Media Europa se hace cruces estos días preguntándose por qué el futbol español sigue, contra todo pronóstico, arrasando en Europa. Real Madrid y Atlético de Madrid jugarán el próximo día 28 la segunda final de la Champions en tres años (el año pasado, la ganó el Barça); y el Sevilla disputará el día 18 la Europa League en Basilea (Suiza) contra el Liverpool, que derrotó ayer al Villarreal (3-0) en Anfield, evitando así un pleno de equipos españoles en las finales continentales. Cuatro de cuatro hubiera resultado insoportable para quienes ‘fardan’ de ser lo más ricos porque son los que más ingresan (Inglaterra) o de gestionar mejor y de mirar más hacia el aficionado (como Alemania). Sin embargo, los hechos se han revelado, un año más, bien tozudos.

Las preguntas son múltiples y simultáneas y me gustaría reflejarlas aquí, siquiera de forma ligera y superficial, para comenzar a entender este fenómeno, que no es nuevo, pues viene desde el comienzo de este tercer milenio. Y tengo la impresión de que esas diferencias están en vías de ampliarse y no al revés.

Primero, los hechos: a finales de abril –cuando estaban a punto de arrancar las semifinales de la UEFA Champions League y la UEFA Europa League– España era la federación que más clubes aportaba a ambas competiciones. En principio, el fútbol español había metido a cinco equipos en la UEFA Champions League: Barcelona, Real Madrid, Atlético, Valencia y Sevilla. Dos de ellos, Atlético y Madrid, ahora han llegado a la final. En la UEFA Europa League pasaba algo similar, pues presentábamos a dos equipos: Athletic y Valencia, a los que luego se sumaron Villarreal y Sevilla, que ayer se jugaban su pase a la final. De hecho, la Federación española se ha convertido gracias a ello en la primera que supera los 100.000 puntos en el coeficiente por países.

Junto a este dominio de los clubes, que la propia UEFA no duda en reconocer, debemos recordar algunos otros datos: que nuestra selección es la campeona de las dos últimas ediciones de la Eurocopa de naciones (veremos lo que pasa este verano en la de Francia); que nuestros combinados nacionales de las categorías inferiores también destacan y que nuestro fútbol está siendo en los últimos años un auténtico vivero de jugadores profesionales para clubes de los cinco continentes. Y todos estos hechos y datos no pueden responder (eso creo) a simples o meras casualidades.

A mi modo de ver, hay un aspecto que se encuentra en el origen de ese ‘milagro’. Lo destacaban precisamente esta semana los presidentes del Consejo Superior de Deportes (CSD), Miguel Cardenal, y de la Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas, al presentar el Informe Económico del Fútbol Profesional de 2015, en el que destaca el incremento de los ingresos y la reducción de la deuda de los clubes con Hacienda. Sus responsables esperan alcanzar los 3.200 millones de euros de ingresos en la temporada 2016-2017 y superar así a la Bundesliga alemana.

Cardenal destacó que hoy “el fútbol español es admirado por sus resultados y su fortaleza institucional”. Por su parte, Tebas confirmó que: “Los clubes profesionales han cumplido con éxito su gestión económica de la temporada 2014-15, que arroja un aumento del 12,3% de los ingresos hasta llegar a los 2.615,6 millones de euros. Y no dudó en mojarse en relación a esta tendencia: “la próxima temporada será todavía mejor”.

Tras hablar de una “cifra récord de ingresos”, el presidente de la LFP también se refirió a la reducción de la deuda (81,8 millones de euros), especialmente la contraída con Hacienda, que en septiembre de 2015 se situó en 327,9 millones. Y también hubo una mención a los beneficios generados por la venta centralizada de los derechos audiovisuales. “Hace años había escepticismo, pero los clubes se han concienciado y han ganado esta competición; por eso hay que reconocer a todos sus dirigentes y responsables que también son de Champions. Insisto: la próxima temporada será todavía mejor. Hace cuatro años nos merecíamos la crítica pero hoy los clubes profesionales merecen el reconocimiento de la sociedad española”, afirmó Tebas. Y del fútbol europeo, apostillo yo. Es decir, nuestros clubes están saneando sus economías a marchas forzadas. Ello evita críticas desde Europa (por supuestos agravios comparativos), fortalece la gestión de nuestros clubes (son más sólidos) y mejora su capacidad competitiva. Aquí las pruebas.

Tengo para mí también que en España están jugando hoy los mejores futbolistas del mundo. Es cierto que otros países tienen más potencial económico y gozan de más proyección internacional… pero lo cierto es que sus clubes no ofrecen el suficiente atractivo para los jugadores estrella. Simplemente porque, al final, no ganan. Esa clase de jugadores necesita opciones claras de victoria, para poder construir su propia reputación de campeón. Recuerdo que los cinco fichajes más caros de la historia del fútbol han sido, por orden de mayor a menor, los de Bale, Cristiano, Luis Suárez, Neimar Jr. y James. ¿Hace falta decir a qué clubes pertenecen?

Desde Inglaterra, y sobre todo Alemania, se ha insistido hasta ahora en que las cantidades desorbitadas que se han pagado por esos jugadores no se justifican… Pero esa tendencia está cambiando en esos mercados y, sobre todo, con la llegada de jeques, magnates y grandes empresarios foráneos al fútbol europeo. Estos nuevos empresarios del fútbol están haciendo crecer a sus clubes a golpe de talonario, aunque por ahora sin mucho éxito porque el rendimiento deportivo de dichos clubes apenas trasciende de sus propias ligas.

Me preocupa un poco más, si acaso, lo que está sucediendo en la Premier League con la llegada de montones de dinero procedente de los derechos televisivos. Ese va a ser el gran salto diferencial con el resto de competiciones nacionales si éstas no se mueven con rapidez (España, entre ellas). Se puede imaginar lo que digo con la lectura de un trabajo bastante completo publicado por la BBC hace ahora poco más de un año: “Los US$7.700 millones (£5.100 millones) que pagarán las cadenas SKY y BT Sport representan un crecimiento de más del 50% de lo recaudado para el trienio entre 2013-2016. A esto hay que sumar lo acordado con la BBC, que pagará más de US$300 millones por transmitir un resumen semanal, además de los derechos de transmisión por internet, en diferido y en el resto del mundo, que en la pasada licitación logró recaudaron un monto cercano a los US$3.500 millones. Esta cifra se refleja en la lista de los equipos de fútbol más ricos del mundo, publicada recientemente por la consultora Deloitte, en la que los clubes de la Premier League ocupan 14 de las 30 primeras posiciones”. Y eso se puede empezar a notar pronto, pues el fútbol inglés ya protagonizó el mercado de fichajes en 2014, con operaciones por valor de 1.200 millones de dólares, un 67% más de lo que se gastó en nuestro país.

La realidad es que, mientras tanto, el fútbol europeo cada día habla más en español. No sólo por la diáspora de futbolistas patrios (más de 200, según algunas fuentes), que nutren diferentes ligas; también exportamos entrenadores y gestores, que están inspirándose en nuestro modelo para hacer a esos clubes más competitivos. Por ahora, más dinero no se traduce en mayores éxitos. Pero no sé lo que puede durarnos esta época dorada. Confío en que este tren no nos arrolle, porque en términos económicos, el fútbol profesional generó en 2013 más de 7.600 millones de euros, contabilizando los efectos directos, indirectos e inducidos, lo que representó un 0,75% del PIB español. Y no parece poca cosa.

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