Marín en badmington. Aunque hay más.

Es aquí donde destacaría yo el primero de los méritos de Lydia. Mientras en la vela, la natación, el piragüismo o el judo podríamos hablar de una cierta tradición, Lydia se mueve en los heroicos territorios de los pioneros, esos deportistas que viven solos, lo intentan cual quijotes contra los molinos de viento y, si triunfan, consiguen hacerse un hueco en el olimpo de los mejores; con un poco de suerte, quizá consiguen popularizar su actividad… como Manolo Santana en tenis, Severiano Ballesteros en golf, Federico Martín Bahamontes, Perico Delgado o Miguel Induráin en cliclismo, o Paquito Fernández Ochoa, en esquí.

Dependiendo del deporte, esa subida a los cielos suele llegar acompañada de popularidad y unos ingresos económicos que, seguramente, compensan con creces del esfuerzo realizado. Pero me temo que ese tampoco parece ser el caso de Lydia Valentín. Porque ese deporte en el que brilla con luz propia, no solo es uno de los ‘deportes pobres’ (poco profesionalizado), sino que le ha hurtado la gloria en no pocas ocasiones, cual amante esquivo hasta límites insoportables. Bueno, insoportables, diría yo, para cualquiera de nosotros, pero no para ella… porque nunca desfalleció y siguió trabajando con gran  sacrificio y no menos fe en ella misma, pensando que su momento finalmente llegaría.

Y sí, efectivamente, ese momento le llegó el pasado día 4 en la localidad californiana de Anaheim, cuando derrotó a sus rivales en todas y cada una de las tres modalidades: arrancada, con 118 kilos, aunque ya su primer intento (110 kg.) le habría bastado; dos tiempos, con 140 kg y la total olímpica (254 kg). La segunda clasificada, la ecuatoriana Neisi Dajomes, registró en total 18 kg menos que ella.

Y cuando estaba subida en lo alto del cajón, envuelta en la bandera española, con sus tres preseas doradas en una mano y una muñeca Minnie en la otra, Lydia no pudo contener sus lágrimas, evocando seguramente tantos momentos duros por los que había tenido que pasar hasta llegar a aquel otro de éxtasis. Según ella misma dijo, es que no terminaba de creérselo; la historia por fin le abría su puerta grande por ser el primer halterófilo español, tanto en hombres como en mujeres, que ganaba un mundial absoluto.

Me ha encantado la forma tan natural con la que Lydia ha sabido afrontar este gran triunfo. Opino, como lo hacía mi padre, que a veces es más difícil saber ganar que saber perder (otra lección magistral que siempre nos ofrece nuestro gran Rafa Nadal). Y lo digo por una trayectoria de Lydia que resume muy bien Fernando Rojo en una entrevista publicada en ABC [http://www.abc.es/deportes/abci-lydia-valentin-nadie-venir-quitarme-medallas-201712050830_noticia.html]: La historia de Lydia Valentín es la de la atleta que siempre se quedaba a las puertas del oro. Nada extraño en el mundo del deporte, plagado de grandes competidores que nunca fueron campeones. El matiz que hace diferente a la española de tantas otras es que siempre terminaba descubriéndose que las que le ganaban se habían dopado. Con años de retraso, Valentín recibirá el oro que le corresponde de los Juegos Olímpicos de Londres, tras descubrirse que las que subieron al podio habían hecho trampas. Pero nunca podrán devolverle el momento apoteósico en que suena el himno de tu país y lo escuchas desde lo más alto.

La primera pregunta del periodista fue certera, directa al centro emocional de la campeona: Después de lo que ha pasado durante todos estos años, ¿qué siente? ¿alegría, rabia…? Pero Lydia –interrumpiéndole– demostró por qué es quién es y por qué ha llegado hasta donde ha llegado:¡No! Solo siento alegría. Nada más que alegría. No tengo sitio para otros sentimientos.

¿Tiene la sensación de que si todas sus rivales hubieran jugado limpio este triunfo hubiera llegado hace muchos años?

Es posible. Pero ahora prefiero no centrarme en el pasado, en lo que pudo ser y no fue. Me estoy centrando en el presente, en las tres medallas que he conseguido y en que soy campeona del mundo y que eso ya no me lo va a quitar nadie. Nadie va a venir a por mis medallas. Puedo dormir tranquila. Y eso es lo que realmente me hace feliz”.

Su idea, su proyecto vital (el que le sale del alma) es pasar página de todo este bochorno cuanto antes. Sólo le interesa un futuro que, a sus 31 años, no le permite mirar más allá de los JJ.OO. de Tokio 2020. En otra entrevista concedida a Marca, firmada por Paco Roche, [http://www.marca.com/otros-deportes/2017/12/05/5a25dbbc46163f2f138b4640.html], lo deja muy claro:

Campeona de Europa, del mundo, campeona olímpica… ¿Y a partir de ahora qué?
Ahora a descansar, que lo necesito. Voy a tomarme unas semanas de vacaciones y luego empezaré a preparar el Europeo del año que viene. Quiero llegar a Tokio y disfrutar el camino. Para eso necesito encontrarme bien física y psicológicamente.

Desde que se bajó del podio hasta ahora, ¿le ha dado por pensar en algún momento que quizá siempre debió ser así o es mejor no darle vueltas?
Piensas que sí, que te han robado muchos momentos, pero al final todo llega y hay que disfrutar. Estoy muy feliz ahora y por otro lado tampoco puedo hacer nada para cambiar el pasado. Por suerte creo que este campeonato va a marcar el inicio de una nueva era para la halterofilia de la que España puede salir muy beneficiada.

España tiene hoy mejor cantera que nunca. Otro éxito a apuntar en su palmarés.
Tenemos un equipazo, hay muchísimo talento. La medalla de Josué Brachi fue increíble, igual que el quinto puesto de Andrés Mata. Tenemos un equipo muy bueno que va a llegar muy bien preparado a Tokio 2020”.

Por respuestas así, tan francas y clarividentes, basadas en unos principios y valores grabados a fuego en su corazón, admiro a nuestra nueva campeona. Quiero pensar, como ella, que “al final, siempre gana el juego limpio”. Pero no te olvides, Lydia, de que la Historia del Deporte está plagada de casos que no nos darían la razón.

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