Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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El paréntesis del fútbol

El paréntesis del fútbol

Cada cuatro años el mundo abre un tiempo a la fantasía. Es la Copa del Mundo. El fútbol no ha sido siempre un ritual inocuo. Puede precipitar una guerra en toda forma, como la de Honduras y El Salvador en 1969. Puede provocar brotes repugnantes de chovinismo y racismo (como ocurre, con frecuencia preocupante, en los estadios europeos). Puede servir como cortina de humo, como ocurrió en Argentina, en 1978, cuando los generales, aprovechando la euforia del triunfo, acrecentaron su política genocida. Puede alentar espejismos ridículos sobre el destino de una nación encomendado a 11 muchachos persiguiendo un balón (“Por qué no le dan una pelota a cada uno, y se acaban los problemas”, dijo más o menos Borges). Pero en este mundo violento y discorde, el paréntesis es bienvenido.

(…)

El fútbol es solo un juego. En sí mismo no llega a nada, no resuelve nada. Pero por algo lo practicaron y amaron Albert Camus, Vladímir Nabokov y Dimitri Shostakóvich: nos recuerda la dimensión lúdica de la vida, nos permite, en un breve paréntesis, volver a la Edad de Oro. El buen espíritu deportivo dicta “que gane el mejor”. Ojalá que el mejor sea un equipo de nuestro orbe cultural.

Del artículo publicado el 12 de junio de 2014 en ‘El País’ por Enrique Krauze, escritor  mexicano y director de la revista Letras Libres. Se puede leer íntegro en http://www.almendron.com/tribuna/el-parentesis-del-futbol/

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