A estas alturas ya sabe todo el mundo que nuestra Selección Española de Baloncesto se coronó el pasado domingo en la ciudad francesa de Lille como nueva campeona de Europa, por tercera vez en poco más de una década. El mérito de esa victoria es mayor si tenemos en cuenta que el campeonato se disputó en ‘territorio hostil’ (a Francia la teníamos ganas porque nos apartó de los metales en el Mundial disputado en España en 2014 y había ganas de sana ‘revancha deportiva’), porque no pudieron llevar el mejor plantel posible (los ausentes podrían hacer una selección B muy competitiva), porque en la fase de grupos comenzamos jugando mal (sobre todo en defensa) y porque muchos –especialmente entre el periodismo derrotista- ya vaticinaban la catástrofe del equipo y la muerte de nuestra ‘generación de oro’.

Sin embargo, ese grupo de tan grandes deportistas -administrado y dirigido de manera  magistral por el seleccionador, Sergio Scariolo, y liderado por Pau Gasol- supo reaccionar a tiempo, con orgullo y rabia ante semejante desconfianza, con un juego que fue de menos a más (con actuaciones estelares de Pau, elegido MVP de la competición), hasta vencer a Alemania, Francia, Grecia… y a Lituania (80-63) en la gran final. Se comportaron como los auténticos campeones que son, reconociendo sin problema alguno y de forma unánime el liderazgo natural del mayor de los Gasol. Por eso, me gustaría centrarme en este post sobre las lecciones que nos da ese liderazgo, que nunca deberíamos olvidar y que muchos jóvenes deportistas tendrían que aprender, conocer y asimilar.

En primer lugar, me gustaría remarcar lo dicho: el liderazgo de Pau es “natural” y no viene impuesto por nadie, ni desde instancia alguna. Todos los jugadores de la selección lo han reconocido de forma expresa y unánime. Y eso tiene aún mayor valor viniendo, por ejemplo, de campeones como los del Real Madrid (Reyes, Rudy, Llull, el Chacho) que este año lo han ganado todo con su equipo (y cuando digo todo es todo) y que han sido contribuyentes netos a este éxito. Lo lógico es que ellos también quisieran haber disfrutado de las mieles del protagonismo (es humano), pero -como son inteligentes- han sabido reconocer y acatar la jerarquía de un líder superior.  “El secreto de Gasol es su inteligencia; tiene un cerebro extremadamente capacitado”, dice Scariolo (¡casi nada!). Y quizá por eso, otro de nuestros deportistas más carismáticos, Rafael Nadal, se rinde ante él: “Para el deporte español Pau Gasol  significa muchísimo y es un ejemplo a seguir”.

Pau sabe que el elogio debilita, pero afortunadamente ya ha ganado muchas cosas, está en su plenitud y tiene la cabeza bien cimentada sobre numerosos pilares sólidos, como se desprende de los hechos y declaraciones propias (valores) y de cómo le ven sus allegados, los que mejor le conocen, especialmente su entrenador (reputación):

Inteligencia (capacidad de análisis): “El título se ha ganado por darnos cuenta de los detalles, de que había que bajar el culo en defensa, ir de menos a más y estar unidos en cada momento… de creer en nosotros mismos y en los compañeros”.

Humildad: “No quiero que los halagos me quiten mi equilibrio como persona y jugador”.

Orgullo de pertenencia: Me gusta jugar, amo este deporte, tengo una gran pasión por este deporte… y jugar con España, con mi país, es algo muy especial y con lo que disfruto”. [Esta declaración resultó muy mediática, siendo Pau oriundo de Barcelona y en plena campaña electoral a las autonómicas de Cataluña. Tenía su trascendencia y así lo destacó Sergio Scariolo: “Que Pau Gasol, nuestro líder, se sienta a la vez catalán y español, en un grupo donde hay jugadores de sitios diferentes; que tenga esa forma de ver las cosas, de sentirse, de percibirse, es importante, porque nos une. Es así; son sus sentimientos”].

Capacidad de autocrítica: “La situación del equipo es muy diferente a la de hace un año. La gran diferencia es que el equipo está concentrado y trabajando junto con un objetivo desde el principio, mientras que hace un año hubo muchas distracciones. Ahora todo es diferente, es un escenario diferente, con diferente equipo técnico y otra cosa más: no fuimos favoritos desde el principio. Son muchas cosas”.

Capacidad de sacrificio:  “Supimos reaccionar en momentos críticos, trabajamos duramente, supimos sufrir y hemos finalizado el campeonato de manera estupenda”.

Espíritu agradecido: hacia sus compañeros: “Sin el apoyo de mis compañeros y su solidaridad no habría podido ganar este campeonato”; hacia su entrenador: “Para triunfar en un deporte de equipo es fundamental tener un buen entrenador y Sergio es muy, muy buen entrenador. Ha sabido conjuntar y sacar lo mejor de este grupo, que no es fácil”. Y hacia los aficionados: “Gracias a todos por seguirnos, animarnos, disfrutar y sufrir con nosotros, esta victoria también es vuestra”.

Asunción plena de su liderazgo: “Me considero un jugador importante que ha podido hacer cosas únicas gracias al equipo”. O bien: “Ser MVP es algo especial, sólo hay uno en cada torneo. Pero más que feliz por eso, lo estoy por cómo ha ido todo y cómo hemos jugado. Estoy muy agradecido a mis compañeros porque sin el trabajo de mis 11 compañeros y del equipo técnico no hay MVPS, no hay campeonatos. Estoy feliz de haber hecho mi parte y de haber estado a un nivel muy alto y de haber ganado esta medalla. El MVP es anecdótico”. [Para su entrenador, Scariolo, ese liderazgo indiscutido fue fundamental: “Hemos tenido un líder claro y, alrededor de él, todo el mundo ha aportado. Y eso hace feliz a un entrenador (…) Personalmente, considero una bendición tenerlo cerca”, admite el técnico, quien destaca el talento y los valores que transmite “con su ejemplo y sus palabras”, así como el hecho de que sentirse respetado por Pau sea “una fuerza añadida a la hora de manejar el grupo”].

Extraordinario espíritu competitivo: “Yo venía aquí a ganar, siempre juego a ganar, para mí no es inesperado. Hay personas que creían que no éramos el equipo favorito, pero hemos ganado a los equipos favoritos”. O bien esta otra: “Es uno de los triunfos que más he disfrutado, sin duda. No mucha gente apostaba por nosotros en este campeonato y hemos trabajado muy duro”.

Generosidad: “Me siento privilegiado por hacer feliz a la gente”, o bien: “Provocar ese sentimiento de felicidad, de ilusión y de motivación es muy reconfortante”.

Cuidado físico: “Estoy muy feliz de poder seguir jugando a un nivel tan alto a una edad (35) en la que muchos jugadores ya no lo pueden hacer. Creo que he sabido cuidar mi cuerpo lo suficiente para que esto sea así, pero nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo de mis compañeros y del equipo que hemos sido hasta esta misma final”.

Deseo constante de superación: “No he pensado aún si me retiraré de la selección tras los juegos. Ya veremos”. Pero poco después sucumbió ante esa fuerza interna: “Me gustaría ir. Uno de nuestros objetivos en este campeonato era clasificarnos. Ese era uno de los motivos para estar con el equipo este año. Si todo está bien con mi cuerpo, me gustaría ser parte del equipo, jugar nuestros (le acompañaba Felipe Reyes) cuartos Juegos y luchar por otra medalla”.

Ante semejante unanimidad, lo voy a dejar aquí. Me gustaría –reitero- que algunos responsables de nuestro deporte tomaran buena nota de qué es un líder, cómo se forja y cuáles son los valores que lo sustentan. Y me refiero, por ejemplo, al entrenador del Real Madrid, Rafa Benítez, cuando le preguntaron quién era el Gasol del Real Madrid: “Es Cristiano y espero que ayude al equipo a ganar títulos, como cualquier jugador que marca la diferencia”, respondió el entrenador blanco. Salvando distancias y conceptos, discrepo de forma educada con Benítez. Porque una cosa es ser un crack como jugador, y determinante para tu equipo, y otra es ser el líder. Cristiano no lo es, hoy por hoy, y tiene mucho que aprender de Pau (entre otras lecciones, las de tener un poco más de carisma o la de pensar algo más –siquiera un poquito- en sus compañeros).

O, también por ejemplo, se lo diría a los seguidores de Gerard Piqué que no entienden por qué se denosta al central del Barça cuando Pau y su hermano Marc han defendido su catalanismo esencialmente del mismo modo que Piqué (apoyando el derecho de los catalanes a decidir, sin que ellos se hayan definido sobre si quieren ser independientes o no). Pues bien, a esos seguidores les diría que se pregunten por qué Pau es el líder indiscutible de la Selección Española y a Piqué no lo han elegido sus compañeros ni como capitán del Barça (no digo ya de la selección, donde está a la greña con algunos de sus compañeros). Quizá la clave tenga que ver con una forma respetuosa de ver a España y con una manera de explicarlo. O, tal vez, con una forma inteligente de zafarse del asunto: “Yo me centro en lo mío y mis opiniones personales ahí se quedan. No me gusta que manipulen la opinión de deportistas en momentos de éxito”, dice Pau. ¡Buena lección! Y no, definitivamente, me parece que Piqué no tiene madera de líder.

Me quedaré, para terminar con la visión de liderazgo de nuestro Rey Felipe, aplicada a Pau Gasol: “Aparte de su calidad “como jugador y como persona” está su capacidad de liderazgo y de saber aglutinar a su equipo alrededor suyo”. Que tomen nota algunos, especialmente los jugadores ausentes en este europeo para que puedan apuntarse –todos– a los JJ.OO. de Río en 2016. Ojalá que allí, y de nuevo bajo el liderazgo de Pau, esta generación de oro pueda poner la guinda al pastel de su tan brillante trayectoria. Ante todo (y sobre todo) porque ellos se lo merecen.

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