Cristiano Ronaldo la lio parda en París, mientras recogía su quinto balón de oro, igualando así a Lionel Messi (que estaba sentado a su lado). Los dos han reinado en este galardón durante la última década y siempre perdurará en la mente de los aficionados la enconada pugna que están librando por alzarse con la hegemonía individual de un deporte que, en esencia, es colectivo. El Balón de Oro lo organiza y concede la revista France Football, que publica siempre, horas después de la ceremonia, una entrevista con el ganador de turno. Y en este caso, Cristiano se despachó con algunos titulares que se hicieron virales, por polémicos, en cuestión de minutos. Por ejemplo, cuando se autoproclamó como “el mejor jugador de la historia” (no mundial, este año, sino de la Historia del Fútbol). ¿Demasiado?

Supongo que CR7 debe estar plenamente convencido de lo que declaró, lo doy por hecho, pero ha molestado a muchas personas que así lo hiciera, porque piensan que cometió un imperdonable pecado de soberbia, egocentrismo, falsa modestia o como se quiera llamar.

Cristiano lo argumentaba así: “Respeto las preferencias de todos, pero no veo a nadie mejor que yo. Ningún futbolista hace cosas que yo mismo no puedo hacer, pero veo que hago cosas que otros no pueden hacer. No hay un jugador más completo que yo. Soy el mejor jugador de la historia, tanto en los buenos como en los malos momentos“, dice. “La gente puede preferir a Messi o a Neymar, pero nadie es más completo que yo”.

Me interesa esta polémica, que no es nueva, y sobre la que ya he escrito en ocasiones… En principio, porque creo que Ronaldo y Messi no son muy comparables, salvo por coetáneos. Y en lo único en lo que se pueden comparar es en el número de títulos logrados, tanto de clubes (en ello influye, mucho, el juego colectivo y los jugadores que te acompañan) como individuales (y en este aspecto, en los últimos, años gana Ronaldo). Pero me pregunto, porque me sorprende, cuál es el impulso natural o la estrategia que sigue Ronaldo para atreverse a decir que es el mejor de la historia.

Con el afán de llegar un poco más al fondo de esta polémica tan alimentada, llamé a mi amigo Ricardo Gómez Díez, consultor y profesor experto en gestión de activos intangibles (marca, reputación, identidad, cultura y talento). Ricardo, como yo, está muy interesado en entender la creciente –por no decir desmesurada- influencia de los intangibles en el mundo del fútbol. Las nuestras son siempre conversaciones privadas, pues para nosotros se quedan; muy centradas en aspectos profesionales y académicos (en esto, mucho más él que yo). Pero en esta ocasión, le he pedido autorización para publicar aquí -siquiera parcialmente- aquel intercambio de ideas, por si pudiera ser interesante para el lector, además de algo esclarecedor. Y, más o menos, transcurrió así:

Carlos Agrasar.- Ricardo, lo primero y más fundamental: ¿qué crees que impulsó a Cristiano a hacer aquella declaración? o ¿por qué crees que decidió hacerla?
Ricardo Gómez Díez.- Pienso que la personalidad de Cristiano Ronaldo es determinante, como en el caso de cualquier profesional, en las actitudes y los comportamientos que transmite: es evidente que, en su caso, la necesidad constante de reclamar la atención y recibir el reconocimiento externo para sentirse estimado y apreciado por los demás de una manera superior a lo que es habitual en otros deportistas es la principal explicación de su, digámoslo así, egolatría.

C.A.- Recuerdo a Fernando Prado (Reputation Intelligence) explicando hace unos días que “La marca es cómo te muestras, mientras que la reputación es cómo te perciben”. ¿No piensas que Cristiano se está enfocando demasiado y sobre todo a vender su marca y que se olvida de su reputación?
R.G.D.- La reputación forma parte de la marca de una persona; diría más, es su principal elemento hoy en día, en la medida en que las marcas son más lo que piensan de uno que lo que uno mismo, como en el caso de Cristiano Ronaldo, se esfuerza en transmitir. Pienso que CR ha caído en un error muy común y es pensar que lo que tiene más valor es lo que es más fácil, hablar de uno mismo y no esperar a que sean los demás los que lo hacen de uno. En ese sentido, es coherente con su personalidad y, por qué no decirlo, con la sociedad en la que crecientemente vivimos, necesitada de una atención constante. Pero el juicio de las cosas y de las personas sigue siendo de los demás y el peligro en el que se cae con este tipo de actitudes es el de convertirse en una especie de marca ‘kleenex’, de usar y tirar; es decir, que pase muy rápidamente al olvido tras su retirada deportiva y no pueda seguir desarrollando otras actividades profesionales gracias a la falta de cuidado de la misma (su marca) durante su carrera futbolística.

C.A.- Me parece, por lo leído y oído durante estos días, que las declaraciones tan ‘engoladas’ del jugador no han gustado ni entre sus propios fans… Quizá quien lo asesore –si es que tiene a alguien– se haya olvidado de algo que dice Justo Villafañe, otro de los expertos en la materia: “La reputación es nuestra, pero no nos pertenece” [porque depende de la opinión que los demás tienen de nosotros…] ¿No debería tener en cuenta eso Cristiano? ¿Qué opinas?
R.G.D.- La reputación no es nuestra, por eso no nos pertenece, y en realidad es lo que más valor tiene de una marca, además de ser fruto bastante directo, en el medio y largo plazo, de nuestra propia identidad. En el ejemplo concreto de Cristiano Ronaldo no deja de ser una contradicción, porque en el fondo es lo que más valora y busca: el reconocimiento de los demás (en el caso de la reputación lo traducimos hablando en el terreno emocional de cuatro niveles de conexión en la relación con los demás: el respeto, la confianza, la estima y la admiración). CR ha logrado con los años llegar al último estadio; sin embargo, quizás ha olvidado que, como en el caso de las parejas que rompen, todo se empieza a desmoronar si, al llegar a la admiración del otro, el otro (en este caso sus seguidores) te pierde el respeto. Ahí todo tiene difícil arreglo y la desconexión es un hecho. Algo de eso ha empezado a ocurrir y creo que él lo nota, aunque, claro, debido a su ego (coraza, viendo su historia personal se ve claro cuál es y por qué surge) lo achaca a los demás, no a sí mismo.

C.A.- Jorge Valdano, hombre del fútbol y con buena cabeza, piensa que “Cristiano es el ego más rentable de la historia del fútbol” y lo dice en el sentido de que, frente a otros egos del balompié (hay muchos, muchísimos), que se echan a perder por exceso de confianza, Cristiano pone el suyo a trabajar cada hora, cada día, cada semana… ¿Crees que lo que busca CR7 con esta forma de ‘venderse’ es, sobre todo y fundamentalmente, ganar mucho más dinero?
R.G.D.- De eso no hay duda, pero sigo pensando que, como la mayoría de personas, busca fuera lo que solo puede darse él mismo; quizás incluso más que otros jugadores, de ahí su mayor ego. En todo caso, también hay egos y egos y, siguiendo lo que decía Valdano, es posible que CR sea el ego más rentable de la historia del fútbol, pero también uno de los más ‘feos’ por lo excesivamente evidente y, a veces, desagradable. No olvidemos que toda marca entraña detrás una promesa y es la de mejorar la vida de los demás y hacerlos sentir mejor consigo mismos: hay egos que, gracias a su aparente humildad -quizás sea el caso de Leo Messi-, lo logran con mayor facilidad. En esto que digo puede estar la clave de todos los análisis comparativos que se establecen entre uno y otro desde hace ya unos años.

C.A.- Me he preguntado a menudo si en el fondo de todo este asunto no está, simple y llanamente, la personalidad y el carácter del jugador [y ya sabemos -como nos dijo el filósofo griego Heráclito hace ya unos cuantos siglos- que “El carácter es el destino”]. Cito esto porque su apoderado Jorge Mendes, una de las personas que mejor lo conoce [es como un padre para el jugador] ya nos lo advirtió hace tiempo: “Cristiano será el mejor jugador de todos los tiempos; solo vive para eso, solo trabaja para eso, y nadie posee su voluntad para lograrlo”. Bien, admito que los hechos han demostrado que aquella no fue tan solo una frase bonita, ni un brindis al sol… Ha resultado bastante cierta. Pero ese esfuerzo descomunal ¿le da derecho a caer en una actuación de tan aparente ‘soberbia’?
R.G.D.- Efectivamente, Walter Benjamin escribió precisamente una obra titulada así, ‘Carácter y destino’, en la que afirmaba que “el tiempo del destino es el tiempo de la Historia, una bien tratada y consecuente sucesión argumental de designios propuestos, perseguidos, contenidos en campos de batalla y alcanzados o frustrados”. Si esa voluntad logra su propósito o se ve frustrada en su intento, la Historia lo dirá, no él o su representante. Lo que sí es verdad es que, frente a talentos más naturales, de nuevo quizás como el de LM, en su caso el talento parece más trabajado -en línea con lo que decía Picasso de la inspiración- y fruto de la laboriosidad. La pregunta es por qué esa parte que, en principio debería de resultar más atractiva para los aficionados al fútbol en todo el mundo, no resulta determinante en la comparativa entre ambos. Quizás porque nos gusta creer que somos más racionales, justos y trabajadores de lo que somos. O porque la originalidad, como la creatividad, están más relacionadas con cierta ociosidad más que solo con el trabajo. En la vida, además de trabajo duro, hay que tener, para triunfar y llegar a lo más alto, una buena dosis de suerte o, lo que los antiguos denominaban ‘estar tocado por los dioses’, de donde surgía, por cierto, el carisma y de ahí el carácter (que en inglés no significa genio, sino identidad). En Gestión de la Reputación hablamos de la reputación de competencia (la capacidad de desempeño profesional) y la reputación de carácter (la actitud personal en relación a los demás). Para obtener una reputación excelente por parte de los otros es necesario que ambas se encuentren en un nivel máximo, porque solo entonces se produce un efecto multiplicador, más allá de la mera suma de ambas. Por el contrario, si una se encuentra muy alta y la otra muy baja, la primera no compensa el déficit de la segunda. Algo de eso le ocurre a Cristiano Ronaldo.

C.A.- ¿Qué papel crees que juega en esta forja del carácter de Cristiano la existencia de Leo Messi? ¿Consideras que en tanto sentimiento anti Cristiano Ronaldo como se está detectando tiene algo que ver el ‘factor Messi’?
R.G.D.- Sin duda las reputaciones son comparativas, porque la mente lo es y establece las percepciones a partir de las comparaciones entre una cosa y la otra, entre una persona y la contraria. Los rasgos de personalidad de CR se ven acrecentados negativamente en el contraste con los de LM. Ahí, la coincidencia en el tiempo (segunda década de este nuevo milenio) y el espacio (la liga española) no le ayudan en absoluto. Existe un factor del que no muchos expertos hablan en reputación y que está demostrado empíricamente que contribuye decisivamente a la admiración: la generosidad. Lo que se castiga o premia no es la existencia de un ego poderoso, sino la puesta al servicio de los demás o no de las capacidades que ese ego aporta o de las que dota a una persona.

C.A.-Este mismo sábado, tras ganar el Real Madrid un nuevo Mundialito de Clubes, Cristiano no quiso alimentar más la polémica, limitándose a decir que “los números hablan por sí mismos”. Me pareció una estrategia calculada, que soslaya la percepción de los intangibles y se fundamenta en la de los tangibles. Por un lado, creo que lo hizo para no echar más leña al fuego; pero, al tiempo, también para dejar claro que los datos objetivos le dan la razón… “Qué voy a decir… los números hablan por sí mismos. Respondo en el campo, estoy muy feliz, he ayudado a ganar el trofeo, el equipo está fenomenal y… otro título más”. En este caso, creo, un mensaje para Florentino Pérez a quien demanda una nueva renovación millonaria. ¿Tú crees que se va a apear de la burra en algún momento o que tendremos CR7 en estado puro hasta que se retire?
R.G.D.- Creo que solo el fracaso -y no siempre- corrige los errores del exceso de ego o del ego mal enfocado. Por el contrario, el éxito -en especial si llega muy pronto en la vida- los agranda, lógicamente, al hacernos olvidar de nuestras áreas de mejora y enfocarnos en lo que ya hacemos bien. Ya decía el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, aquello de “he sido afortunado en la vida, nada me ha sido fácil”. A veces en el deporte, como en la vida, ganar es perder y perder es ganar. Esa idea es la que fundamenta el movimiento olímpico y la creencia de su fundador y primer presidente del COI, el barón Pierre de Coubertin, en que “lo más importante del deporte no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es el éxito, sino el camino que se recorre y el aprendizaje que se obtiene esforzándose en conseguirlo”, añadiendo que “por eso lo mejor que tienen los sueños es que, en ese sentido, se pueden hacer siempre realidad”.

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