Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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Del ‘més que un club’, al Barça de unos pocos

Sin respetar a sus socios, el Barça se ha puesto al servicio del independentismo.

Acaba de ganar la Copa de Europa en Wembley y se preparaba para disputar los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. El periodista le preguntó: «¿Qué siente cuando escucha el Himno Nacional?». Y su espontánea respuesta fue tan escueta como elocuente: «¿Els Segadors?». En aquel 1992 Pep Guardiola ya tenía las ideas muy claras pero aún desconocía la evolución que iba a tener la semilla del independentismo que empezaba a germinar y la trascendencia de sus palabras 25 años después. La lectura del manifiesto pro independentista del pasado domingo le ha generado un alud de críticas. A los detractores que ya acumulaba por su pasado azulgrana (podría decirse que es el símbolo de los mejores años del club catalán) se le han sumado ahora los que censuran su implicación en el proceso secesionista. Nadie recuerda que en 2011 censurara a los que pitaban el himno español en las finales de Copa. «Hay que respetar todas las opiniones y el himno español hay que respetarlo», había asegurado entonces.

La imagen de Guardiola rodeado de esteladas este pasado domingo podría decirse que el último episodio de una política de cariz separatista iniciada con la llegada de Joan Laporta a la presidencia del club en 2003. Un Barça identificado tradicionalmente con el tronco central del catalanismo pasaba a abrazar sin complejos el independentismo, lo que sentó nada bien a una parte importante de la masa social del Barcelona.

En un momento de expansión de la marca y de exportar los colores azulgranas al mundo, las numerosas peñas culés lamentaron el uso exclusivo del catalán en actos oficiales que se realizaban fuera de Cataluña, o las acciones políticas del presidente, que se autodefinía como «catalanista desacomplejado». Toni Balaguer, presidente de la peña barcelonista de Andratx, lamenta en declaraciones a ABC la deriva que el club ha tomado en los últimos años: «El Barcelona debería mantenerse al margen de la política; somos muchos los culés, socios o no, que no compartimos estas ideas. Es una forma de excluirnos del club».

Muchos coinciden en que con Joan Laporta empezó todo. Al abogado se le podrán cuestionar sus decisiones aunque no que fuese de frente. «Creo que hay que hacer política con el deporte, por supuesto. Desde un club de fútbol hay que hacer país», señalaba coherente con su breve pero intensa etapa desde en el Parlamento catalán (2010) como impulsor de Solidaritat Catalana per la Indepèndencia. Una de sus máximas era: «La independencia no se pide, se declara».

La llegada de Rosell en 2010 devolvió al club a un periodo más moderado, aunque el catalanismo del club no se cuestionaba. En 2013 se cedió el estadio para el llamado «Concierto por la libertad», organizado por la ANC. «La institución debe ser neutral, pero en el momento en que Cataluña como pueblo, con mayoría, decida qué es mejor para su futuro, el Barça siempre estará al lado de las decisiones que los catalanes tomen», explicaba cuando le preguntaban por su postura y la de la entidad.

La presidencia de Bartomeu mantiene una línea continuista con respecto a Rosell, aunque ha justificado la adhesión del club al Pacte Nacional pel Referèndum, asegurando que la postura no es independentista sino «democrática»: «Cataluña está viviendo uno de los momentos más decisivos de la historia reciente (…) El Barça no puede dar la espalda a esta realidad, sería absurdo. Cuando decimos que somos más que un club es porque fomentamos los valores que no son sólo los nuestros, sino los de nuestro país. Entre estos valores yo destaco el de la defensa de la democracia y la libertad de expresión».

 

De la noticia publicada en ABC (18.06.17), firmada por Sergi Font y Sergi Doria.

Se puede leer en: http://www.abc.es/espana/catalunya/abci-club-barca-unos-pocos-201706180315_noticia.htm

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