Vaya por delante, puesto que nunca trato de hacerlo, que mi deseo en esta entrada no es ‘pontificar’. No pretendo llevar la razón, ni atacar a nadie. Y menos hacerlo de forma corporativa (cada cual es cada cual)). Simplemente trato de reflexionar sobre algo que vengo observando desde unos años y que –así lo siento– creo que se está enconando bastante en estos últimos meses: la radicalización de los periodistas (y/o de sus medios) hacia ciertos deportistas de élite, a veces mediante argumentos o intereses extradeportivos (espurios), sobrepasando los límites que impone el código deontológico de la profesión (lo hay, aunque parece que se ha olvidado), los diferentes libros de estilo que regulan el ejercicio periodístico en los medios (parece que nadie los cumple ni los hace cumplir) o el más mínimo sentido común, que aconseja en todo caso una correcta práctica profesional.

El resultado de todo ello es que los periodistas se alejan cada día más de los deportistas, que son los auténticos protagonistas de sus historias; ellos son quienes en último extremo les dan de comer. Porque el periodismo deportivo no existe por iniciativa romántica de los editores empresarios, sino también porque existe el deporte como materia de interés social… y porque son los deportistas quienes hacen posible e interesante la práctica deportiva y la competición. Y nosotros –que estamos padeciendo como nadie en nuestras propias carnes el cuchillo de la transición tecnológica y el rigor de la crisis económica– deberíamos saber que esta batalla la vamos a perder; abogo por un periodismo libre (sí), pero responsable (también). Ese equilibrio es imprescindible y perentorio.

Vamos a lo concreto. Con motivo de la reciente concentración de la Selección Española de Fútbol para jugar dos encuentros clasificatorios al Mundial de Japón 2020, dos iconos del equipo nacional –Ramos y Piqué– han protagonizado sendos episodios tan indeseables como deleznables. Ambos jugadores han sido atacados, criticados y vituperados de forma inmisericorde y descaradamente subjetiva, sin más justificación que la guerra soterrada que se libra contra ellos desde hace tiempo.

En el caso de Sergio, La Roja iba ganando a Italia casi todo el partido (0-1) hasta que el jugador cometió cerca del final un dudoso penalti (para muchos pitado de forma muy rigurosa); Italia lo transformó y, de ese modo, se esfumaron dos puntos valiosos de cara a la clasificación final. De forma inmediata, algunos periodistas y tertulianos, así como las redes sociales, comenzaron a vomitar mensajes contra el jugador, con críticas desaforadas y argumentos relativos a su background tarjetero, pues en los 12 partidos de esta temporada, Ramos lleva ya cuatro penaltis cometidos, tres goles marcados y cinco tarjetas amarillas. Por supuesto, hasta aquí, todo correcto. Las estadísticas son las que son, se pueden destacar y deben criticar. Pero lo que no parece tan lógico es que se haga ‘escarnio’ hacia el jugador (con insultos, incluso), por su mala forma física; o que se pase a la manipulación informativa en muchos medios, ocultando que se trataba del primer penalti cometido por el central en sus casi 140 partidos con la Selección. Pienso que si Ramos es titular tanto con su entrenador como con el seleccionador será por algo; quizá no le vean tan mal, tal vez no tengan a otro mejor… o quién sabe si pronto, en algún partido, no le saquen. Pero debe ser cosa de preparadores, no de periodistas.

A esas críticas respondió Sergio en la zona mixta de forma desafiante: “A los que rajan les digo que disfruten; al final terminarán callados”. ¿Por qué reaccionó así? Pues porque cree saber que esas críticas no proceden solo de grupos rivales o ajenos a sus equipos (sería lógico), sino que llegan desde su propio club, a través de periodistas afines (que actúan de ‘voceros’ intermediarios). Por supuesto, considero que Ramos debe atemperar su carácter y meditar antes de actuar en caliente… pero también estoy seguro de que cada día se irá sintiendo un poco más lejos de esos ‘enemigos’ y de sus plumillas; y quienes al final pagarán el pato son las masas de lectores, oyentes o televidentes.

Pasemos al caso Piqué, quien anunció tras el partido contra Albania que dejará la Selección después la Eurocopa de Rusia en 2018. En esta ocasión, la mecha que incendió la polémica fue un hecho irrelevante: antes del partido, el jugador decidió cortar las mangas de su camiseta porque le quedaban muy ajustadas y le molestaban en sus movimientos. Hasta aquí todo normal, pues muchos jugadores lo hacen y no pasa nada. Pero algún insidioso se aprestó a decir que lo había hecho para hacer desparecer el ribete con la bandera nacional que la prenda lleva en sus bocamangas. El asunto se hizo viral inmediatamente y en las redes sociales se jugó otro partido paralelo con críticas e insultos hacia el jugador. No se puede negar que un sector de la afición espera a Piqué en cualquier campo y le zurra de forma sistemática.

Por eso, tras el partido, el jugador estalló: “Me cansa que se dude de mi compromiso. El Mundial de Rusia va a ser mi última competición con la selección y espero vivirlo con muchas ganas”, aseguró en la zona mixta del Loro Borici Stadium. “No soy bien recibido estos años y aunque doy todo, y lo sigo dando, obviamente hay gente que considera que mejor que no esté. Estoy muy ilusionado con el nuevo proyecto de Julen, nos va a dar muchísimo, por eso voy a seguir hasta el Mundial. Hemos empezado y acabaremos juntos”.

Porque lo cierto, y da que pensar, es que la camisola nacional no tiene bandera en sus puños, como él demostró exhibiendo la camiseta entera de Ramos. ¿Cómo es posible que algunos periodistas se prestaran a multiplicar este bulo a través de las redes sin siquiera tratar de confirmar la veracidad de la noticia? Pues quizá desde su antibarcelonismo o porque lo importante no era informar… iban de ‘caza de brujas’ (con nombre y apellido). Siempre he dicho que Piqué se ha ganado (él solito) muchas de las críticas que ha recibido; pero en los últimos tiempos ha moderado su lengua y comportamientos, además de que ahora muestra una magnífica forma de juego… Y, por supuesto, nada de eso conviene a sus detractores, que siguen dándole ‘caña al mono’ con cualquier disculpa.

El jugador, que ante Albania cumplió 86 partidos con La Roja, insistió en que su decisión no es fruto de un calentón: “Hace tiempo la tengo en la cabeza y hoy es una más; pero no es por lo de hoy, es por la sensación de dar todo en el campo y mucha gente te lo agradece pero a otra no le parece bien. Con 31 años habré hecho muchas cosas tras ganar todo con la selección, intentaremos ganar el Mundial y la vida sigue con el Barcelona donde quiero ganar mucho más”. Pues digo lo mismo que con Ramos: ¿Que Piqué se recorte las mangas significa que no quiere jugar con España? Que yo sepa estaba jugando con la Selección y no se había borrado el escudo del pecho; ¿Es que un jugador no puede retirarse de su Selección cuando le parezca oportuno? Otros lo han hecho y su anuncio no ha causado tanto revuelo ¿Acaso un jugador que llevará unos cien partidos cuando se retire debe demostrar algo más? Insisto son polémicas absurdas, basadas en argumentos aún más estúpidos.

Y en tercer lugar cito, ya fuera del fútbol, el caso de Garbiñe Muguruza. La joven tenista, en quien la afición tiene puestas muchas esperanzas, está sumida en una mala racha de juego que la apea de todos los torneos a la primeras de cambio. Tras ganar Roland Garros en primavera, y teniendo en cuenta sus grandes cualidades para ese deporte, nadie podía imaginar semejante bajón. Entiendo que las expectativas de muchos estén quedando frustradas… pero eso es un problema de quien alberga libremente unas expectativas en relación a otros y luego les exige responsabilidades.

Digo esto porque hace días leí en El Confidencial un artículo de Álvaro Rama, titulado Muguruza ‘anunciará’ su retirada, que me resultó ambiguo: “En torno a la carrera de Garbiñe empieza a abrirse un plano que trasciende el resultado: lo moral. Y entiéndanse los valores como un elemento necesario en toda figura pública, con capacidad de influencia. Pero al margen de un par de gritos, que se sepa, la jugadora todavía no ha matado a nadie. Pero eso es la carrera de Muguruza en estos momentos, un muñeco de trapo al que golpear por cualquier gesto. Sea una derrota, sea un tiro al limbo, gesto de tensión en el rostro o una mala contestación al entrenador en mitad del partido. La crítica es necesaria y sana, faltaría más, pero dentro de un contexto y no como norma”. La verdad, no sé muy bien qué quiere decir el autor, además de haber titulado de forma críptica: ¿Qué es lo que le hace pensar a él que Garbiñe va a ‘anunciar’ su retirada? Porque luego no el autor no lo explica en su información…

Por última vez me pongo en el lugar del deportista: ¿Acaso Garbiñe no tiene derecho a pasar por un bache, a cambiar su estilo de juego, a cometer errores, a concentrarse mal o a comprobar que no tiene la ambición o el espíritu de sacrificio necesarios para ser la número uno? Si no vale para esto, ya la sacarán del tenis los resultados o los aficionados. Por eso, claro que tiene todo el derecho del mundo… incluso a tirar la toalla si le diera la gana (aunque sería una pena, sin duda). Y todo ello sin que nadie se crea con derecho a juzgarla desde lo moral (rasgos y valores no son lo mismo) o a criticarla “Porque, cuando está tensa, pierde los nervios. Como señalar a la Luna y fijarse en el dedo”. Pues sí, también creo que tiene derecho a fijarse en el dedo… ¡Y dejémosla jugar en paz!

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