Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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Deportistas

11 de diciembre de 2017

La ‘limpia’ y auténtica nobleza de Lydia Valentín

Admiro a Lydia Valentín. Quienes siguen este blog saben que ya me he manifestado al respecto en otras ocasiones. Me gusta esta leonesa por su forma de entender el deporte de la halterofilia, bien sacrificado por cierto, y por su filosofía de la vida misma. Lydia acaba de conquistar el oro en los mundiales de Anaheim (EE.UU.), en la categoría de 75 kilos, en las modalidades de arrancada, dos tiempos y total olímpica, y creo que, por fin, el deporte ha hecho justicia con ella. En primer lugar, y sobre todo, porque es la mejor.

Se une así, además, a ese club tan selecto de deportistas españoles que han conquistado la triple corona: Juegos Olímpicos, campeonatos Mundiales y campeonatos de Europa. Los elegidos son 22 en total, entre hombres y mujeres, y en todas las modalidades deportivas (aunque la mayoría de ellas están vinculadas con el agua). En ese grupo de campeones podemos encontrar nombres históricos del ‘milagro’ deportivo español como los de José Luis Doreste (el primero en conseguir los tres títulos) o Theresa Zabell, ambos en la vela, que es el deporte que más aporta a la lista. En piragüismo sobresalen los de Saúl Craviotto o Marcus Walz; y en la piscina, recuerdo a David López Zubero o a nuestra admirada Mireia Belmonte. En los tatamis de Judo también quedaron inscritos con letras de oro los nombres de Miriam Blasco, Isabel Fernández o Joel González, por idéntico mérito. Sin olvidarnos, por supuesto de nuestra gran Carolina Marín en badmington. Aunque hay más.

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27 de noviembre de 2017

La madura precocidad de Marc Márquez

Hace apenas dos semanas que Marc Márquez se convirtió en el piloto más joven de la historia del motociclismo en conseguir seis títulos mundiales. Fue en el circuito de Cheste (Valencia) donde, a sus 24 años y 254 días, batió casi todos los récords de precocidad. Con 17 años –en 2010– ya fue el campeón más joven de 125 CC, después de subirse al podio en 10 ocasiones. Cuando tenía solo 20, fue el más precoz en conseguir su primer título en la categoría reina, por delante de Freddie Spencer (que lo logró con 21); y ahora, con este cuarto título en la categoría máxima igualmente supera a Mike Hailwood (que lo consiguió con 25 años y 107 días). El único reto que le queda por alcanzar ya –y no es de precocidad– es el que tiene que ver con el número de títulos mundiales en GP, en poder del italiano Valentino Rossi; sin duda la otra leyenda en activo del motorismo. Pero los aficionados dan por hecho que ese sueño también se convertirá pronto en realidad.

¿Qué tiene de especial Marc que le permite moverse en semejantes registros con una naturalidad impropia de un chaval de 24 años? Siempre he pensado que cuando un deportista, sea hombre o mujer, destaca de manera tan incontestable por encima de sus rivales es que no puede ser alguien ‘vulgar’ (y entrecomillo el término para evitar que se me entienda en un sentido negativo); un campeón tiene que ser alguien diferente, especial, único… extraordinario, en definitiva. Y me fascina el ejercicio de tratar de comprender dónde radican esas virtudes o cualidades diferenciadoras. Existen muchas técnicas y parámetros para objetivar y medir esas cualidades, pero prefiero bucear en las más intangibles, en las que encierran claves ocultas de una personalidad; esas cualidades que solo suelen captar quienes mejor conocen al campeón o, como se dice ahora, ‘las personas de su entorno’. Cualidades que, como piezas del puzzle, luego van encajando hasta ofrecer una foto nítida. Y esa foto, al fin y a la postre, es la base de su marca personal.

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6 de noviembre de 2017

Correr descalzo

Estoy leyendo estos días, con mucho interés y no menos asombro, el libro 100 consejos para correr descalzo, publicado por la Editorial Arcopress y del que es autor el profesor Emilio Sáez Soro. Con mucho interés porque me parece un libro bien estructurado y mejor contado sobre un fenómeno nuevo, llamado ‘descalcismo’ (juro que no había oído antes esta palabra), así como todas las técnicas de entrenamiento y los argumentos persuasivos para llegar a ser un buen ‘descalcista’. Y tengo para mí que no debe resultar fácil esa vuelta a los orígenes, hasta llegar a gozar corriendo con los pies descalzos.

Emilio Sáez Soro tiene 52 años, vive en Castellón de la Plana y desarrolla su actividad como profesor de Comunicación Audiovisual y Diseño de Videojuegos en la Universidad Jaume I. Por eso le llamo profesor; además, porque creo que ha escrito un libro ameno desde su ya muy dilatada experiencia como corredor de fondo, con más de 37años de experiencia. Sin embargo, hasta hace unos cinco años no comenzó a descalzarse para correr y ha participado, desde entonces, en numerosas competiciones de todo tipo (entre ellas, 19 maratones). Me parece muy meritorio lo que hace este veterano y creo que merece la pena reconocérselo.

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30 de octubre de 2017

Visto y oído en el World Football Summit 2017

El encuentro de la industria futbolística ‘World Football Summit’ (WFS) se celebró en Madrid durante los días 16 y 17 de octubre pasados. Era su segunda edición, después de aquella primera de 2016, que resultó tan exitosa. Este año el evento ha dado un salto, tanto en cantidad como en calidad, pues ha congregado a unos 2.000 profesionales de más de cincuenta países (en la primera se inscribieron cerca de 1.300). Quizá por eso, ahora el evento ha decidido afrontar un proceso de internacionalización que contempla organizar foros similares en países de otros continentes, como China, India, México o Nigeria.

Los organizadores del WFS habían anunciado que el objetivo de esta segunda edición era asegurar la asistencia de 250 clubes de fútbol, incluidos todos los de LaLiga. La patronal de la competición española ha sido este año socio global del congreso, junto a la firma Senn Ferrero y Asociados, la tecnológica Aruba, el Cruyff Institute, la empresa de comunicación y marketing WWP y la compañía de asesoría Zertior Sports & Entertainment; además, el WFS ha recibido el apoyo de Marca España y de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE). No está nada mal.

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16 de octubre de 2017

Nadal-Federer o Messi-Cristiano: la importancia de una gran rivalidad para llegar al ‘Olimpo’

Ayer vivimos una nueva final entre Rafael Nadal y Roger Federer. Fue la del Masters de Shanghái, cuya superficie de pista dicen que es una de las más rápidas del circuito mundial y, por tanto, una de las que más pueden perjudicar, a priori, a nuestro gran Rafa. Me encantó seguirla en directo por TV, a pesar de que el suizo se llevó el partido de forma clara, pues supo manejarlo en todo momento como él deseaba. Roger y Rafa son rivales eternos pero, fundamentalmente y por encima de todo, son grandes amigos. Cuando vi al suizo levantar sus brazos al aire por la victoria, se me vinieron a la mente unas recientes declaraciones suyas: “Nadal me ha hecho mejor jugador, me obliga a mejorar en mi juego”. Me parecieron reflexiones fascinantes, por todo lo que encerraban.

E, inmediatamente, también me vino a la cabeza otra de las grandes rivalidades del deporte que estos días se encuentra en plena efervescencia: la de Cristiano Ronaldo y Leo Messi por ser el mejor jugador del planeta fútbol. Ambos se clasificaron in extremis, la semana pasada, para disputar con sus selecciones el Mundial de Rusia 2018. Ninguno de los dos tiene aún ese título, que mucha gente considera imprescindible para poder entrar en el olimpo de los dioses al que solo pertenecen de forma incontestable cinco ídolos: Pelé, Di Stéfano, Maradona, Cruyff y Zidane. Cristiano y Messi, en activo, aún tienen mucho que decir con su fútbol y tendremos que esperar a ver lo que demuestran (sin olvidar, además, que el fútbol es deporte colectivo).

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9 de octubre de 2017

La calculada y ‘provocadora’ estrategia de Gerard Piqué

España se acaba de clasificar para jugar el Mundial de Selecciones de Rusia del año que viene. Tras una brillante fase previa, que culminó el viernes con un rotundo 3-0 frente a Albania, nuestro combinado se clasificará como primero de grupo si hoy vence también a Israel. Serán ya once mundiales consecutivos en los que participe España y vaya por ello mi felicitación, porque no es fácil conseguir esta secuencia. Y si no, que se lo digan a Italia, segunda de grupo que se juega todo, ahora, a una repesca; o a Argentina, aún no clasificada, a falta del último encuentro en Ecuador… y a Portugal o a Croacia. Mucha gente teme un mundial sin Cristiano o Messi, pero es lo que hay. Por eso, España tiene mérito.

Y hago este preámbulo porque me parece que, ahora, toda la afición debería estar gozando y saboreando este éxito hispano. Sin embargo, esa felicidad no ha sido completa para la afición; se ha visto trufada por un nuevo ataque de protagonismo de Gerard Piqué, que ya nos tiene hartos. Y así se lo han demostrado en estos días, silbándole durante el partido contra Albania cuando él tocaba la pelota. Me das pena Gerard, porque crees que eres un enfant terrible… que sabes dinamitar el buen ambiente de la selección cuando esta se afana en conseguir sus objetivos. Para ti es más importante arrimar el ascua a la sardina de tus propios intereses, pero tengo para mí que en esta ocasión has llegado demasiado lejos. Especialmente, en estos momentos de convulsa actualidad política en Cataluña, que promete cobrarse alguna que otra víctima propiciatoria. Y ya veremos lo que pasa contigo.

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25 de septiembre de 2017

El baloncesto español, en su encrucijada de futuro

“La generación de oro del baloncesto español acabó con un bronce. Con el Eurobasket recién terminado, resulta imposible dibujar qué equipo integrará la selección en el Mundial de China en 2019, si las polémicas ventanas permiten a España llegar hasta allí. Pau Gasol tendrá 40 años, su hermano Marc 34, uno más San Emeterio, y 33 Sergio Rodríguez. Por eso, los jóvenes importan”.

Me permito abrir el post de hoy con esta cita textual de Alberto Lambea. Corresponde a la entrevista al jugador Juancho Hernangómez, publicada en El Mundo el pasado día 20. Estaba recién concluido el Eurobasket, en el que nuestra selección volvió a subir al cajón de los campeones (pero en esta ocasión a su tercer peldaño) y cito ese párrafo porque resume como pocos el sentir de los aficionados al baloncesto, que nos estábamos haciendo esos días preguntas similares: ¿Tiene relevo esa generación que logró nueve medallas en los últimos diez europeos? ¿Nos hemos acostumbrado mal, como dice el propio Juancho? ¿Qué se debe hacer –y quién debe hacerlo– para ganar el futuro?

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31 de julio de 2017

¿Puede ser ya Garbiñe el nuevo ídolo del tenis español?

Hace apenas dos sábados, la tenista hispano-venezolana Garbiñe Muguruza –nuestra Garbiñe, a secas– conquistó el torneo de Wimbledon, para muchos el más prestigioso del mundo, incluso por delante del de Roland Garros que se celebra en París. Y se ve así precisamente por la dificultad añadida que representa jugar en hierba, frente a la tierra batida que está mucho más en nuestra tradición tenística. Como podemos imaginar, esa victoria levantó todo un terremoto de felicitaciones, parabienes y elogios hacia nuestra campeona, que ya había conquistado la gloria en Francia, allá por 2016.

No seré yo quien ose quitar a Garbiñe el más mínimo ápice de mérito por su flamante título, puesto que además se lo ganó de forma indiscutible nada menos que a la mayor de las hermanas Williams, Venus, quien reconoció con verdadero fairplay la superioridad de la española. Una final ganada con un tenis de contrastada calidad, como venía demostrando en las eliminatorias previas; un tenis que no deja lugar a la duda: estamos ante una gran tenista, a la que sin embargo aún le queda dar un salto de madurez personal para no ser tan irregular como viene siéndolo hasta ahora. Para quienes seguimos su trayectoria, y me consta que somos muchos, sigue siendo un misterio insondable que Garbiñe sea capaz de protagonizar las mayores gestas (como en Wimbledon) o las derrotas más insulsas, a las primeras de cambio, en cualquier torneo menor.

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