Se celebraron el domingo pasado las elecciones al Parlamento de Cataluña y todos sabemos que los resultados, lejos de aclarar el panorama de una forma nítida, se prestan a interpretaciones para todos los gustos. En mi opinión queda claro (siempre lo pensé) que se trataba de unas elecciones autonómicas, sin más, y no plebiscitarias como los líderes de ‘Junts pel si’ trataron de que así fueran vistas. Incluso en ese sentido, el planteamiento ha perdido fuerza porque los promotores de esa ‘visión plebiscitaria’ tampoco han podido recabar el apoyo de una mayoría de votantes. Muchos, los que se oponían a tal enfoque, dicen respirar ahora un poco más profundamente, pero sintiendo en lo más íntimo que este asunto no se ha resuelto en modo alguno… ni ha quedado zanjado.

Este es un blog para hablar de deporte y no de política. He escrito en reiteradas ocasiones que no me gusta que ambas disciplinas se mezclen o interfieran, ni que los intereses de la política se entrometan en los del deporte (salvo aspectos administrativos, necesarios) y, menos aún, que los maneje o manipule con intereses espurios. A esto es a lo que voy a dedicar mi entrada de hoy, pues creo que ha habido ejemplos bien concretos y numerosos durante esta campaña. Me parece que hemos asistido a un debate falso, absurdo, estéril y (pero aún) malintencionado que a nadie beneficia y que, por contra, tensiona relaciones y a mucha gente hiere. No podemos asistir a semejante espectáculo sin que nadie haga nada.

A mi modo de ver, el principal problema es que todos, desde las instancias políticas más altas hasta los deportistas más renombrados, o desde un modo u otro, hemos entrado al trapo. Cada uno con sus argumentos y puntos de vista (para enriquecerlo) o desde sus propios intereses legítimos o espurios (para corromperlo). Y, mientras, los Medios de Comunicación echando leña al fuego con su no menos legítimo afán de negocio. En ese debate se han creado falsas polémicas, como la de que un deportista nacido en Cataluña tendría que elegir entre ser catalán o español, por infundado (tras las elecciones del domingo, no parece que vaya a producirse una declaración unilateral de independencia, pues hay mayoría de votantes que se manifestaron en contra de ese proceso). ¿Resuelto?

Bastantes problemas van a tener en Cataluña para encontrar una gobernabilidad estable, pues de este proceso la sociedad catalana sale bastante fragmentada y, lo peor, enfrentada y muy polarizada. Es lo mismo que ha pasado en el deporte. Algunos campeones españoles nacidos en Cataluña –como Pau Gasol o Mireia Belmonte- se aprestaron a zanjar la polémica por la vía rápida: “Se puede ser catalán y español”. Algunos de ellos, incluso, mostraron naturalidad en su defensa de celebrar un plebiscito sobre la independencia, dejando claro que eso no significa –al menos en sus casos– desearla. Otros, como Piqué, se han decantado por el derecho a decidir de los catalanes, pero eso le ha enfrentado con una parte de la sociedad que considera que ese no puede ser un derecho unilateral de los catalanes, sino que reside en el conjunto de los españoles, como contempla la Constitución. Y otros, como Josep Guardiola, incluso se han presentado como candidatos en algunas de las listas independentistas. Pep lo hizo en un simbólico puesto 85 de la plataforma Junts pel si y, por tanto, no ha salido electo. Lo que él buscaba no era eso, claro, sino remarcar –desde la distancia de su residencia en Münich- un apoyo más que simbólico al sentir secesionista de casi la mitad de los catalanes.

Guardiola ha llegado a enfrentarse dialécticamente (a través de los Medios) con el Secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, cuando pidió en plena campaña a los gobernantes catalanes que dejaran de presionar al mundo del deporte: “Le pido al Gobierno de Cataluña que deje de presionar a los deportistas y al deporte, que deje de intentar utilizarlo políticamente, porque no es algo razonable ni propio de sociedades democráticas. El espacio de la política es uno y del deporte es otro. Y eso lo reclaman todas las entidades deportivas”. Se refería el Secretario de Estado a la ‘manipulación’ denunciada por unos cuantos de esos deportistas en relación a la plataforma Guanyarem (Ganaremos), que aparentemente sólo buscaba el apoyo de sus mejores deportistas “en defensa del deporte catalán”. ¿Quién no iba a dar ese apoyo? Casi todos los dieron, hasta que después pudieron constatar que lo que reivindica Guanyarem es un comité olímpico catalán o la creación de selecciones catalanas que compitan en torneos internacionales. En suma, defiende un deporte catalán independiente, con el que muchos no están de acuerdo y por ello algunos levantaron su voz, como contaba Óscar Sanz en El País: “La levantó Joan Capdevila, campeón del Europa y del mundo con La Roja: “A mí me dijeron que era una foto para ayudar el fútbol catalán, igual que un andaluz apoya el fútbol andaluz. Me dijeron que no saldría nada de política”. La levantó Alex Corretja, ganador del Torneo de Maestros de tenis: “Esa foto se está utilizando para algo sobre lo que yo nunca me he posicionado. Mi padre es catalán y mi madre andaluza y no me gusta que se me meta en un saco en el que yo no he dicho nada”. Y la levantaron Gervasio Deferr (dos oros olímpicos en gimnasia), Marc Coma (cinco veces ganador del Dakar), Raúl Tamudo… Ante tanto levantamiento, Guardiola calló”.

También nos contaba Óscar Sanz que el entrenador del Bayern finalmente no pudo contenerse y estalló contra un órdago de Cardenal: “El caso de Guardiola explica muchas cosas de las que pasan en Cataluña. Es el caso de una grandísima manipulación”. Y fue en ese punto cuando estalló el técnico del Bayern: “Me parece que ni él [Cardenal] ni el partido al cual representa son los más indicados para hablar de manipulaciones. En el PP deberían tener más sentido de la vergüenza”. En fin, un bochornoso mal ejemplo de lo que nunca tendría que haber llegado a suceder.

Después también llegaron planteamientos más peregrinos aún como el de si los equipos catalanes no podrían jugar la Liga en caso de independencia… o el de si los catalanes perderían la nacionalidad española y la europea… Todo un dislate de tamaño natural que casi nadie entiende, especialmente cuando se mira desde fuera de nuestro país. En este sentido, me encantó el artículo publicado por John Carlin en El País, titulado “Barça is not Catalonia”, en el que el periodista trata de responder las preguntas teóricas más frecuentes de un ciudadano inglés medio. Un enfoque que desactiva el famoso aforismo: “El Barça es mes que un club”. Como ejemplo, valga este fragmento:

Pregunta. A veces antes de un partido en el estadio del Barcelona aparece una enorme pancarta que proclama “Catalonia is not Spain”. Lo curioso es que después vemos las alineaciones y queda claro que “Barça is not Catalonia”. ¿Cómo se explica esto?
Respuesta. Sencillo. Por un lado, el Barça es lo más parecido que tienen los catalanes a un ejército nacional. Por otro, su entrenador es asturiano, su capitán es manchego, su mejor jugador es argentino, otros habituales en el once inicial nacieron en Brasil, Uruguay, Croacia, Alemania y Chile, acaban de contratar a un centrocampista turco y el individuo que más ha influido en su estilo de juego es un holandés.

P. Perdón, pero no se entiende. ¿O es que todos los que visten los colores del Barça se sienten automáticamente catalanes?
R. No todos, pero es verdad que algunos han hecho suya la costumbre entre ciertos políticos nacionalistas de hacer trampas con los impuestos. Aunque, claro, esto se hace en toda España, lo que podría interpretarse como un factor de unidad en vez de división.

Confío en que toda esta situación se normalice y recomponga cuanto antes. Todos debemos contribuir a ello, aunque solo sea mediante un cambio de actitud hacia este asunto. Sencillamente, porque ya no hay debate. Y, para ello, recomiendo escuchar al Presidente del COE, Alejandro Blanco, cuando nos pide que no olvidemos algo importante: “Jamás ha existido un problema con ningún deportista catalán. Algunos de los representantes españoles con grandes éxitos internacionales son catalanes y han defendido siempre a España. El deporte debe seguir su camino. No podemos meternos en el corazón de su gente, pero sí apoyar a los que quieran competir por España. Ese es el trabajo de todas las Federaciones porque han sido grandes referentes para el deporte español en nuestro país y en el extranjero. Y hay que pensar que el deportista vive el día a día y que lo importante ahora son los Juegos Olímpicos”.

Estimo el afán de Alejandro Blanco, aunque lo veo utópico. Él vela por sus intereses, y ahora el más perentorio está en el horizonte de Río de Janeiro. Que los deportistas, sean de donde sean, se sientan españoles cuando compitan por España. Y si sirve para acabar con este debate tan pernicioso… bienvenido sea ese afán.

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