El entorno medioambiental del baloncesto bilbaíno amenazaba desde hace meses con una tormenta que, finalmente, la semana pasada descargó rayos, truenos y pedrusco, dejando al Bilbao Basket en una situación de emergencia catastrófica que promete convertirse en ruina total si es que no lo remedia un auténtico milagro.

A las puertas del Mundial de Baloncesto de España (en septiembre), en el que Bilbao tiene asignada la organización de una fase de grupo (con EE.UU. al frente), se da la paradoja de que la ciudad se ha quedado sin la participación de su equipo en la Liga ACB por culpa del incumplimiento de sus obligaciones económicas. La gran afición del Club de Miribilla se ha quedado huérfana y permanece atónita ante la posibilidad de que un previsible proceso concursal suponga la desaparición de su equipo para siempre.

Los malos presagios tomaron carta de naturaleza el jueves, 17 de julio, cuando la Liga ACB comunicó al club vizcaíno que no aceptaba su inscripción en la máxima competición del baloncesto hispano por “no cumplir los requisitos establecidos en los estatutos y reglamento de la liga profesional”. Es decir que perdía su plaza en la categoría al no haber podido restituir los 195.000 euros del fondo de garantía salarial (que ayudó a frenar fugas en la plantilla y aliviar una crítica situación tras una huelga). El club mantiene además importantes deudas con la plantilla deportiva, proveedores y la propia ACB “que superan considerablemente la cifra permitida por la Asociación”. La Liga se queda coja, pues sólo se  jugará esta temporada con 17 equipos.

Como explica Robert Álvarez en su crónica para El País, las deudas del Bilbao Basket se hicieron insostenibles, especialmente a partir de la temporada 2012-2013, cuando se quedó sin patrocinador; en diciembre del año pasado ya estuvo a punto de saltar la situación por los aires, según explicó su anterior propietario y gestor Gorka Arrinda, que –después de haber visto cómo su equipo había llegado a disputar unos cuartos de final de la liga europea– decidió vender sus acciones y las de su familia, salir de la escena y entregar los trastos directivos a una nuevo grupo gestor.

En marzo pasado, los jugadores llegaron a convocar una huelga indefinida, porque el club no les pagaba sus salarios atrasados, pero finalmente decidieron desconvocarla y jugar partidos de Copa y Liga contra Barça y Real Madrid, por vergüenza torera y compromiso con sus aficionados, que no tenían culpa alguna de lo sucedido. Ante la afición bilbaína, los jugadores blancos hicieron a sus oponentes un pasillo de solidaridad que trascendió a todo el ámbito deportivo. Fue un gran gesto, motivo de un post que titulamos  “El pasillo de la dignidad”.

Pero es que el nuevo grupo gestor no ha sido capaz de encontrar soluciones. En una nota pública, el Club reconocía que “no ha podido realizar su inscripción dentro del plazo establecido, según marca la normativa de la ACB para participar en la temporada 2014-15 en la Liga Endesa. El Consejo de Administración comunica que, después de realizadas innumerables gestiones encaminadas a conseguir la financiación necesaria para desarrollar el plan de viabilidad propuesto, no se han conseguido los resultados previstos”.

Recomiendo encarecidamente al lector que le dedique un minuto al artículo publicado por Jesús Sánchez en su blog, en el que hace un análisis subjetivo de este asunto. Para él –y así lo titula- la decisión es grave, pero también es correcta. “Hay quien ha visto el batacazo del Bilbao como una oportunidad única para reducir la Liga, vieja aspiración, y aligerar un poco el calendario, tan exigente para algunos clubes (…) Hay quien llora por los aficionados de Bilbao, damnificados por este fundido a negro. Hay quien piensa que la decisión tomada es la correcta. Pertenezco a estos dos últimos grupos (…) Aporreen la gestión de los responsables que llevaron al Bilbao hacia la autodestrucción porque los proyectos sólo se sostienen si gastas lo que tienes, no más. El chiringuito explotó. Apoyen a su nueva directiva, que en una situación comatosa tuvieron los huevos, con perdón, que para eso son de Bilbao, para intentar resucitar al enfermo de muerte. Seguirán luchando para salvar al club”.

Xavier Jon Davalillo, el actual presidente del Club, ha confirmado que hicieron todo lo posible, pero sin éxito:  “Las instituciones nos han apoyado hasta el último momento para buscar una solución y, al final, no ha podido ser; pero seguiremos trabajando para que haya baloncesto del máximo nivel en Bilbao”. En su opinión, “Ahora hay que plantear otro proyecto, no de cero y sí con una carga muy pesada”. Es lo que dice –y parece tener bien asumido– Davalillo.

De todas formas, el consejo de administración cree que no todas las bazas están jugadas y busca algún resquicio legal por el que pueda mantener su plaza en la Liga Endesa, amparándose sobre todo en el antecedente del Valladolid, club al que el año pasado se le permitió saldar sus deudas fuera de plazo y pudo mantener la categoría. Ojalá pueda suceder algo parecido con el Bilbao Basket, aunque muchos piensan que la ACB tiene ahora al frente a un nuevo presidente (Francisco Roca) que parece un hueso duro de roer… y que, además, hace falta imponer de una vez por todas límites claros en la gestión económica del deporte.

Yo estoy de acuerdo con Jesús Sánchez en que el problema del Bilbao Basket, aunque de él no tengan la culpa sus nuevos gestores, es muy sencillo de entender: se gasta más de lo que se ingresa y eso trae siempre malas consecuencias. Y me refiero, como cualquier aficionado al deporte bien sabe, no solo al baloncesto, sino a otros deportes, a muchos clubes y a no menos federaciones. Se gasta más de lo que se ingresa, sí; se administra mal, la deuda crece y se hace insostenible. Hasta ahora, en el deporte español eso se ha tolerado, porque las instituciones terminaban por hacer leyes de ‘borrón y cuenta nueva’, por ayudar con dinero público o haciendo la vista gorda. Pero si queremos ser grandes en lo deportivo, y serlo de forma sostenible, no nos queda otra que aprender a ser serios y a hacer las cosas bien, de manera homologable a las prácticas en otros países.

Dicho lo cual, reitero que confío en un milagro de supervivencia para el Bilbao Basket. Los jugadores y la ciudad lo necesitan… y los seguidores lo merecen especialmente, por su apoyo incondicional al club. No es justo que sean ellos quienes paguen el pato.

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