Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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De Vitoria a Canadá, un camino de estrecheces en busca del sueño olímpico

Esta es la historia de un hombre insistente. Ante todo, insistente. Porque soñadores hay muchos. «Mi sueño es ir a los Juegos Olímpicos», proclama Iñigo Vidondo (Vitoria, 1989)… Ya, y como él, miles de deportistas. Pero su principal característica es, decíamos antes, que es insistente, muy insistente. Y por eso está cerca de cumplir ese sueño.

Todo empezó en 2013 pulsando F5 y F5 y F5 y… Desde los nueve años Vidondo había practicado patinaje de velocidad en línea y a los 21 empezó a disputar Mundiales y a colgarse medallas: dos bronces europeos. Así, el rumbo hacia los Juegos estaba definido, pero había un problema: su deporte no era olímpico. Aunque aquel 2013 parecía que eso iba a cambiar. Para modernizar su programa en Tokio 2020, el COI reclamó que las modalidades interesadas presentaran candidatura y, tras varios bandazos, incorporó el skateboard, el kárate, el surf, la escalada y el béisbol/softball. ¿El patinaje de velocidad en línea? Fuera.

«Entonces me di cuenta de que en mi deporte nunca podría ir a los Juegos. Así que cambié de deporte», relata Vidondo, que pasó así al patinaje de velocidad sobre hielo. Qué fácil, pensarán, pero en absoluto. «En realidad no tienen nada que ver, sólo comparten el nombre. Patinas igual, pero la forma de girar es diferente, el impulso…».

Por insistencia, recuerden, Vidondo optó por una modalidad en la que España nunca ha tenido representación olímpica y que no tiene ninguna instalación adecuada en el país. No hay una pista de hielo con las protecciones necesarias para volar a 70 kilómetros por hora, la velocidad que alcanza Vidondo, y todas son pequeñas: se compite en un oval de 400 metros, una pista de atletismo congelada, imposible de conseguir por aquí. Tocaba viajar.

Con la ayuda de Marcello Bresin, uno de los pocos practicantes españoles, aquel 2013 se marchó dos semanas a Italia, los años posteriores se entrenó en el Centro de Alto Rendimiento alemán de Inzell y finalmente en 2015 se mudó a Calgary, en Canadá, de donde es su entrenadora, Abby Ennis. «Aquí trabajo con dos compañeros, un canadiense y un noruego, y la intensidad de los entrenamientos es altísima. Noto mucho la evolución», comenta Vidondo, que ya obtiene resultados.

Sólo le falta el récord de los 10.000 metros
Con todos los récords nacionales en su poder menos el de los 10.000 metros, de Asier Peña, el patinador consiguió el año pasado la mínima para los Juegos de Pyeongchang 2018, pero esta temporada tiene que repetir gesta. En los 1.500 metros, su prueba favorita, bajaron la marca exigida cinco décimas y ahora el límite del sueño está en un minuto y 48 segundos. «Lo veo muy posible, puedo hacerlo», comenta antes de dar una respuesta evidente a la pregunta más curiosa: ¿y cómo se paga semejante aventura? Pues ya saben: con insistencia.

 

De la información publicada en El Mundo (24.10.17), firmada por Javier Sánchez.

Se puede leer completa en: http://www.elmundo.es/deportes/mas-deporte/2017/10/24/59ee4d26e5fdea237c8b45aa.html

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