Ayer recibíamos la gratísima noticia de que la auxiliar de enfermería infectada de ébola, Teresa Romero, había dado negativo en la última prueba PCR (“cero carga viral”).  Este resultado no significa que Teresa esté definitivamente libre del virus, ya que requiere una segunda prueba de confirmación, a las 24 ó 48 horas, pero casi podemos darla por salvada de tan maldito virus.

El ébola, que se ha cobrado miles de víctimas durante los últimos años en unos cuantos países de África, está siendo el preocupante protagonista de la actualidad en Occidente, especialmente en nuestro país y en Estados Unidos. Poco a poco se va conociendo más esta enfermedad, pero impresiona tanto su agresividad y preocupa su dificultad de curación, que las autoridades sanitarias de los países no desean –ni pueden permitirse- una pandemia descontrolada. Y ese miedo al ébola ha llegado también al mundo del deporte, donde las migraciones de personas puede convertirse en una actividad de alto riesgo.

La preocupación saltó a principios de mes con las jornadas destinadas por la FIFA a las selecciones de fútbol, algunas de las cuales jugaban partidos de la fase previa de la Copa de Europa de 2016, otras debían rematar sus clasificaciones para la Copa de África y otras, simplemente, tenían programados partidos amistosos. Eran los casos de Camerún contra Sierra Leona o el de Ghana contra Guinea Conakry.

Las alarmas saltaron en nuestro país, sobre todo con los jugadores africanos. Aquí, entre primera y segunda división, juegan unos cincuenta futbolistas de ese continente  y la mayoría lógicamente son internacionales. Refiero, a modo de ejemplo, el caso de Lass Bangoura, jugador guineano del Rayo Vallecano, a quien su club aconsejó no viajar para jugar ese partido. Recuerdo al lector que los jugadores están obligados por la FIFA a acudir a la llamada de sus selecciones y, de n acudir, pueden ser fuertemente sancionados. Lass voló a Casablanca para unirse a la expedición guineana, pero una vez allí decidió regresar, atendiendo a los ruegos de sus compañeros de plantilla, que le manifestaron su miedo por la situación. “Hablé con el entrenador, se lo conté y le dije que si me podía liberar, porque no quiero tener problemas con el club que me paga. Tomé la decisión de volver, hablar con ellos y decirles que no tengan miedo. Es mentira que tenga ébola y que en mi selección haya nada”, dijo a su regreso Lass.

Afortunadamente, no ha habido contagio alguno como consecuencia de la celebración de esos partidos de selecciones. Pero traigo a colación esa historia –contada en su día por los medios– porque no ha tardado mucho tiempo en suceder otro episodio que demuestra el nivel de preocupación y de miedo que hay en el mundo por esta enfermedad. Fue el viernes, día 10, cuando el Gobierno marroquí anunció la decisión de no celebrar la Copa de África, prevista en su país entre el 17 de enero y el 18 de febrero de 2015; sin duda un auténtico acontecimiento social para el país magrebí y de gran beneficio para su economía.

La Confederación Africana de Fútbol (CAF) rechaza que exista riesgo para la población, y advierte a Marruecos de ciertas sanciones. Sin embargo, el gobierno marroquí se agarra como un clavo ardiendo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que aconseja evitar los grandes movimientos de personas entre países africanos. En la Copa de África participan catorce selecciones, algunas de las cuales son de países donde el ébola está completamente localizado. Y esos partidos se jugarán en hasta siete ciudades marroquíes, lo cual contribuye a aumentar el riesgo considerablemente.

Hace unos días, el ministro de Juventud y Deporte de Marruecos, Mohamed Ouzzine, leyó una declaración institucional de su Gobierno en la que dice que “desde la CAF se han rechazado todas nuestras peticiones y sugerencias.  Por eso nos hemos visto obligados a retirarnos como sede de la Copa de Africa de 2015 con efecto inmediato, para preservar la seguridad de nuestros ciudadanos. Por ello estamos dispuestos a asumir las consecuencias que deriven de nuestras acciones”.

Veremos lo que pasa definitivamente. La CAF le ha pedido al gobierno de Rabat que reconsidere su postura, que será debatida el 3 de noviembre en la reunión del Comité Ejecutivo del organismo futbolístico africano. Y será ese día cuando tomará una decisión final al respecto. Mientras, el gobierno marroquí ha solicitado a la OMS un informe oficial sobre los verdaderos riesgos del ébola.

Será importante saber qué pasa con la Copa de África, porque Marruecos tiene encomendada la organización de otros dos eventos deportivos internacionales durante los próximos meses: el Mundial de Clubes de fútbol, que se disputa en diciembre entre Rabat y Marrakech y en el que participa el Real Madrid (entre otros equipos), y los Juegos Panárabes, previstos para el mes de junio en Agadir.

El sorteo del Mundial de Clubes se celebró hace unos días en Marrakech y, en representación del Real Madrid, allí estuvieron presentes su director de RR.II, Emilio Butragueño, y el segundo entrenador del primer equipo, Fernando Hierro. Butragueño manifestó -sin dramatizar- la preocupación del club por la preocupante situación sanitaria que nos traído el ébola (de la cual somos especialmente sensibles en España) y dejó claro que están dispuestos a acatar cualquier decisión de las autoridades deportivas internacionales sobre la celebración del evento.

Una situación harto complicada, pienso yo, aunque no parece que esté sobre la mesa, hoy por hoy, la posibilidad de no celebrar ese Mundial de Clubes. Imagino que en ella tendrán mucho que ver los informes venideros de la OMS, que se juega mucho en los casos mencionados. A lo largo de la historia, el deporte –con el ejemplo de sus valores- ha sabido superar coyunturas adversas, como guerras o actos terroristas, y siempre ha salido triunfante. Pero me temo que éste es un caso distinto y que los responsables deberán preguntarse si merece la pena correr semejante riesgo por celebrar una competición deportiva. Debo dejar constancia de que no me parece una decisión nada fácil de tomar y que tampoco me gustaría estar en la cabeza de quien tenga que tomarla.

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