Hace unos días, durante una rueda de prensa de la Selección Española de Fútbol, celebrada en Washington, se produjo un episodio que me ha dado que pensar y al que deseo dedicar el post de hoy para reflexionar al respecto siquiera de forma somera.

Seguramente el lector ya sabe que Gerard Piqué, el defensa central del Barça, hizo un comentario en privado al seleccionador nacional Vicente del Bosque, relativo al rumoreado fichaje de su compañero de equipo y amigo, Cesc Fábregas, por el Chelsea. Ese comentario (“Me ha dicho que ya está hecho. Se va ya, 33 millones me ha dicho”), susurrado a su entrenador, fue grabado por una de las cámaras de TV presentes (AsTV), trascendió a los medios y ha estado a punto de generar serios problemas a sus protagonistas.

El título de este post lo tomo prestado de uno de mis libros de cabecera favoritos: “El arte de callar”, escrito en París en 1771 por el religioso Joseph Antoine Toussant Dinouart, conocido como el abate Dinouard. Este librito (así deberíamos catalogarlo) es un compendio de sabiduría que sigue plenamente vigente 240 años después. Casi nada.

¿Y cómo vería el propio abate este galimatías? Lo primero que le diría Dinouard a Piqué es que “El hombre se pierde en la palabra”; y que a él, en efecto, le perdió la palabra aquel día. También le diría que demostró no ser un hombre sabio, porque “El primer grado de la sabiduría es saber callar; el segundo es saber hablar poco y moderarse en el discurso; el tercero es saber hablar mucho, sin hablar mal y sin hablar demasiado”.

¿Por qué digo todo esto? Pues porque, cuando un periodista le preguntó durante la rueda de prensa por Cesc, Piqué salió en defensa de su amigo, pero haciendo una burda manipulación de la respuesta; es decir, que mintió a los periodistas. Veamos cómo describió Javier García Matallanas la situación en su crónica de AS del día siguiente (05.06.14): “No sé qué va a hacer. Espero que continúe, porque viendo sus estadísticas este año es el jugador de centro del campo que más goles ha metido y más asistencias ha dado. Él sería estrella de cualquier equipo del mundo; sin embargo, en el Barça le está costando más. A Cesc lo quiero mucho, sé que está pasando una situación difícil, porque en el club no se le valora como merece. Está claro que quiero que continúe con nosotros, aseguró el defensa. Luego fue pillado diciéndole a Del Bosque que se va por 33 millones”, dice el periodista.

Piqué incumplió varios principios de Dinouard en este difícil arte de callar: “Solo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio”, dice el primero de ellos; en este caso, Piqué no tenía ese ‘algo’. “Hay un tiempo para callar, igual que hay un tiempo para hablar”, dice el segundo; el jugador debía saber que no era a él a quien le correspondía hablar, sino al propio Cesc; o “Si se trata de guardar un secreto, nunca calla uno bastante. El silencio es entonces una de esas cosas en las que de ordinario no hay exceso que temer”, dice el octavo; y el futbolista demostró no saber guardar ese secreto, aunque se lo estuviera contando de forma reservada al mismísimo seleccionador nacional. En este caso, yo añadiría que tampoco supo escoger el momento adecuado para esa confidencia (desde luego, no lo parece una rueda de prensa armada de periodistas hasta los dientes).

Cesc, que efectivamente debe tener bien acordado su fichaje por el equipo de Mourinho, disculpó inmediatamente a su amigo por la intromisión indiscreta en su vida profesional. No olvidemos que los dos jugadores se criaron juntos en La Massía y que se quieren de verdad. Otra cosa es el globo que según parece se cogieron en Can Barça -con razón- pues semejante episodio puede haber alterado su estrategia de negociación con el Chelsea y costarle algunos milloncejos sin necesidad alguna.

Por no hablar tampoco de la reacción de Vicente del Bosque, quien en plena confidencia de su pupilo le dijo: “No va a ganar para disgustos el presidente [en referencia a Bertoméu, del Barcelona], me cago en la leche. Lo vais a volver loco, pobrecillo”. Después, cuando el seleccionador supo que este comentario suyo se había filtrado también a la prensa y que fue publicado, se agarró un buen mosqueo con los periodistas: “No quiero comentar nada. Aunque estamos expuestos a esto, no me parece de buen gusto que esta conversación trascienda”, declaró Del Bosque.

Del Bosque, hombre cabal, castellano recio, no quiso llegar más lejos en su comentario. Su comportamiento respondía al ‘mandamiento’ número 12 de nuestro abate: “Es propio de un hombre valiente hablar poco y realizar grandes hechos. Es de un hombre de sentido común hablar poco y decir siempre cosas razonables”.

Así suele actuar Del Bosque, salmantino de pro, con prudencia… y por eso no le gustó nada lo que hicieron los periodistas el día antes. Con toda seguridad, le pareció una ‘exclusiva’ innecesaria e impresentable. En este caso optó por mantener lo que Dinouard llama ‘un silencio prudente’: “Hay un silencio prudente y un silencio artificioso (…) El silencio es prudente cuando se sabe callar oportunamente (…) el silencio es artificioso cuando uno solamente calla para sorprender (…) El silencio prudente conviene a las personas dotadas de buen espíritu; de sentido recto y capaces de distinguir con exactitud las coyunturas que obligan a callar o hablar”. O sea, a todas luces el perfil de Vicente.

Muchos periodistas suponen, conociendo al entrenador, que este episodio puede traer alguna cola, sobre todo en forma de una mayor restricción a los periodistas en el acceso directo a los jugadores . Y peor aún es que los futbolistas vieran la medida de buen grado. Sería una lástima, pues toda España está unida en su apoyo a España y desea mantener la relación más cercana posible con sus ídolos. Y los periodistas igual deberían hacérselo mirar… porque quizá es que no se puede contar todo, ni a pesar de todo (aunque en este caso, les engañaran).

Y, por último, ahora que estamos en plena tormenta veraniega de fichajes, a los jugadores les vendría mejor pensar en otra de las máximas de nuestro abate: “El hombre nunca es más dueño de sí mismo que en el silencio” (aviso a navegantes… y a representantes). ¡Hay que aprender a estar calladitos! (hasta que convenga hablar).

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