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Correr y caminar: ¿cuánto más rápido, mejor?

La clave de la velocidad no está solo en las piernas. Despejamos esta y otras incógnitas sobre el tiempo y las zancadas

Si nos pasamos el día pendientes del minutero —el ritmo frenético de la vida moderna lo impone—, ¿cómo no vamos a tenerlo en cuenta cuando corremos? En los ratos que dedicamos a la actividad física, la obsesión por el crono llega al extremo: a menudo asociamos la productividad de una sesión de running a la capacidad de recorrer la distancia habitual en un espacio de tiempo cada vez menor. Pero, ¿es realmente necesario, incluso cuando no competimos? ¿O es que siempre competimos, aunque sea con nosotros mismos? ¿Hay algo de saludable en el reto de bajar nuestra marca? ¿Depende solo de unas buenas piernas? Cuando caminamos, ¿es mejor hacerlo deprisa?

Ed Caesar, escritor británico es el autor de un ensayo titulado 2 horas (Debate, 2016), sobre la épica de la maratón. En él, además de revelar un buen puñado de historias de sufrimiento y superación, resuelve algunas dudas sobre el tiempo y la velocidad: “Unas personas son más rápidas que otras por diferencias en la morfología de su cuerpo, su receptividad al entrenamiento, su estilo de vida, su herencia, su dieta, su genética, su motivación, su situación económica, si desempeñan un papel de ejemplo para la sociedad, su armazón psicológico y si han llevado calzado o no de niños”. La relación entre el crono y nuestras zancadas está llena de incógnitas y hemos pedido a algunos expertos que las despejen.

¿Qué partes del cuerpo intervienen en la velocidad de carrera?
Un profano en la materia diría que las piernas, claro. Un experto como el doctor Pedro Manonelles, presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte y director de la Cátedra Internacional de Medicina del Deporte de la UCAM (Murcia), lo expresa de otro modo: “La musculatura implicada es la de la extremidad inferior, especialmente el tríceps sural (gemelos y sóleo) y cuádriceps (muslo); también los isquiotibiales (pelvis y tibia) y los de la parte anterior de la pierna, así como glúteos y, en menor medida, el resto de la musculatura, incluidos los brazos, que actúan como estabilizadores”. Y no valen unos músculos cualquiera: deben tener un alto porcentaje de fibras de tipo I, muy pequeñas y de gran resistencia, que se consiguen con entrenamiento aeróbico.

¿Qué porcentaje de resistencia física y de fuerza psicológica hay detrás de una buena marca?
“Diría que la mente desempeña un papel importante”, responde Ed Caesar. “Por un lado, la disciplina de entrenamiento de los corredores de élite es muy dura: corren 200 kilómetros a la semana, deprisa y despacio, cuesta arriba y cuesta abajo, durante meses. Para soportarlo y llegar en condiciones óptimas a una carrera se requiere cierta fuerza mental que permita ignorar determinados mensajes que envía el cuerpo y centrarse en la línea de meta. Ser un corredor competente lo exige. Dicho eso, sin talento físico no se puede competir a un gran nivel. Por tanto, las aptitudes físicas son la tarjeta de entrada a la competición y la fortaleza mental lo que separa a los campeones de los demás”.
“Las aptitudes físicas son la tarjeta de entrada a la competición y la fortaleza mental lo que separa a los campeones de los demás” (Ed Caesar).

De la noticia publicada en El País (07.04.16), firmada por Miguel Ángel Bargueño.

Se puede leer completa en: http://elpais.com/elpais/2016/04/04/buenavida/1459781913_742932.html

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