Intangibles y deporte

Un blog de Carlos Agrasar

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Androcentrismo desinformativo

La reivindicación viene de lejos: si cada vez son más las mujeres que practican deporte y que lo siguen como espectadoras, ¿por qué el periodismo deportivo las sigue dejando fuera de juego? El crecimiento del deporte femenino en los últimos años no se corresponde con su presencia en la gran mayoría de los medios, muy insuficiente de acuerdo a los logros obtenidos por ellas, que son muchos y relevantes en muchos países, y muy en disonancia con lo que debería ser una cobertura periodística plural que hiciera honor a la etiqueta de “deportivo”, basada además en la mera aplicación del principio ético de justicia y de un criterio noticioso: es de interés general y, por tanto, publicable cualquier título o actuación sobresaliente de un atleta o equipo local o nacional en una gran competición, independientemente del sexo de sus protagonistas. Excluir de la agenda temas de interés es contribuir a la desinformación del público al que el medio se dirige y, en este caso, ahondar en la evidente brecha de género que padece el periodismo deportivo.

El deporte practicado por mujeres apenas alcanza entre el 3% y el 8% de las noticias deportivas de la televisión y en los periódicos, según investigaciones académicas y estudios e informes promovidos por administraciones públicas y asociaciones profesionales en los últimos años en varios países. Punto porcentual arriba punto porcentual abajo, los datos corroboran una tendencia manifiesta y acusada de siempre, que parece no paliarse en este tipo de periodismo: el ámbito de la información deportiva sigue siendo excluyente con la mujer profesional del deporte y sigue construyendo un discurso desde un prisma androcéntrico, como si solo fueran hombres quienes practican deporte, lo consumen y escriben o hablan sobre él.

Como señala la profesora Susana Guerrero, “el problema es que se sigue presentando el deporte femenino como una situación excepcional”. Esto es, la lógica masculina del deporte y del periodismo deportivo en general (el “deporte” a secas se concibe como masculino, solo se le pone el adjetivo para advertir cuando las practicantes son féminas) impide que se normalicen socialmente las situaciones de las mujeres en el ámbito más o menos profesionalizado del deporte, tanto las deportistas, que apenas se visibilizan y a menudo se cosifican al presentarse como reclamo físico; como las propias periodistas deportivas, que siguen siendo una minoría en la mayor parte de las redacciones especializadas pese a ganar por goleada en las escuelas de Periodismo y que, cuando están, en muchos casos, sobre todo en televisión, desempeñan tareas de apoyo más anecdóticas u ornamentales. En muchos países las presentadoras, comentaristas o redactoras todavía deben demostrar que ‘saben’ de deportes para poder estar ahí, a diferencia de sus homólogos masculinos, a quienes, por el hecho de ser hombres, se les presupone un conocimiento adquirido sobre la materia.

Fuentes femeninas
Efectivamente, la gran asignatura pendiente del periodismo deportivo en el siglo XXI es el reconocimiento del papel de las mujeres no solo como protagonistas y emisoras de la información, sino también como fuentes. Si los referentes de la actividad deportiva son masculinos, al igual que los periodistas de referencia en su mayor parte y dirigentes del deporte, en un elevado porcentaje hombres; se debe también a que los medios no diversifican su agenda temática abriendo su abanico de fuentes habituales a más articulistas y firmas de mujeres relevantes (entrenadoras, directivas, médicas, abogadas o psicólogas), que, por supuesto, las hay y podrían enriquecer los contenidos de este campo informativo y dotarlo de una mayor amplitud de miras.

De la información publicada en Red Ética (31.10.17), firmada por José Luis Rojas Torrijos.

Se puede leer completa en: http://www.fnpi.org/es/etica-segura/androcentrismo-desinformativo

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