En el post que publiqué hace un par de viernes, me hacía la siguiente pregunta en el propio titular: ¿Organizar unos Juegos Olímpicos ha dejado de ser una operación estratégica interesante para las ciudades? [http://www.intangiblesydeporte.com/organizar-unos-jj-oo-ha-dejado-de-ser-una-operacion-estrategica-interesante/]. Acababa de conocerse la noticia de que la ciudad de Budapest –capital de Hungría– había renunciado a organizar los Juegos Olímpicos de 2024; una decisión que llamó poderosamente la atención de todo el mundo olímpico, porque era la tercera de las cinco ciudades finalistas (después de Hamburgo y Roma) que tiraba la toalla. En aquel post traté de indagar sobre las razones de la renuncia y de comprender el porqué de semejante cadena de abandonos.

Y hoy, sin que sirva de precedente, deseo volver a este asunto para tratar de arrojar un poco más de luz: la que este miércoles nos aportaba, en los desayunos deportivos de Europa Press, el vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch Salisachs. Por supuesto, el conferenciante se erigió en portavoz de las tesis del máximo órgano rector del movimiento olímpico y, desde ya, debo decir que no sé si sus explicaciones sirvieron para tranquilizar a los asistentes o dejarnos aún un poco más preocupados sobre el futuro de los Juegos.

Al inicio de su intervención, Samaranch agradeció a los organizadores que le hubieran invitado a participar en este foro de opinión. Pura cortesía, si no fuera porque nuestros amigos de la agencia llevaban mucho tiempo detrás del máximo representante español en el COI. Entonces ¿por qué ahora? Pues en mi modesta opinión porque el COI sabe que existe preocupación por la mala imagen que el organismo está proyectando al mundo. Para los Juegos de 2024 sólo quedan ya dos candidaturas (París y Los Ángeles) y parece necesaria una ofensiva tranquilizadora por parte de los responsables del COI.

Y viene a corroborar también esta teoría el hecho de que el ponente nos dijera que había elegido este asunto, de los muchos posibles, porque estaba de rabiosa actualidad. Un hecho insólito cuando el COI no pasa por ser precisamente un organismo muy transparente en relación a sus procesos de deliberación o a sus decisiones a menudo polémicas e incomprensibles.

En todo caso, agradecemos al señor Samaranch su esfuerzo por esbozar las nuevas estrategias del COI, fijadas ya en la ‘Agenda 2020’, en insistir en sus propósitos de enmienda en cuanto a comportamientos pasados o a sus deseos de corregir en adelante algunas de las decisiones injustamente ya tomadas. Entiendo que, en su nueva etapa, el COI siente que debe terminar con las prácticas corruptas que a menudo han presidido sus comportamientos (con un profuso e indeseable protagonismo en los) y que ha de tratar de atajarlos para evitar que se les muera ‘la gallina de los huevos de oro’ del deporte global.

Veamos qué lectura nos hizo Juan Antonio Samaranch sobre las causas de ‘deserción’ de algunas de las ciudades candidatas a los Juegos del 2024. Él las resumió en tres grupos:

Económicas. Con el escenario de la crisis al fondo, el COI sabe que las candidaturas han tenido hasta ahora un alto coste para las ciudades (unos 50 millones de dólares, por término medio) y van a buscar fórmulas para poder abaratarlo, incluso drásticamente. “Hay que bajarlo porque es injustificable que haya que gastar tanto dinero”. A este respecto, planteó un par de ideas que se discutirán en el próximo comité de vicepresidentes: favorecer de alguna manera a las ciudades que concurran de nuevo a la elección (en concreto mencionó a Madrid) y fijar un sistema más rápido y flexible “para que el paso de ciudad aspirante a candidata se pudiera dar, incluso, en unos seis meses”, lo cual abarataría mucho los costes que las ciudades tendrían que asumir.

De riesgo. Pues sucede algo parecido con la celebración de los JJOO, cuyo presupuesto suele oscilar entre los 3.000 y los 4.000 millones, aunque Samaranch reconoció que los de Tokio serán un poco más elevados dado el alto nivel de vida del país asiático. En este sentido, explicó que el COI viene aportando a las ciudades organizadoras unos 1.500 millones (o sea, más de la tercera parte) y que, de cara al futuro, van a intentar que las ciudades sedes después puedan beneficiarse para usos civiles, aún más, de todas las inversiones que realizan en instalaciones e infraestructuras. Los JJOO deben servir para el desarrollo económico social de esas ciudades, a medio y largo plazo, como en su opinión ha sucedido con los de Río de Janeiro (ciudada muy criticada por abandonar algunas de sus instalaciones tras los Juegos): “Nos dijeron que no podíamos ir porque moriríamos por el zika o asesinados y aquí estamos (…) Estos señores hicieron los Juegos, salieron adelante y hubo verdaderos héroes personales como el alcalde (Eduardo) Paes. Los hicieron y fueron un gran éxito. Ahora se ataca el legado, pero no es verdad; no digo que el legado sea perfecto, pero las instalaciones seguirán siendo útiles. Ocho millones de niños tienen programas permanentes de deportes en 16.000 escuelas gracias a los JJOO”.

‘Populismos’. La crisis económica se ha traducido también en la aparición en Europa de gran cantidad de movimientos populistas, políticos y sociales, con proliferación de ‘movimientos del NO’ dispuestos a boicotear de forma sistemática cualquier iniciativa que propongan sus gobiernos: “Hay unos movimientos populistas en todo el mundo occidental, de todos los colores, que con una pequeña base social y una alta movilización están modificando las agendas. Es una realidad. Son movimientos de diversas ideologías, tanto de izquierdas como de derechas, que hacen imposible llevar a cabo cualquier proyecto a largo plazo”. Y quizá por esa tendencia, que se da sobre todo en Occidente, los próximos Juegos se van a celebrar en el continente asiático: Pyeongchang (Corea del Sur), Tokio (Japón) y Pekín (China). “Estamos haciendo los Juegos en Asia y esto es por algo, porque Occidente está autoimponiéndose no hacer los Juegos por una incapacidad de responder a ese movimiento del no”, nos dijo Samaranch. En su opinión, algunas ciudades europeas “no están armadas para defenderse de ese nuevo mundo del NO” y prometió que el COI estará a su lado para ofrecerles un argumentario sobre las ventajas de organizar unos Juegos (que les pueda servir para defenderse de esos movimientos).

El alto mandatario olímpico reconoció que el COI debe mejorar su comunicación (“¿Por qué nos cuesta tanto pasar el mensaje de que los Juegos son algo positivo?”) e ir mucho más de la mano de las ciudades candidatas.

También se mostró esperanzado en la lucha contra la corrupción: “Estamos trabajando durísimamente para lograr los mejores sistemas de autocontrol y vamos progresando; por eso, la corrupción no es ahora uno de los problemas más importantes del COI”. Sin embargo, en este contexto de lucha por la transparencia, Samaranch defendió el voto secreto de los miembros del COI: “La gracia que tiene el COI es su independencia del poder político. Es lo que nos ha mantenido vivos. Esto solo se puede mantener si el voto de los miembros del COI es secreto. Si no, nos convertiríamos en la ONU”.
No nos queda más remedio que creer al señor Samaranch y confiar en los vientos regeneradores que soplan en el COI. Pero, visto lo visto, desde fuera parece fácil pensar que se podría mejorar aún bastante más…

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