Es un hecho bien conocido que la Audiencia Provincial de Barcelona condenó la semana pasada al jugador del Barça, Leo Messi, y a su padre, a 21 meses de prisión por tres delitos fiscales. En junio, fueron juzgados por supuesto fraude de 4,1 millones de euros a Hacienda durante los ejercicios 2007, 2008 y 2009, como consecuencia de no haber tributado en España los ingresos de 10,1 millones percibidos por los derechos de imagen del delantero argentino durante ese periodo. El Tribunal califica de “extrema gravedad” el fraude cometido ignorando el alegato de los Messi, en el sentido de que ellos eran “profanos” en derecho fiscal y que, por esa razón, habían recurrido a un prestigioso bufete de abogados (el de Juárez Veciana). “Yo me dedicaba a jugar a fútbol. Confiaba en mi papá y en los abogados que habíamos decidido que nos llevaran las cosas. En ningún momento se me pasó por la cabeza que me iban a engañar”, declaró entonces el jugador.

Estos son, básicamente, los hechos y dejemos trabajar a la Justicia, pues al parecer esta sentencia aún no es definitiva y admite apelación o recurso. Veremos qué pasa. Pero lo que yo deseo es reflexionar sobre algo que sucedió tras la sentencia: una campaña de apoyo al jugador orquestada por parte de su club, con el eslogan ‘Todos somos Leo Messi’. Campaña institucional inoportuna y desmesurada –lo digo por delante- y que considero un monumental error que debe esconder los miedos del Barça ante un posible riesgo de ‘fuga’ de su estrella hacia otros destinos futbolísticos menos presionados por el fisco.

“Queremos denunciar el trato desajustado que está recibiendo Leo Messi. Tenemos ese sentimiento y por eso lo hacemos. Hablamos de un chico joven que firmó con 19 años y sin saber qué rubricaba unos contratos que a la larga le generaron problemas. Lo hizo con conocimiento de sus asesores, de los que se fiaba totalmente”, explicó Josep Vives, portavoz oficial del club, en rueda de prensa. “Hubo humillación y eso no lo podemos tolerar”, aseguró el vocero. “El jugador hace tiempo que regularizó su situación con Hacienda. Lleva abonados más de 50 millones”.

Esos son en esencia los argumentos esgrimidos por el Club, que no dudó en criticar también a la Fiscalía y en acusarla de trato discriminatorio hacia su jugador: “Al final, la Abogacía del Estado, que en casos similares al de Leo Messi actuó de otra manera, no tuvo el mismo trato [en velada –pero clara- referencia al caso de la Infanta Cristina con el caso Nóos]. Messi está siendo tratado de manera injusta y no podemos tolerar este escarnio (…) No permitiremos que lo traten como a un delincuente”.

El objetivo del Barça con esta campaña es publicitar un masivo apoyo de los aficionados culés en defensa de su ídolo; así, ya ha publicado en redes sociales una foto coral de todos los empleados del Club, ha movilizado a su plana mayor directiva (con el presidente Bartomeu a la cabeza), a los muchos y populares periodistas de su cuerda y a las celebridades culés que por el mundo andan… incluso a la televisiva y ‘justiciera’ monja de cabecera, Sor Lucía Caram; todos ellos, tratando de viralizar de forma activa sus mensajes a través de las redes sociales. Por supuesto, el asunto se convirtió en pocas horas en trending topic, pero esa exitosa campaña en cuanto a su eficaz difusión y repercusión se les ha vuelto en contra, como se ha visto, con un efecto pendular de respuesta contraria y exponencialmente más activa. Algo previsible que sucediera –lo pensé al momento- y, por ello, me sorprende que los responsables no la hubieran valorado en su momento con el cuidado y precaución que el asunto merecía. Salvo intereses mayores, claro.

¿Por qué se ha producido esa reacción a la contra? Pues porque el Club, que va a lo suyo,  ignoró la inteligencia y sensibilidad de las personas, que ven a diario demasiados aspectos poco ejemplarizantes tanto en la industria del fútbol como en el comportamiento de sus estrellas; el Barcelona pretende soslayar un hecho, que nadie discute ya a estas alturas: Messi ha defraudado a Hacienda, ha sido condenado y -es cierto- ya ha pagado por ello. Me parece justo que no vaya a prisión y que no se le trate como a un delincuente (creo que no lo es), pero su error es tratar de hacernos creer que tampoco es un defraudador más.

A la gente de la calle no le dan pena los multimillonarios y no se le puede ir con milongas. Si Messi ha pagado ya más de 50 millones de euros al erario público es porque ha ganado muchos más. Y debe ser un contribuyente ejemplar como los demás. Punto. Hasta donde yo sé y me consta, en Hacienda hay un cuerpo de inspectores que está abierto a cualquier consulta preventiva que necesitemos hacerles y ellos la responderán de forma aplicada. ¿Por qué los asesores fiscales de Messi no pagaron lo debido por sus derechos de imagen? Que lo expliquen, porque este asunto está en el debate de los Medios desde hace años… con casos sonados de gran repercusión para celebridades, deportistas y profesionales que pueden explotar sus derechos de imagen. El común de los mortales no tiene esa suerte.

Por todas estas razones –que no son las únicas- la reacción de la gente ha sido furibunda, con expresiones a veces muy ‘virulentas’ que yo resumiría en una, publicada en VozPópuli.com: “Hay que ser gilipollas para defender a un corrupto”: el Barça se suicida con la campaña #TodosSomosLeoMessi”. En esa página se recuerda que “todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de burla”. Estoy con ese aforismo, pues me parece que su esencia está bastante vigente en esta sociedad que tanto adora al becerro de oro. La gente no es tonta cuando nos recuerda que vivimos en un país donde los partidos políticos corruptos ganan las elecciones -y gobiernan- o en el que si una persona no hace la declaración correctamente la crujen… Así es que ¡todos a pagar!

Varias organizaciones civiles, incluso algunas de Cataluña, han reaccionado de forma contundente contra la campaña. Por ejemplo, la Plataforma per una Fiscalitat Justa y de la Plataforma por la Justicia Fiscal, que agrupan a varias organizaciones de la sociedad civil, subraya en un comunicado que la campaña del FC Barcelona contribuye a un clima social que “justifica y tolera lo que es un delito innegable” contra la hacienda pública y la sociedad. En su opinión, cualquier defensa del defraudador es “un claro agravio”, al pretender que éste [Messi] se encuentre en igualdad de condiciones que el resto de contribuyentes, “cuando tiene todos los recursos a su alcance para eludir y evadir el pago de impuestos, generando confusión social”. Se me queda corta esa expresión; yo iría más lejos y, en vez de llamarla ‘confusión’, diría que puede provocar auténtica ‘alarma’ social.

El cuerpo de Técnicos del Ministerio de Hacienda, también ha tomado partido en el asunto. En un comunicado considera “irresponsable” la campaña del Barcelona pues el hashtag ‘#Todos somos Messi’, “supone la antítesis del famoso eslogan ‘Hacienda somos todos’, que trata de concienciar a los españoles de la importancia de pagar impuestos; que una entidad como el Barcelona, con tanta proyección en todo el mundo, lance una campaña de este cariz no solo es desafortunado, sino que hace un flaco favor a la pedagogía fiscal, tan necesaria en España”. De acuerdo con esa teoría. Yo, desde luego, tampoco soy Leo Messi.
El Barça debería aprender una lección de este su error de comunicación tan monumental: la estrategia de la ignorancia de Messi no tiene consistencia alguna; si no, que el propio Club le hubiera asesorado previamente. Porque debe tener claro que un impacto negativo en la reputación de cualquiera de sus empleados afectará, en mayor o menor medida, a la reputación del Barça ¡que no le quepa la menor duda! Si no lo ve así, que recuerde los muchos líos con anteriores presidentes o jugadores y sus muy frecuentes paseos por los tribunales. Y que se pregunte –aunque parece importarle poco- el porqué de todo ello.

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