Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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Bufandeo

“Los aficionados -cada vez más alejados de iglesias, sindicatos y partidos- acuden a los estadios y se entregan a sus equipos -mientras resuenan los himnos, antes del inicio del encuentro- desplegando las bufandas y convirtiendo la grada en un fortín inexpugnable. La liturgia tiene la secuencia bien organizada: en primer lugar se corea la alineación y a continuación se canta el himno a cappella con las bufandas en alto. Un ritual que se ha convertido en la seña de identidad de cada estadio para que el equipo sienta -desde el primer instante- el calor de la grada. Un derroche de coraje y corazón, la piel de gallina, calambres en el hombro, la voz quebrada y el corazón latiendo a mil.

El momento puede llegar a ser emotivo y sobrecogedor y tiene señas de identidad propias: sentimiento, orgullo, pasión, compromiso, fidelidad, pundonor y valentía, máxime si la pugna es contra un gigante. Porque nada importa la derrota si se sale con la cabeza bien alta, la voz ronca y el corazón herido. Con este acto iniciático, el gesto ejecutado de forma unánime se convierte en grandioso, porque es la gente unida la que defiende su templo.

Lo malo del asunto asoma cuando concluye el bufandeo -como moderno esparcimiento irreflexivo, adictivo y banal- y emerge la furia, como ocurrió hace unas semanas cuando medio millar de seguidores del Feyenoord -una de las aficiones más violentas de Europa- provocaron graves disturbios, causando «daños irreparables y permanentes» a la Fontana de la Barcaccia, de Pietro Bernini, al pie de las escalinatas de la Trinità dei Monti, en la Piazza di Spagna, visita de culto para el viajero.

(…)

Al calor del fenómeno ha medrado un nuevo tipo de periodismo deportivo apasionado en el que -con los cuellos rodeados de bufandas invisibles y hablando todos a la vez- se emula al inimitable García. El Tata Martino, breve entrenador del Barça, ya advirtió: «En toda mi carrera nunca me había tocado vivir un periodismo de camiseta». La idea de que algunos agitadores sean líderes de opinión, ha calado tanto en los medios, que proliferan -los programas nocturnos de bufandeo- en radio y televisión.”

De la tribuna de opinión publicada en El Mundo (03.03.15), firmada por Luis Sánchez-Merlo, abogado y economista.

Se puede leer completa en: http://www.elmundo.es/opinion/2015/03/02/54f4c581ca4741f9218b456e.html

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