Este es un blog que, como indica su propio nombre, trata de poner el acento en los aspectos intangibles del deporte. Y esta semana se ha producido lo que, a mi modo de ver, representa como ninguna otra la paradoja que se está dando en nuestro tenis patrio con la no renovación del contrato de Conchita Martínez al frente de los equipos nacionales de Copa Davis y Copa Federación; y esto sucede precisamente cuando nuestro tenis, por primera vez en la historia, disfruta de dos deportistas al frente del ranking mundial: Rafael Nadal y Garbiñe Muguruza. Parece que no somos muy capaces de disfrutar de la calma.

Todos recordamos seguramente que, tras una etapa convulsa de la Federación, en la que nuestros tenistas se negaron en la práctica a defender los colores nacionales y el equipo masculino transitaba por la segunda división internacional, Conchita –capitana de la escuadra femenina desde 2013– se hizo cargo también en 2015 de la difícil tarea de apaciguar los ánimos y pilotar el retorno de los chicos al primer nivel, cosa que consiguió con solvencia, devolviendo la tranquilidad a los abochornados aficionados. Aquella convulsión federativa se resolvió con la elección de un nuevo presidente, Miguel Díaz, en julio de 2016. Pero el nuevo equipo rector del tenis español acaba de culminar su ruptura con el pasado prescindiendo de Conchita. No voy a discutir el derecho del nuevo presidente y de su Junta a tomar las decisiones que considere necesarias, pero si deseo pedirle que sea capaz de dar buen ejemplo con las formas y con el fairplay, al menos por tres razones: por lo mal que se ha gestionado este turbio episodio desde la perspectiva de la comunicación, porque los trapos sucios se lavan en público y… porque Conchita Martínez, una de las instituciones de nuestro deporte, no se merecía un final de ciclo tan mezquino. Así lo siento y así debo expresarlo.

La mayoría de quienes nos dedicamos a esto del periodismo y la comunicación (en mi caso, ya más de cuarenta años) tenemos claro que la única imagen real es la imagen percibida. No lo es ni la imagen proyectada, ni la que creemos proyectar (muy diferentes). Si queremos conocer la imagen, debemos preguntar siempre a quien la percibe. Y en este caso tan penoso del adiós de Conchita, la imagen percibida es que los nuevos responsables de la Federación han perpetrado una auténtica chapuza comunicativa, tanto desde el punto de vista corporativo como el de los protocolos institucionales. Y voy a tratar de explicarme.

El pasado jueves, por la mañana, se reunió en Barcelona la Junta directiva de la Federación y, al terminar, hizo público un comunicado oficial anunciando que sus miembros “han acordado, de forma unánime, un cambio en la dirección de nuestros equipos profesionales, destacando la gran labor que ha realizado Conchita Martínez en estos años al frente de los equipos más emblemáticos de nuestro país” (…) “hemos decidido cambiar, apoyados en un consenso general, para afrontar nuevos retos en 2018 con nuestros equipos” (…) “en próximas fechas la Junta Directiva de la RFET anunciará los nuevos responsables de los equipos españoles de Copa Davis y Copa Federación”.

O sea: la RFET no esgrime una razón de peso que le obligue a prescindir de Conchita (salvo el de un simple deseo de cambio), ni todavía tiene un relevo para sus cargos [a partir de ahora se volverá a la fórmula de dos capitanes, uno para chicos y otro para chicas].

Según parece, la Federación no había comunicado la decisión previamente a Conchita, que se enteró por la prensa. Todo indica, por ciertas informaciones, que seguramente Conchita podía imaginarse que había cierta pérdida de influencia (y mucha de confianza) con el nuevo equipo federativo, pero insisto en que -aunque tengan derecho a comunicarlo así- no me parecen las formas más adecuadas para con la capitana.

Lo correcto en este caso –por preceptivo– hubiera sido hablarlo antes con Conchita, explicarle las razones de su decisión, tratar de consensuar con ella una transición pacífica e, incluso, pactar un anuncio conjunto en el que se la hiciera un ‘homenaje’ más generoso que ese mero y formal párrafo federativo. Hubiera sido lo ideal, creo. Porque, de esa manera, se habrían evitado la reacción en caliente de la capitana, a través de otro comunicado, y la sensación de que la guerra en el tenis español aún no ha terminado.

Conchita decidió responder al ‘revés’ que le había propinado la Federación con un profundo golpe de ‘drive’, formalmente respetuoso pero con bastante mala leche y grandes cargas de profundidad: “Es muy desagradecido tomar las riendas del barco cuando hay tempestad y cuando consigues la tranquilidad y el compromiso prescindan de ti. Se suponía que con la llegada de la nueva directiva la situación cambiaría, pero es más de lo mismo, el tenis sigue sin ser una prioridad”.

Acusación seria, creo, y no la única de significativo ‘calado’: “El abandono que he sentido durante estos meses me hacía presagiar que se prescindiría de mi trabajo, más cuando, por primera vez en los últimos años, esta nueva ejecutiva me retiró la posibilidad de acompañar a los jugadores y jugadoras y hacerles seguimiento presencial durante los Grand Slams. Entiendo que los relevos a veces son necesarios, y después de tres temporadas podría esperar el de Copa Davis, no así el de Copa Federación, donde las bases estaban totalmente asentadas tras cinco temporadas”. 

Finaliza Conchita asegurando que su motivación y ganas siguen intactas, como el primer día, y que le habría gustado continuar, “pero la decisión ha sido unilateral, por parte de la RFET” (…) “Considero que después de toda mi contribución e implicación con el tenis español no me merecía un final de esta forma, a mi parecer, tan irrespetuosa”. 

El vicepresidente de la Federación, el ex tenista Tomás Carbonell, salió al paso de esta reacción de la ex capitana, para matizar que “No se trata de una expulsión o una destitución, sino de una no renovación. Es una forma de realizar un cambio de ciclo. Nuevas motivaciones”. ¿Acaso es que en 2015 Conchita fue parte del problema y no de la solución? ¿Hay algo que debamos saber los aficionados y que nadie nos cuenta? Porque, de no ser así, estaremos ante otro caso de muy mala imagen percibida: el de una Federación que no respeta la importancia de sus mayores iconos. Y se lo podría haber ahorrado fácilmente si hubiera hecho las cosas de otra manera.

Compartir...Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on Facebook0Share on LinkedIn0Email this to someone