No es casualidad que este post se publique unas pocas horas antes del pitido inaugural del Mundial de Fútbol de Brasil. Llevo unos días leyendo todo lo que cae en mis manos sobre el evento planetario que hoy se retransmite a casi todos los países del mundo y me asaltan muchas más dudas de lo razonable.

Porque estamos asistiendo estos días a una escalada de hechos, acciones y declaraciones que van mucho más allá del simple juego (el fútbol es eso: un juego), del éxito o fracaso de una organización (en este caso, no está nada claro) y de los muchos intereses, tangibles o intangibles, que juegan un papel protagonista en este escenario del Mundial. Percibo que Brasil, el país del fútbol por excelencia, se ha metido demasiada presión a sí mismo y que sólo contempla una victoria. La derrota, y más si esta fuera prematura o especialmente dolorosa, podría conllevar para ellos muy nefastas consecuencias sociales. Brasil ignora ese proverbio que dice: “Ganar por necesidad es perder por obligación”. Y por eso, me gustaría hoy escribir este post desde la perspectiva del anfitrión…

Para empezar cabe decir que Brasil no se ha preparado bien para este Mundial. Su Gobierno, su comité organizador, lo reconoció así hace unos días, por boca de su ministro de Deportes, Aldo Ribelo: “Es imposible que Brasil esté preparada para el Mundial. Hemos hecho todo lo posible, pero no hemos llegado a tiempo”. Eso por lo que respecta al mero cumplimiento de los plazos y grados de ejecución de las obras (que no se pueden ocultar) y sin entrar en más detalle sobre las huelgas, los problemas sociales, las dificultades de alojamiento y transporte, el descontento de la población y un largo etcétera que ya conocéis por este blog (….), que -esperemos- no eclipsen el fulgor implícito a semejante evento.

Primera consecuencia: dentro de unas horas, cuando se celebre la ceremonia inaugural, ni la presidenta del país, Dilma Rousseff, ni el máximo mandatario de la FIFA, Joseph Blatter, pronunciarán sus tradicionales discursos. ¿Por qué? Muy simple: por miedo a ser pitados por la grada del estadio, como ya sucedió el año pasado en la Copa Confederaciones. ¡Vaya panorama! Será la primera vez que esto suceda, al menos en las últimas ediciones del Mundial. Y no parece que sea un buen comienzo.

Pero algo que parece objetivamente negativo siempre lo puede utilizar alguien en beneficio propio o de forma descerebrada. Y, para corroborarlo, el alcalde de la ciudad de Manaos, Arthur Neto, nos ha salido con una frase histórica: “Las manifestaciones son parte de la belleza del Mundial” ¿…?. Refiriéndose a una protesta de trabajadores de la construcción de su ciudad, sacó los pies del tiesto: “No sabía que habría esta protesta, pero en mi opinión fue hasta bueno que hubiera una manifestación. En realidad, una manifestación ordenada y sin disturbios es algo bonito, forma parte de la belleza del Mundial, forma parte de la fiesta”. ¿Se puede tener tan poca sensibilidad siendo un responsable político?

Como contrapeso a los flacos favores de sus políticos, el entrenador y los jugadores y brasileños, han tratado de derivar las noticias hacia lo futbolístico, pero tampoco con mucho tino, por no decir desde un cierto desprecio por los adversarios… o desde un evidente sentido de la superioridad. Por ejemplo, la estrella del equipo, Neymar, cuando aseguraba que él no quiere ser el mejor, ni el mayor goleador… simplemente, quiere el título, y que para ello espera el apoyo del país: “Los jugadores esperamos mucho de la afición. Es el jugador número doce, o tal vez el principal jugador”. Pero ese público, la población, es precisamente la que está cabreada estos días… muy cabreada.

Su seleccionador, Scolari, lejos de templar gaitas, echó un poco más de leña al fuego de la prepotancia, al referirse a su pupilo: “Neymar siempre va a marcar las diferencias pero el crack va a ser el que gane el Mundial. Yo duermo bien, otra cosas no sé si las hago bien, pero dormir, duermo bien. Pero si tuviese a un Neymar del otro lado, tendría algunos pensamientos durante la noche. Cuando nos enfrentamos a un jugador de ese nivel, de esa calidad, hay que idear alguna cosa”. ¿A estas alturas nos tiene que contar Scolari quién es Neymar? Pues, por si le sirve, le podríamos recordar que el crack, en su primera temporada en España, ha presentado un balance bastante normalito, por no decir mediocre.

El actual capitán de la canarinha, Thiago Silva, ha reconocido en una entrevista al diario francés ‘Le Monde’ lo que decíamos, que su país no se contentará con quedar en un segundo o tercer puesto en el Mundial, porque solo aspira a la victoria: “No aceptaremos quedar terceros o segundos. Solo aceptaremos ser primeros, campeones del mundo. Es nuestro único objetivo y vamos a trabajar para eso. Sabemos que será difícil, pero tenemos la oportunidad de hacer historia (…) Ha llegado la hora de Brasil” ¿Acaso no piensan lo mismo las demás selecciones participantes?

Otro de los legendarios capitanes de la selección, Cafú, pone un poco de serenidad entre tanto triunfalismo y recuerda que Croacia también existe (lo veremos esta noche), pidiendo que “no se ponga más presión sobre la selección brasileña”. Según Cafú, “está bien que la gente proteste, para eso somos una democracia. No son protestas contra el fútbol ni contra la selección, son contra la forma en cómo se gastó el dinero del Mundial”. Y el ídolo, quizá ya por su edad y veteranía, lo tiene claro y sentencia que “Por ganar este Mundial, Brasil no va a resolver sus problemas“. El Gobierno no debería caer en la tentación de utilizar la táctica del calamar con la explotación propagandística de este Mundial (quizá no le salga tan bien).

Y tal vez sea la prensa del país la que muestra más cordura, recordando que España también existe, y que es la vigente campeona (aunque parezca que se encuentra en Brasil de tapadillo): “Hay respeto a España, no miedo“, coinciden estos días los diarios. “La Roja es una de las principales favoritas”.

Y eso es lo que deben pensar también nuestros jugadores: “Mejor que los favoritos sean los otros“.

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