En estos días de grandes éxitos y mucha tensión ambiental, me está sorprendiendo el silencio público de Florentino Pérez, a quien intuyo agazapado en su despacho perfilando la nueva temporada –desde mucho antes de que esta concluya– y diseñando la estrategia global del Club para los próximos años, que se antojan cruciales para la historia del Real Madrid desde varios puntos de vista.

En primer lugar, porque está en la recta final de poder alcanzar grandes éxitos deportivos: la Liga (el equipo blanco depende de sí mismo), y la Champions (se ha clasificado para jugar la final contra la Juventus, el 3 de junio en Cardiff (País de Gales). Además, porque estamos en año electoral y en verano el señor Pérez se jugará la Presidencia del Club para otro mandato cuatrienal. Ese periodo será el necesario, justamente, para ver culminado el proyecto de nuevo estadio, que quiere convertir en el mejor de todo el planeta. Y quizá por ello considera que ahora es crucial la concentración (no se puede fallar en nada) y la anticipación inteligente a las tensiones especulativas que cada año nos trae el mercado de fichajes. Cuando llegue ese mercado, todo el ‘pescado’ debería estar ya comprado (y vendido) en el club de Chamartín.

Si el Real llegara a conseguir finalmente el tan deseado doblete (liga y champions), la gesta sería impresionante pues no se consigue desde los tiempos de Santiago Bernabéu. El Real se convertiría en el primer club que consigue dos ‘orejonas’ consecutivas (en la etapa moderna) y ‘destronaría’ al Barça de su bien merecido reinado como mejor club de este siglo. Por no hablar de cómo engordarían las arcas del Club: mayor contribución de la UEFA (premios y derechos de transmisión), aumento del caché en toda clase de torneos y bolos, incremento del valor de sus jugadores, nuevos y más jugosos contratos por patrocinios y publicidad… Sería un capítulo muy largo de enumerar ahora. Es decir, hablaríamos de un impulso sólido a todos sus indicadores reputacionales, de un nuevo y firme paso en su lucha soterrada con los grandes equipos de otras ligas europeas (que él cree juegan con ciertas ventajas) y de un mayor y más saneado presupuesto para afrontar de la mejor manera posible todos los gastos que se le vienen encima al Club con la remodelación del estadio.

Recuerdo que el 9 de septiembre de 2016, tras el cierre del periodo estival de fichajes, publiqué un post titulado La (no tan nueva) estrategia de Florentino  en el que analizaba la “cierta incredulidad sobre la falta de incorporaciones de futbolistas de relumbrón al Real Madrid”. Y resaltaba también que “Nadie comprende a ciencia cierta por qué Florentino Pérez, quien pasó a la historia del fútbol mundial por la compra de jugadores galácticos, lleva ya tres años en los que no ha entrado en operación emblemática alguna”.

Después de repasar las varias razones que a mi entender se daban entonces, venía a concluir que “desde hace ya tiempo, sus estrategias [las de Florentino] son otras: las de apostar por un talento más joven, poner en valor a la cantera, tener una plantilla joven y verdaderamente equilibrada, garantizarse el futuro inmediato con renovaciones que eviten las tensiones del mercado y, a ser posible, también la de seguir ganando Champions (dos en tres años), lo cual provee al Club de suculentos ingresos extraordinarios y le permite seguir siendo año tras año el club más poderoso del mundo, según certifica la revista Forbes cada temporada”. Pues, bien, creo que el análisis se cumple, que esa estrategia deportiva y empresarial le está rindiendo unos resultados más que positivos y que tiene toda la pinta de que va a seguir persistiendo en ella.

Durante los últimos meses, dado que estamos en año electoral, se ha especulado sobre todo tipo de fichajes de relumbrón, con nombres que cada día que aparecen publicados aumentan su caché de forma exponencial. El presidente lucha de forma denodada contra esa hiperinflación totalmente artificial y se resiste a pagar las cantidades desorbitadas que hoy pide cualquier club por cada jugador de su cuadra que sale mencionado en los papeles. Parece un contubernio entre los clubes y los representantes de sus pupilos, pues ambos salen beneficiados de la especulación; sin embargo se están produciendo casos escandalosos y llenos de trampas (como el de Neymar por el Barcelona) que acaban en los tribunales… o grandes blufs como el de Pogba por el Manchester United, que costó casi 120 millones de euros porque (ahora se ha sabido) su representante se llevó más de cuarenta millones en la operación; cantidades que jamás podrán ser amortizadas, pues el jugador no las vale y su club –entrenado por Mourinho– parece estar en horas bajas.

Florentino sabe, por supuesto, que debe luchar en ese mercado contra los grandes clubes de la Premier, que obtienen cantidades ingentes por sus derechos de TV, o con los jeques del petróleo y magnates empresariales, que inyectan de forma sistemática grandes sumas de dinero aunque sea ajenas al negocio del fútbol. Por eso él está jugando con otra lógica: descubrir a las perlas del fútbol (los nuevos Messi y Cristiano) en cualquier lugar del planeta donde se encuentren; comprar juventud; poner en valor su propia cantera (para muchos la mejor del mundo) e ir madurando en ella a fuego lento, sin prisa, a muchos de los nuevos grandes jugadores del panorama fútbol; y, en fin, vender más caro de lo que compra (estrategia que se erige como una nueva y no poco importante fuente de ingresos).

En este mes de mayo, aún en plena euforia competitiva, el Club ya ha cerrado dos operaciones importantes y de gran proyección para el futuro: la contratación de Theo Hernández, lateral zurdo de 19 años perteneciente al Atlético de Madrid y cedido en el Alavés, que será el suplente de Marcelo y, muy pronto, su sucesor; por Theo se pagarán más de 30 millones de euros. Una cantidad similar a la que abonará el Real al Flamingo de Brasil por Vinicius Jr. jugador de 16 años que permanecerá allí, en formación, y que se incorporará en el verano de 2018. Dicen de él que es el nuevo Neymar.

Al mismo tiempo, el Club recuperará a dos de sus perlas en cesión: Jesús Vallejo, central de 18 años cedido en el Eintracht Fráncfort, que ha destacado de forma notable en la Bundesliga alemana y que vendrá a ocupar la plaza que deja Pepe; y Marcos Llorente, medio centro que ha jugado este año cedido en el Alavés, demostrando un altísimo nivel; Llorente será el suplente natural y ‘pareja de baile’ de Casemiro, que hoy por hoy es el único jugador que no tiene un relevo natural.

En el primer filial –el Castilla– habitan igualmente media docena de futuros jugones. Algunos proceden de otros países como Federico Valverde (18), Sergio Díaz (18) o el brasileño Augusto (17 años) y otros son niños de la propia cantera, como Febas, Tejero o los hijos de Zidane, Enzo y Luca, que prometen. Y, como digo, todos son insultantemente jovencísimos. Lo que hace ahora el Club es cuidarlos, formarlos y convertirlos en jugadores susceptibles de participar en el primer equipo. Porque, detrás de ellos, viene también una generación interminable de juveniles que garantizan el futuro brillante de la institución (los equipos juveniles A, B y C del Real Madrid han ganado este año –los tres– sus ligas respectivas).

Con ese panorama, cabe preguntarse: ¿Es que no hará el Real grandes fichajes este verano? Hace unos meses, la prensa especulaba de forma infundada con toda clase de nombres. Pero a medida que pasa el tiempo y el Club consigue éxitos, semejante fiebre se va desvaneciendo… es posible que sí llegará alguno de los grandes, siempre que sus clubes (y los representantes) no se vuelvan locos. Yo sólo apostaría por uno o dos de estos tres nombres: Hazard (Chelsea), Dybala (Juventus) y Mbappé (Mónaco), y siempre que salga/n alguna/s estrella/s de la actual plantilla. Quizá es que Florentino ha comenzado a pensar que esas estrellas rutilantes que hoy ofrece el mercado quizá no mejoren lo que él tiene y, así, se podría ahorrar unos cuantos millones; pero les traerá, claro, si los considera rentables desde el punto de vista comercial.

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