Asistí ayer en la sede del IESE Business School de Madrid a la jornada sobre ‘Colaboración público-privada en el deporte español’ que organizó la agencia IdeoFactum en colaboración con el Consejo Superior de Deportes (CSD). El objetivo del evento era explicar a las empresas el marco jurídico y fiscal de los diferentes programas impulsados por el Gobierno y animarlas a que colaboren más en el fomento de nuestro deporte patrio, así como en la lucha contra el sedentarismo de la sociedad civil (un objetivo personal de José Ramón Lete, secretario de Estado para el Deporte y presidente del CSD).

En los últimos años, el CSD ha dado pasos importantes en la incorporación al sistema jurídico español de una serie de programas de mecenazgo y patrocinio orientados a fomentar la captación de financiación privada hacia el deporte en general, a cambio de ciertas ventajas fiscales y de imagen para las empresas; una fórmula que hoy se ha convertido en auténtico referente para muchos países de nuestro entorno y sobre la que me gustaría reflexionar hoy.

Ante todo, comenzaré recordando los programas que gozan de este trato de privilegio, por ser considerados de excepcional interés: ‘Universo Mujer’; ‘Apoyo al deporte base 2020’; ‘España Compite’; ‘Plan ADO’ y ‘Plan ADOP’. Como se ve, hablamos de programas bien diversos, con públicos de interés diferentes y con objetivos bastante variopintos.

En su intervención, quizá por ello, el presidente del CSD hizo un repaso a la variedad de fórmulas existentes por parte del Estado para facilitar las aportaciones de las empresas, tanto pequeñas y medianas como multinacionales, poniendo el acento en el hecho del valor transversal del deporte, que es uno de los mejores atributos de la Marca España.

En los valores centró su intervención Sandalio Gómez, profesor emérito del IESE y presidente del Center for Sport Business Management (CSBM), que depende de esta institución académica. “Los valores son los que guían a una sociedad y el deporte es de las actividades que mejor representan esos valores”, dijo. “Hay que buscar un equilibrio entre los resultados deportivos y económicos y el ejercicio de esos valores. Por eso se hace necesario abrir un espacio de debate social que nos permita llegar a ese equilibrio”.

Me gustó ese planteamiento de Sandalio Gómez, pues creo que los valores encarnan como ningún otro intangible la razón de ser y el sentir de este blog. Y en ellos abundó igualmente José Ramón Lete cuando aseguró, de forma solemne, que “el deporte va mucho más allá de los podiums. Es algo más… es una actividad transversal y no sólo una plataforma de valores; tiene que ver con la salud (programa de apoyo al deporte base), con la inclusión (deporte para discapacitados), con el apoyo a las mujeres (Universo Mujer) y, sí, claro, también con la economía (industria deportiva) y con las medallas (programa ADO)”.

Lete puso en valor la apuesta del Gobierno por esta política de colaboración público-privada, implantada hace años en plena crisis económica, y que ahora ha quedado ‘consagrada’ de alguna forma por la propia Unión Europea en su ‘Agenda 2020’. “Nunca antes hubo una apuesta tan decidida como la de ahora”, dijo Lete, recordando que si el Estado establece muy buenas exenciones fiscales para las empresas (de hasta el 90% en algunos programas), de forma indirecta contribuye también con esas aportaciones que deja de ingresar. “Las empresas saben que el deporte es una apuesta segura. El Estado comparte con ella riesgos y costes –es cierto– pero también los éxitos y beneficios”.

Lucía Muñoz-Repiso, subdirectora general del CSD, explicó precisamente el alcance de dichas ventajas fiscales, distinguiendo entre las dos figuras que contempla la vigente Ley de Mecenazgo (cuya actualización constituye una demanda social): acciones de patrocinio y donaciones propiamente dichas (siempre relativas a los programas de excepcional interés que antes he mencionado). En lo concerniente a los patrocinios, las deducciones serán del 15% de los gastos publicitarios y, en ciertos casos, exenciones de hasta el 90% de la aportación; y en cuanto a las donaciones, se podrá desgravar hasta el 40% de las aportaciones realizadas, con un límite de hasta 50.000 euros.

Los ponentes explicaron con todo detalle cómo es el procedimiento de adhesión de las empresas a cualquiera de estos programas. Me ahorro explicar aquí dicho procedimiento, pues está muy prolijamente especificado en la web del CSD (http://www.csd.gob.es); sin embargo, sí quiero informar de que es exhaustivo y riguroso… y que no podría ser de otra manera, pues a fin de cuentas, se trata del dinero del contribuyente. También pongo el acento en que dicho procedimiento debe ser necesariamente muy transparente pues los donantes tienen todo el derecho a saber qué se ha hecho con su dinero y si se ha gestionado adecuadamente de acuerdo con el contrato firmado en cada caso… además, el CSD está obligado a publicar una memoria de cada proyecto, que podría pasar la prueba del algodón y el ‘veredicto’ de cada ciudadano que deseara realizar su propia valoración.

Como cabe suponer, algunos de estos programas cuentan ya con adeptos -como el emblemático ejemplo de Iberdrola patrocinando la Liga de fútbol femenino, dentro de ‘Universo Mujer’- mientras otros aún no se han estrenado. En este sentido, el subdirector General del CSD, Jesús Mardarás, se centró en los programas con menos éxito, como el de ‘España Compite’, que parece no encontrar patrocinadores. “Tenemos a 6.000 deportistas trabajando a diario en los más de cincuenta centros de alto rendimiento que existen en nuestro país [solo tres de ellos son del CSD]; 6.000 deportistas que podríamos considerar de élite –o casi– y que trabajan mucho para llegar a ser los mejores; aunque para conseguirlo necesitan, lógicamente, competir”, recordó Mardarás.

Mucho me temo que las empresas, a menos que se lo expliquen mejor o se lo faciliten más, no ven en este tipo de iniciativas suficiente retorno; como tampoco en el ‘Programa +’, la niña de los ojos de Lete, empeñado personalmente en que la sociedad civil mueva el culo del sofá y lo pasee por calles, campos, gimnasios y demás escenarios propicios para la práctica de la actividad deportiva. Y en ese propósito, le importa que los hábitos deportivos comiencen a adquirirse desde el colegio: “Nosotros creemos que, en el colegio, los profesores deben ser educadores deportivos y descubridores de talento, sí, pero no tienen que convertir a los niños en unos campeones que hacen no sé cuántas series de flexiones”, dijo Mardarás; “lo importante es que, cuando salgan del colegio, los niños y las niñas tengan adquirido un hábito deportivo”.

Si el objetivo de la sesión de ayer era que las empresas conocieran con detalle las ventajas de sus acciones de patrocinio y mecenazgo en el deporte, creo que se cumplió con creces. Pero, en mi opinión, habrá que seguir profundizando en este camino. El presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, recordó que ya hay diversos proyectos privados de apoyo al deporte en España y que algunos de ellos están siendo exitosos. Y coincido con él en que, de cara al futuro, “entre todos tenemos que buscar un cambio de modelo y hacer lo que tengamos que hacer para conseguir un mayor apoyo de las empresas al deporte español”. El liderazgo en esa tarea le corresponde al Gobierno y, quizá, un primer paso importante podría ser el de afrontar cuanto antes la modernización de la Ley de Mecenazgo. Así, la frase de Lete “Todo el mundo quiere copiar el modelo de éxito español” podría sonar de forma más fundamentada. ¡Y cómo me gustaría que eso sucediera…!

Compartir...Tweet about this on Twitter0Share on Google+0Share on Facebook0Share on LinkedIn0Email this to someone