Tuve la gran suerte de asistir este martes en Madrid a uno de los Desayunos Deportivos que organiza la agencia Europa Press y que, en esta ocasión, tenía por protagonistas invitados al presidente del Sevilla FC, José Castro, y a su director general deportivo, Ramón Rodríguez Verdejo, a quien todo el mundo del fútbol conoce como Monchi. Había escuchado a Monchi en varias ocasiones, pero tenía ganas de verlo interactuar en directo, pues es uno de los responsables deportivos que mejor negocia, que compra jugadores baratos y los vende caros…  por eso andan tras de él unos cuantos de los más importantes clubes del mundo y de España (entre ellos, el Real Madrid).

Puedo decir que tuve el honor de vivir por fin ese momento gracias a la invitación de mi buen amigo Gaspar Díaz, redactor jefe de Deportes de la agencia y alma de sus desayunos deportivos. El encuentro no defraudó al auditorio, ni tampoco a mí. El presidente, Pepe Castro, centró su intervención en explicar cómo se ha repuesto el club de la crisis institucional que vivió a raíz del encarcelamiento de su antecesor en el cargo, José María del Nido, condenado por varios delitos económicos. Y cómo en plena gestión de la crisis, el equipo llegó a conquistar su tercera Europa League, ganó la Supercopa de España al Barcelona o se clasificó para jugar la Champions este año.

El presidente explicó que ese éxito deportivo ha sido posible porque asumió el relevo en el club buscando, por todos los medios, que resultara lo menos traumático posible. Por un lado, en lo económico, decidió seguir manteniendo el crecimiento económico de los últimos años. Para ello, optó por repescar a José María Cruz, un hombre de la casa que, finalmente, se reincorporó como director general; además, trató de recuperar la ilusión de los socios, retomando la remodelación del estadio Sánchez Pizjuán, que seguramente estará culminada a finales de este año.

En lo deportivo, de acuerdo con Monchi y con el entrenador (Unai Emery), la estrategia consistió en aislar a sus jugadores. Los chicos tenían que dedicarse a jugar, y a hacerlo bien, para entusiasmar a la afición con sus triunfos y buen juego. Y ahí están los resultados de aquella gestión de crisis, que él atribuye a una tercera línea estratégica: haber sabido trabajar en equipo. “Tenemos al mejor director deportivo del mundo, la temporada pasada renovamos a Unai Emery y contamos con el director general José María Cruz que el año pasado volvió al club. Ellos son los tres pilares de nuestro éxito deportivo”, aseguró el presidente. Castro no desea honores para él, ni reclama un hueco en la historia del Club (tan solo quiere que se le recuerde como un sevillista de pro… un sevillista de base). Y sólo le pide una cosa al sevillismo: “Unión, unión y unión”.

Pero vayamos a Monchi. Siempre he pensado que el fútbol es un juego, un deporte, un espectáculo y un negocio (todo en uno y no sé qué componente pesa hoy más); que está muy sometido a gran número de intangibles, tanto externos como internos, que lo convierten en una actividad incontrolable (especialmente cuando no entra la pelotita) y poco científica desde el punto de vista de la gestión empresarial. Por eso despierta tantas pasiones. Por eso hace aflorar –y modela– sentimientos. Por eso otorga tanta influencia a sus protagonistas. Y Monchi, que es uno de ellos, creo que la tiene.

Casi todas las preguntas del coloquio se centraron en una: ¿Cuál es el método del Sevilla que le da tanto éxito en lo deportivo? Él cree que hablamos de un método heterodoxo por demás, que “si se tuviera que explicar en una escuela de negocios rompería todos los patrones de la lógica, porque hacemos justo lo que parece que no hay que hacer: convertir en ingresos ordinarios las plusvalías que generan las ventas de nuestros jugadores. Eso nos permite estar por encima de nuestras posibilidades en cuanto a tamaño e ingresos ordinarios por cuotas de socios, ventas de entradas, derechos de TV e imagen y demás”.

Este modelo, muy arriesgado, está asumido y respaldado por el presidente y los accionistas del club pero, claro, depende fundamentalmente de dos factores: saber comprar jugadores mejor (y antes) que nadie y que esos futbolistas, además, consigan de forma sistemática éxitos deportivos. ¡Casi nada!

Monchi, titulado en Derecho y político de vocación frustrada (por ahora), sabe que el factor suerte ayuda en cualquier estrategia y reconoce haberla tenido en momentos puntuales… pero, siendo como es el máximo responsable de gestionar una apuesta estratégica tan arriesgada, ha puesto sus esfuerzos en un sistema de trabajo muy metódico que delineó de forma escueta ante el auditorio: “Nuestro equipo peina y controla todas las ligas del mundo. Se suele trabajar con unos 120 jugadores por posición. Pero a medida que los vamos analizando nos centramos en unos cuantos, solo en los mejores (unos diez)”.

Insiste Monchi mucho en eso: en que los jugadores tienen que ser muy buenos para que se revalúen y puedan dejar plusvalías sustanciales. Pero deja claro que, además, buscan en los candidatos ciertos perfiles y características concretas que los hagan idóneos para jugar en el equipo. Fue cuando recordó el caso del brasileño Dani Alves, a quien el Sevilla adquirió por 1,2 millones y, cuatro temporadas después, lo vendió al Barça por 30. “Sí, Dani Alves fue un gran negocio, pero también nos dio cinco títulos”.

A esa faceta de macro scouting se añaden los trabajos de fomento y cuidado de la cantera. Reconoce Monchi que cada día los equipos de los pueblos de la provincia (hasta ahora, uno de sus grandes viveros), así como de los andaluces en general, están trabajando cada día mejor con sus niños y les ofrecen buenas instalaciones e infraestructuras. Por eso ahora resulta más difícil que acudan a una llamada del Sevilla. En consecuencia, en el club de Nervión se ven obligados a trabajar con niños cada día más pequeños (ahora empiezan con ‘querubines’ de seis años), a los que puedan encontrar ellos primero y ofrecerles más.

Monchi piensa que a los chicos de la cantera hay que darles la oportunidad de debutar en el primer equipo, esperar que sepan aprovecharla y gestionar su progresión de forma inteligente. Es la forma más rápida y eficaz de ponerlos en valor. En este sentido, citó el ejemplo de su actual guardameta, Sergio Rico, que la temporada pasada era el tercer portero del equipo. Se lesionaron los dos metas titulares (Beto y Barbosa) y el club estuvo pensando en acudir al mercado (se habló con fuerza de Víctor Valdés, ex del Barça), pero lo descartaron porque “había que darle una oportunidad a Sergio Rico. Y no nos equivocamos. Hoy Sergio no ha entrenado con el equipo en Sevilla ¿y saben por qué? Porque está concentrado con la selección de Vicente del Bosque”. Quizá estemos ante otro ejemplo de que, en cualquier momento, Sergio recibirá una suculenta oferta y el Sevilla (siguiendo la filosofía Monchi y el método del club) estará encantado de traspasarlo.

Muchas preguntas a Monchi aludieron al deseo de Florentino Pérez de ficharlo para el Real  y a sus reiteradas negativas a aceptar. ¿Quizá es porque él no encajaría en un modelo de gestión tan presidencialista como el de Florentino? Pero él insiste: “Deseo vivir en Sevilla y ejercer mi sevillismo”. Pero cree que un modelo presidencialista no tiene por qué ser malo a priori. “Ahí tenemos, si no, que el Real ganó la Champions hace dos años; o las etapas exitosas del Betis con Manuel Ruiz de Lopera o del Depor con Lendoiro. No se puede descalificar un modelo simplemente porque no nos guste”, asegura . Ni porque queramos descalificar a quien lo representa (y esto no lo dice Monchi; lo pienso yo).

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