“La generación de oro del baloncesto español acabó con un bronce. Con el Eurobasket recién terminado, resulta imposible dibujar qué equipo integrará la selección en el Mundial de China en 2019, si las polémicas ventanas permiten a España llegar hasta allí. Pau Gasol tendrá 40 años, su hermano Marc 34, uno más San Emeterio, y 33 Sergio Rodríguez. Por eso, los jóvenes importan”.

Me permito abrir el post de hoy con esta cita textual de Alberto Lambea. Corresponde a la entrevista al jugador Juancho Hernangómez, publicada en El Mundo el pasado día 20. Estaba recién concluido el Eurobasket, en el que nuestra selección volvió a subir al cajón de los campeones (pero en esta ocasión a su tercer peldaño) y cito ese párrafo porque resume como pocos el sentir de los aficionados al baloncesto, que nos estábamos haciendo esos días preguntas similares: ¿Tiene relevo esa generación que logró nueve medallas en los últimos diez europeos? ¿Nos hemos acostumbrado mal, como dice el propio Juancho? ¿Qué se debe hacer –y quién debe hacerlo– para ganar el futuro?

Como metáfora elocuente, la selección albergaba por primera vez en la historia, en una sola plantilla, a dos parejas de hermanos: los Gasol y los Hernangómez. Todos ellos jugadores en la NBA. Unos, los Gasol, enfilando el ocaso de sus carreras por razones puramente vegetativas; los otros, tratando de buscarse un hueco por derecho propio en el olimpo del baloncesto planetario. España era la escuadra con más jugadores en la NBA y muchos pensaban que eso sería, sin más, la llave para abrir de nuevo la puerta grande del Eurobasket. Y España, con mínimos altibajos, supo llegar bien hasta las semifinales, donde se encontró con una Eslovenia plagada de jóvenes y descarados talentos, liderados por un atrevido Luka Doncic (19 años, salido de la cantera del Real Madrid), que nos bajó súbitamente a la tierra. Eslovenia conquistó finalmente el oro (haber perdido contra el campeón, un consuelo) y España ganó a Rusia en la final de consolación. De ahí el bronce.

Si lo queremos ver en positivo, desde luego tiene sentido creer que esta nueva medalla alarga el ‘reinado’ de los campeones históricos y sirve de espaldarazo a los jóvenes valores, que brillaron a muy buen nivel. “Cuando ellos ganaron su primera medalla yo tenía tres años. Ellos han pasado por todo lo que estoy pasando yo ahora y me pueden aconsejar”, recordaba Juancho, a quien de una forma natural apelo como referencia argumental. Y quizá esa reflexión estaba apuntando lo que para muchos podría ser una solución tan ejemplar como utópica: que la vieja generación (y perdón por lo de ‘vieja’) sea capaz de transmitir su conocimiento a los jóvenes y se convierta en auténtico tutor colectivo en este proceso de relevo generacional. Sería genial, creo; y un ejemplo sin precedentes que para sí querrían muchas empresas.

En ese proceso de relevo, que puede ser lento, los aficionados debemos tener paciencia. En el horizonte está el Mundial de China, en 2019. Será la prueba de fuego para saber si ese proceso marcha en la dirección correcta. Hay dos años para trabajar, bajo las órdenes del seleccionador Scariolo (ojalá sea así, porque los conoce a todos muy bien) y no debemos desesperar si nos volviéramos de China de vacío, algo probable. “Representar a España significa luchar al máximo por cada medalla, pero la gente tiene que tener claro que no es tan fácil como parece y, por así decirlo, se ha malacostumbrado. Ganar nueve medallas de 10 en los Eurobasket es imposible de igualar o superar. Tendremos que hacer nuestro camino y sólo pido que los que vengan den el 100% para este país. Después, ya veremos si tenemos opciones”. Me gusta esta respuesta de Juancho, que no elude la responsabilidad de la nueva generación a la hora de tomar el relevo. Nos pide confianza, nos pide comprensión… pero sabe que, antes, la ilusión, el esfuerzo y la ambición los deben poner ellos.

En el ejercicio teórico que estoy haciendo le concedo mucha importancia a la actitud y el compromiso de los mayores. En este Eurobasket hemos vivido el adiós del gran capitán: Juan Carlos Navarro, conocido como ‘la bomba Navarro’, que tantos momentos de gloria le ha dado a nuestro baloncesto. A mi modo de ver, durante la concentración se movió por ciertos medios y redes sociales una injusta e interesada campaña de ‘acoso y derribo’ contra el jugador, en el sentido de que ya se le había pasado el arroz (dada su edad) y que no pintaba nada en la Selección; hay cierta objetividad en ese mensaje, pero muchos vimos que se le atizaba por su condición de catalán y capitán del Barça, en esta coyuntura política tan convulsa que implica hoy a Cataluña. No me gustó la campaña, lo digo claramente, pues el momento de la retirada de un deportista debe responder al deseo personal del propio protagonista o a que el mercado le deja sin sitio de forma natural.

El hecho es que, a punto de inaugurarse la competición, Juan Carlos decidió soltar una de sus últimas bombas -en este caso informativa- anunciando el adiós. Lo hizo con la serenidad y elegancia que siempre le han caracterizado; las que ha mantenido hasta el último minuto: “Ha sido un placer estar aquí y defender estos colores”. Un ‘zasca’ en toda línea a quienes ven fantasmas donde no los hay y no pierden comba a la hora de emponzoñar un poco más el ya de por sí tenso panorama patrio. “Me quedo con los buenos momentos que he vivido. Por suerte ha habido más momentos buenos que malos (…) Pero al final me quedo con los amigos y compañeros que he tenido tanto en la pista como fuera”. Uno de esos amigos, Marc Gasol, le devolvió ese sentido cumplido: “Le diría gracias y te quiero”. Pienso que no se puede expresar más con menos palabras. Y que lo compartiría cualquier buen aficionado al deporte de la canasta.

Porque los hermanos Gasol, igualmente catalanes de pro (pero sobre todo catalanes universales), siguen con ganas de seguir defendiendo los colores de España, con la ilusión de siempre y, si cabe, con más compromiso que nunca: “Mi ambición es alargar lo que ha sido una carrera increíble”, declaraba Pau en una entrevista a El País cuando se le preguntaba por su posible participación en el Mundial de China de 2019: “Seguro no hay nada y ya veremos de aquí a dos veranos con 39 años, 39 añitos, qué haremos”; pero, a mi modo de ver, lo más importante era su actitud positiva y su ambición: “poder seguir jugando (…) competir, tener la ambición de ganar… (…) cuando tienes una oportunidad de conseguir algo especial lo tienes que perseguir, darlo todo. Es algo que hemos hecho durante muchos años en la selección. Iremos viendo”.

Coincido con otra de nuestras leyendas del básquet, Amaya Valdemoro, en que “Sin Navarro ya nada será lo mismo”. Lo dice en un artículo de opinión publicado en El País porque piensa que Navarro ha sido “el talento más grande del básquet europeo de los últimos años”. Me parece una opinión incuestionable, pero compatible con la del periodista especializado Pedro Martínez: No hay fin de ciclo. Al menos, por ahora, yo así lo creo; o, como un tonto de buen corazón, así deseo creérmelo…

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