Parece que Gerard Piqué, ese futbolista tan magnífico que está marcando una época como central del Barça y de la Selección Española, ha decidido no perder la más mínima oportunidad de convertirse en un ‘bufón de palacio’, repartiendo a diestro y siniestro críticas desaforadas y gestos contra el Real Madrid, tan gratuitos como obsesivos. Este martes protagonizó el último episodio en el estadio parisino de Saint Dennis, después de que nuestra selección se impusiera a la de Francia por un resultado de 0-2 que casi todos han considerado justo. Pero el jugador dejó sembrada de ‘minas’ la zona mixta con sus declaraciones y eclipsó tan importante victoria.

No sé si el antimadridismo tan visceral que esgrime Piqué emana única y exclusivamente de su interior (y fluye de forma natural) o si también es por representación (encargo). Quizá responda a una calculada estrategia a corto-medio plazo para llegar a la presidencia del Barça –deseo que él mismo ha declarado en ocasiones- y piense que el sentimiento compartido por sus correligionarios le allanará tal vez ese camino. Sea como sea, en todo caso creo que Piqué está dando muy mal ejemplo a quienes pensamos que –y siento que somos muchos- que el deporte debe cimentarse sobre victorias, éxitos y marcas personales basadas en el esfuerzo y en el espíritu de superación… y no en ‘sentimientos anti’ (de ninguna clase), en atajos impresentables (como ganar en los despachos) o en el fomento de la violencia (sea siquiera verbal). Claro que Piqué haga y diga todo lo que hace y dice sin darle la más mínima trascendencia, porque –como dijo el martes con total desfachatez- “todo esto es un show”. Lo veo como otro ejercicio de total irresponsabilidad.

Piqué aseguró sin recato alguno que no le gustan nada “los valores que transmite el Real Madrid”. ¿Se imagina acaso Gerard lo que supone esa descalificación? ¿Sabe lo que significan esos valores? ¿Acaso se refiere a los que han cimentado una historia de casi 115 años y han convertido al Real Madrid en ‘El Mejor Club del Siglo XX’ o en la entidad deportiva más importante hoy del planeta tierra?

Pues no. Parece que se refería tan solo a un aspecto marginal: no le gustan las caras que se pueden ver en el Palco del Bernabéu en los días de partido. Y lo critica porque, en ese palco –que por cierto cuenta con más de mil localidades- él puede descubrir a personas a las que considera culpables de las imputaciones, condenas y multas impuestas a sus compañeros de equipo (Messi, Neymar o Mascherano, por ejemplo) por sus faltas o delitos económicos. “No tengo ningún problema con los jugadores del Madrid; a algunos los aprecio muchísimo y son amigos, pero lo que no me gusta de ese club son otras cosas.  Es ver en el palco, sentada al lado de Florentino, a la persona que imputó a Messi o a Neymar, y que casualmente tiene un trato diferente con Cristiano. No me gustan los hilos que se mueven allí; esto ha sido así siempre… Pero con los jugadores no tengo ningún problema, con casi todos somos amigos y juego a las cartas con ellos [¿…?]. Pero me preguntas y yo contesto lo que siento. No me arrepiento de nada”.

Por supuesto, Piqué se cuidó muy mucho de no citar nombres. “Ya sabéis de quién os hablo. No sé el nombre de la juez, pero no vamos a pasar lista, como Mourinho. Sabemos cómo funciona y como esta son muchas”. Unas acusaciones calculadamente crípticas que demostraban odio visceral a esas personas, ignorancia supina sobre los procedimientos judiciales (sólo imputan los jueces y no los fiscales) y, sí, también ciertas dosis de cobardía… ¿De quién hablaba Piqué? Se estaba refiriendo en este caso a Marta Silva La puerta, la abogada general del Estado; pero en otras ocasiones ha acusado también a ciertos miembros del Gobierno, a quienes el bueno de Gerard atribuye una ilimitada capacidad ‘conspiranoica’. Por supuesto, evitó plantear que si la Fiscalía ha condenado a Messi o a Neymar, quizá es porque hubiera indicios (hoy probados) de comisión de delitos (y eso para él no debe ser importante); o que si Marta Silva, Mariano Rajoy o algunos ministros acuden al palco del Bernabéu, quizá lo hagan en virtud de sus cargos institucionales o por su declarado madridismo… ¿Acaso en el palco del Camp Nou no se ven personalidades de todo tipo, que también ostentan cargos institucionales en Cataluña? ¿Alguien puede criticar al Barça por eso? ¿Es que no recuerda Piqué haber visto allí muy a menudo al expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, hoy imputado junto a toda su familia por unos cuantos delitos económicos? ¿Es que no sabe Piqué que hay en su palco, en cada partido, representantes políticos que defienden la independencia de Cataluña y que allí se mueven los hilos de la política catalana? Seguramente lo sabe, pero en este caso no le debe parecer nada mal.

Por todo ello, ¿a qué se refiere Piqué cuando descalifica “los valores que transmite el Real Madrid”? ¿Tiene acaso idea del daño gratuito e innecesario que hace a ese sentimiento colectivo que se conoce como madridismo? Supongo que no deberá extrañarse cuando le piten por esos campos de Dios… Y no serán solo silbidos de los seguidores blancos, pues en su delirio de grandeza incluso también está llegando a criticar a sus propios seguidores. Es lo que sucedió cuando se dedicó a criticar a los seguidores culés por haber increpado desde la grada a su compañero André Gomes, durante el partido de liga contra el Valencia: “La gente que silba antes de que un jugador entre en el campo se puede quedar en casa la próxima vez, es intolerable y o ayuda ni al equipo, ni al futbolista, ni a nadie… Una cosa es que se recrimine una mala actuación a alguien, pero pitar sin que haya jugado todavía baja la moral a la persona y le hace perder confianza en sí misma. Estoy muy molesto con quienes le han silbado”.

¿Quién se cree Piqué para ordenar a los socios y aficionados que no hagan lo que deseen hacer, si son ellos los auténticos dueños de ese club? ¿Cómo se atreve a evidenciar su contrariedad y a ordenarles que se queden en casa? Me parece muy fuerte, la verdad, y pienso que a este muchacho se le ha empezado a ir ‘la olla’. Lo más curioso es que su club, lejos de darle un bien merecido toque por este comportamiento, le ha dado la razón (el vicepresidente primero ha declarado que el bueno de Piqué “no ha dicho ninguna mentira”). ¿Acaso no hubiera sido más procedente recordarle que la afición es soberana y que conviene acatar su veredicto sin rechistar?

Piqué nos tiene acostumbrados a frecuentes escándalos y salidas de tono. Por ejemplo, cuando habla de los árbitros y dice que son profesionales con muy bajo nivel (“es algo muy normal decir que los árbitros tienen que subir el nivel. Y hay muchísima gente de acuerdo, no hay nada malo en decirlo; hablo en general del estamento arbitral, y ya me han multado”); cuando acusa a los colegiados de favorecer al Real Madrid (según él, le han dado al Madrid o quitado al Barça ocho puntos en esta liga); o cuando le preguntan si el videoarbitraje (VAR) del partido contra Francia había beneficiado a La Roja en las dos ocasiones en que se utilizó: “¿El VAR? Todo se resume en que íbamos de blanco”. En este caso, hacía una alusión irónica de mal gusto al hecho de que nuestra Selección vistió su segunda equipación [la blanca]. El Real, al que muchos seguidores piden dura respuesta, ha decidido recordar al jugador que los valores del club blanco son “la humildad y el respeto”. Y creo que con esa intencionada referencia debería ser suficiente.

Tampoco nos olvidamos de las acusaciones contra el Real Madrid porque manipula los sorteos de la Champions, en detrimento del Barça (a quien siempre le tocan los cruces más difíciles)… ni del partido contra Albania, donde él jugó con las mangas recortadas sin mostrar ningún símbolo español; ni de cuando anunció que dejará la Selección tras el Mundial de Moscú (2018): “He leído que si Twitter me ha echado, que si AS y Marca me han echado con sus noticias, o que si me ha echado la marioneta de Florentino con su planfleto ‘OK Diario’ [en referencia a Eduardo Inda]. Es una decisión que he tomado yo, que merezco irme cuándo y cómo quiera”.
Sin duda, Gerard tiene ese derecho. No creo que nadie se lo niegue. Pero podría ejercerlo sin desplantes ni acusaciones innecesarias, sin actitudes que podrían llegar a ser generadoras de violencia. Espero que a Pique no se le haya ido el control de sus actos, pues su capacidad de ‘provocar’ a través de las redes sociales (cuenta con muchos seguidores) podrían convertirlo en un personaje peligroso, por incontrolable e ‘incendiario’. Las redes son uno de los terrenos mejor abonados para los nuevos populismos y Piqué nos demuestra que le encanta transitar por sus prados y caminos…

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