Como saben bien las personas que se acercan habitualmente a este blog, Rafael Nadal es posiblemente una de mis mayores debilidades. Escribo sobre él con frecuencia porque Rafa es el deportista a quien más admiro. Considero que se trata de un campeón que, como pocos, sabe competir, atesora valores, mantiene el tipo tanto en la victoria como en la derrota, se pone objetivos y hace todo lo posible por alcanzarlos, respeta a sus rivales de forma sincera… y, además, porque es todo un ejemplo (encomiable, desde mi punto de vista) para esos niños que sueñan con llegar algún día a ser, siquiera, una mínima parte de lo campeón que él ha llegado a ser…

Cada vez que Rafa hace o dice algo pongo toda mi atención y diseño el pertinente mecanismo de seguimiento. ¿Cuántos de nosotros, en nuestras actividades diarias, soportaríamos un control semejante? Yo no, desde luego. Y no lo hago por criticarlo, ni por pillarle en un posible renuncio; lo hago justamente por lo contrario: para poder seguir admirándole cada día más. Como todo buen aficionado al deporte seguramente conoce, Nadal disputa hoy la semifinal del torneo de Gran Slam de Australia; se trata de un hito que no conseguía desde hace casi tres años, debido a una larguísima racha de lesiones, etapas de duda sobre su continuidad en el tenis y alguna que otra ‘crisis’ de juego que le llevó a cuestionárselo todo… Pero aquí le tenemos de nuevo, desafiando a las leyes de la naturaleza (ya ha cumplido los 30) y jugando un gran tenis frente a campeones mucho más jóvenes que él.

Tengo muy presentes unas declaraciones suyas a The Times, en noviembre pasado, cuando aseguró que estaba “dispuesto a morir para volver a competir por todo”. Y desde luego que lo está consiguiendo, a pesar de que el deporte no sea precisamente una ciencia exacta. Por eso Rafa es tan fiable y le quiere tanta gente. Y por eso yo le admiro (perdón por repetirme).

Rescato la esencia de esas declaraciones, realizadas hace poco más de un mes al rotativo británico: “Voy a trabajar más que nunca para intentar que eso suceda y tengo la gran determinación de volver a luchar por cosas importantes”. Nadal reconocía que el último año (2016), en el que se había visto muy perjudicado por las lesiones fue duro, porque se lesionó en el peor momento posible, cuando estaba jugando muy bien y disfrutando en la pista. “Pero eso es parte de la vida y tengo que ser positivo y seguir trabajando duro, y mi principal objetivo ahora es recuperarme y estar preparado la próxima temporada. Y voy a morir por eso. Estoy muy motivado para volver donde estaba antes de sufrir la lesión, porque me siento preparado”.

Debido a esas feas y reiteradas lesiones, mucha gente no daba un duro por su futuro competitivo. Lo hemos leido con frecuencia. Pero su fortaleza mental y su determinación se van imponiendo, de nuevo, y nos recuerdan quién es Rafa: el de los viejos tiempos, como demostró este mismo miércoles -en cuartos de final- frente al joven canadiense Milos Raonic, uno de los jugadores con más talento (y futuro) del circuito. Como digo, esta mañana juega contra el búlgaro Grigor Dimitrov, que también está mostrando un momento de forma excepcional (no ha perdido ni una sola vez en este año); si Nadal consiguiera derrotar hoy a Dimitrov, el domingo volvería a jugar una final –tantos meses después– nada más y nada menos que contra su amigo y eterno rival Roger Federer, quien ayer apeó de la competición a Wawrinka en cinco sets. Quizá una de las finales más ‘clásicas’ y apasionantes de las que hoy se pueden ver en el circuito.

¿Dónde están las claves de este recuperado Rafa? Se está escribiendo mucho estos días (y bastante más que se escribirá, me atrevo a aventurar, si finalmente Nadal saliera campeón en Melbourne). Entre todo lo leído me gustó mucho el análisis que hacía Alex Corretja, otro de nuestros excampeones, amigo de Nadal y uno de quienes mejor le conocen (Alex fue capitán de España en la Copa Davis durante 2012-13). Hoy es comentarista en Eurosport.

Alex destaca dos claves vinculadas al propio juego: “Rafa está muy agresivo y moviéndose muy bien la pista. Llevaba muchos años al máximo nivel y no siempre se puede estar sin problemas o sin lesiones. Está bien físicamente, tuvo tiempo para desconectar mentalmente y está muy bien. Yo le veo feliz. Ha recuperado la fuerza, hace muy buenos apoyos y es capaz de llegar a bolas imposibles. Sus rivales han de estar extremadamente bien para ganarle un punto”.

En opinión de Corretja, lo mejor que pudo hacer Rafa fue parar, descansar, recuperarse de todas sus lesiones y reconsiderar su juego de una forma integral, después de un año un tanto irregular: “Se lesionó en Roland Garros, llegó con poco bagaje a Wimbledon, logró la medalla en dobles en los JJOO y en el Open USA hizo un gran esfuerzo. Para él fue bueno parar y descansar. A estas alturas, a Nadal lo que le va a medir son los Grand Slam”.

El de Australia es el primero de los grandes torneos de la temporada y por ahora todo está rodando a la perfección. Algo en lo que sin duda le habrá ayudado la incorporación de su gran amigo Carlos Moyá a su equipo técnico, como entrenador/‘sparring’ de auténtico lujo. Moyá viaja con Rafa y entrena a diario con él. Moyá, otro ex capitán de la Copa Davis y ganador de un Roland Garros, también se ha incorporado a la Academia de Nadal en Manacor como responsable de los entrenadores. Sin duda, un fichaje de mucho ‘calado’.

Otro ex campeón del torneo de París, Gastón Gaudio, también ha destacado la fortaleza mental de Nadal como base de su resurgimiento competitivo: “Tiene una cabeza de un tipo superdotado. Mentalmente es algo único. No creo que haya nadie con la actitud de este chico”. De esa fortaleza mental emanan varias claves más: su capacidad de sufrir y pelear hasta el último aliento cada punto, su planteamiento estratégico de los partidos, la superioridad mental sobre sus adversarios (a quienes siempre respeta) y su impresionante capacidad de concentración (algunos partidos duran hasta cuatro horas). En todo eso lleva en la frente el sello inconfundible de su tío y entrenador Toni Nadal.

Y, por encima de todas esas cualidades, yo destacaría otras: su pasión por el juego, el respeto por su afición y su dignidad para no consentir que sean unas tortuosas lesiones las que finalmente le retiren del tenis –y le aparten de esa afición– de forma tan penosa. Rafa es consciente de que algún día (y así lo ha declarado en ocasiones) le llegará el momento del adiós y él se está preparando para ello a través de la ‘Rafa Nadal Academy by Movistar’ , pero ese momento prefiere elegirlo él.

A estas alturas, no parece un secreto que Nadal tiene su vida resuelta económicamente, a pesar de lo cual ha decidido arriesgar su patrimonio en el precioso proyecto de la Academia; que obtiene también importantes ingresos fuera de las pistas (publicidad, patrocinio y otros negocios) y que podría vivir sin necesidad de competir para llevar una vida en pareja con su novia Xisca más ‘tranquila’ de la habitual… Vamos, que no tendría por qué hacer semejante sacrificio como el que está haciendo para volver a ser el Rafa que conocemos. Sin embargo, ha decidido no escatimar en esfuerzos ni en sacrificios en lo que para mí constituye un maravilloso ejemplo de superación personal. Es otro más de los rasgos que le caracterizan y definen: el de la dignidad.

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