Este mes de agosto tiene ya un lugar en la historia del deporte español porque fue el de la consagración de nuestra campeona de bádminton, Carolina Marín, que consiguió subir a lo más alto del podio en el mundial celebrado en Yakarta, capital de Indonesia. Este segundo oro mundial viene a confirmar que estamos ante una deportista absolutamente excepcional, con virtudes extraordinarias que la convierten en una campeona única.

Desde la final del 16 de agosto, en la que derrotó a la número 2 del ranking, la india Saina Nehwal (21-16 y 21-19), mucho se ha escrito sobre Carolina, poniendo el foco en aquellos aspectos de su juego o en los rasgos de personalidad que la hacen superior. Y a mí también me gustaría hacerlo hoy, tratando de acercarme en lo posible a su fascinante personalidad de campeona.

Desde luego esa superioridad la demostró sobradamente en Yakarta. Como sucedió en el Mundial de 2014 (Dinamarca), todas sus oponentes eran asiáticas, a las que fue superando una tras otra. Eso pone aún más en valor su triunfo pues mientras en España tenemos hoy 7.000 licencias de este deporte, en aquellos países lo practican millones y millones de jóvenes, que lo convierten en el deporte preferido del colegio.

Muchos pensaron en Copenhague que, tal vez, aquel primer oro mundial podía ser flor de un día. Pero este segundo título y todo lo que ha ido sucediendo desde que se inició en este deporte nos confirma que estamos ante una campeona muy solvente, a pesar de sus 22 años. Porque no debemos olvidar que Carolina va rompiendo barreras y estableciendo hitos de auténtica pionera: fue subcampeona y campeona europea juvenil (la primera española en conseguirlo); luego fue la primera en proclamarse campeona de Europa en la categoría absoluta (y la más joven de la historia en conseguirlo); después, campeona del mundo, la primera española en llegar a número 1 del ranking mundial… Y ahora es la primera en repetir como campeona del mundo. Su hazaña deportiva es impresionante, pues no ha habido en la historia un jugador de bádminton que no sea chino y que haya repetido como campeón del mundo, ni en hombres ni en mujeres. ¿Alguien da más?

Y todo ello sin poner el foco en algunos intangibles, como por ejemplo que gracias a ella se conoce y está desarrollando el bádminton en nuestro país, pues ya no solo son Beatriz Corrales o Pablo Abián los dos únicos jugadores destacados, sino que hace unos meses nuestro equipo de juniors ganó el campeonato de Europa frente a potencias como Alemania, Dinamarca o Inglaterra (hasta hace nada muy superiores). También ha emergido un nuevo modelo de deportista de élite (otro ídolo en quien podrán fijarse los más jóvenes); hasta hace poco, ella tenía en su imaginario a Rafael Nadal, a quien considera todo un símbolo de buen deportista (y ahora es Carolina quien está tomando el testigo). Y por no olvidarnos de que gracias a ella el nombre de España se ha vuelto a colocar en el atlas deportivo mundial y destaca en pabellones polideportivos de todo el mundo. En Indonesia, por ejemplo, es toda una celebridad…

La pregunta que nos estamos haciendo estos días seguidores y periodistas es cuáles son los rasgos y valores de campeona que atesora Carolina para destacar de forma tan fulgurante como sólida. Es un asunto recurrente del que se escribe bastante ya, pero sobre el que me gustaría seguir abundando en la medida de lo posible.

La primera virtud de Carolina, según su entrenador Fernando Rivas, es la resiliencia. Es decir, su capacidad de sobreponerse a las adversidades y salir reforzada de ellas. Eso ha pasado, sin ir más lejos, en las vísperas de este mundial de Yakarta. Por un lado, debido a sus líos con la Federación desde que consiguiera su primer oro mundial y toda la negatividad que conlleva un protagonismo polémico que ella no desea: “No imaginaba que un oro mundial pudiese dar tantos problemas. He llegado a pensar que me da igual la medalla, que casi prefería no ganarla. Llevamos ocho meses de conflictos y me preguntan cómo hago para sacar títulos adelante. Pues gracias a mi fortaleza mental, pero en los entrenamientos uno lo lleva muy mal, porque quienes están alrededor lo llevan mal. Esa negatividad afecta. He llorado muchas veces. A las 12 de la noche he llamado llorando a mi entrenador. Cuando debía descansar estaba llorando. He tenido pesadillas…”.

Por otro lado, sus lesiones, pues llevaba dos meses sin competir y como antes comenté dos semanas antes de las competiciones aún no sabía si se recuperaría a tiempo de su lesión en el pie derecho; ella declaró que hubo momentos en que temía que tendría que ver los partidos por la tele. Sin embargo, su entrenamiento mental y su capacidad de pensar en positivo (lo que le lleva a la convicción de que todos los obstáculos se pueden superar) obraron una buena parte del milagro de su recuperación justo a tiempo.

Según su psicólogo Pablo del Río (del Centro de Alto Rendimiento de Madrid donde ella entrena) en aquellos días de zozobra se trabajó la mente, se prepararon a conciencia todos los partidos en el plano teórico, se visualizaron jugadas y se entrenaron hasta los descansos y los tiempos muertos. Del Río, auténtico artífice de la fortaleza mental de Carolina, recordaba tras conseguir el nuevo oro mundial que la preparación durante el último mes había sido completamente atípica. “Estuvo Carolina 12-14 días sin entrenar a nivel físico. Tras reunirme con Fernando, su entrenador, decidimos que entrenase con técnicas encubiertas en las que había mucho de entrenamiento mental, de práctica imaginada a nivel táctico y técnico. Ha estado haciendo tres sesiones de práctica imaginada al día. Hemos preparado a cada adversario a nivel estratégico y como la lesión era en el pie, ha llegado a entrenar sentada en el plinto o sobre una bola grande de las de pilates. Tuvimos que trabajar para hacerle ver que esa forma de entrenar iba a ser igual de efectiva”, añade Del Río.

Se debe destacar también de Carolina su mentalidad ganadora. Es una de las grandes virtudes que ha aprendido de su ídolo, Rafael Nadal. Es zurda, como él; tan perseverante en la pista como Rafa, pues nunca da una jugada por perdida. Celebra los puntos como si en cada uno de ellos le fuera el partido. Se deja todo en cada punto y es, sobre todo, una gran estratega durante los partidos, demostrando su capacidad de asimilar a la perfección el trabajo preparativo previo. “Mentalmente está preparada para eso. Es consciente de que todos los volantes hay que pelearlos. Se crece porque sabe lo que tiene que hacer y si ella mantiene el autocontrol, las situaciones adversas las percibe como neutras”, explica Pablo del Río. “Si hace lo que ha trabajado es invencible”, añade.

Sin embargo, cuando gana un título, lo celebra como si no creyera que lo merece, o como si pensara que nunca más volverá a ganar otro. Porque en Carolina, la humildad es innata, como lo es en Nadal. Lleva ya mucho tiempo ganando y jamás da a entender que se considera superior a nadie o que una victoria perece fácil a priori. Su respeto al rival es natural, proverbial, ceremonioso… “El mérito es de ella”, dice Pablo con la misma humildad que trata de inculcar a sus pupilos. “Carolina es humilde y nunca perderá la humildad. Es un valor fundamental en el deporte pero sobre todo en su vida. Es importante para que transmitan valores y lleguen a la masa social”. Estoy de acuerdo.

Sus victorias llegan como resultado del trabajo en equipo (entrenador, psicólogos, fisios, técnicos, etc.) y ella siempre lo reconoce y lo destaca. El mérito es de todos (lo dice y lo piensa seriamente). Y gracias a ese trabajo colectivo creo yo que tenemos campeona para rato. En una industria como la del deporte, en la que cada día vemos malos ejemplos de influencia sobre los deportistas, por parte de sus ‘entornos’, me encanta poder escribir hoy de un entorno profesional virtuoso como el que componen entrenador, psicólogo y demás miembros del equipo que trabajan tan positivamente con Carolina. En el horizonte tenemos los JJ.OO. de Río (julio de 2016) y nuestra campeona los tiene ya entre ceja y ceja.

Ellos son quienes han sabido transmitirle a Carolina lo que es hoy su máxima vital y competitiva (con la que titulo este post): “Puedo porque pienso que puedo”. No se me ocurre ningún otro cimiento más sólido para esa fortaleza mental que a buen seguro nos traerá muchas otras alegrías.

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