Nuestro gran campeón del patinaje sobre hielo, Javier Fernández, consiguió hace poco más de una semana, en la ciudad checa de Ostrava, lo que ningún otro patinador había logrado desde 1973: conquistar el trono europeo por quinto año consecutivo. Y hablo de trono, porque no resulta nada exagerado hablar ya de ‘reinado’ de Javier en esta disciplina deportiva, donde cada año se distancia más y más de sus rivales del continente, gracias a su palmarés mundial, su capacidad para la innovación continua, su dedicación y entrega, su impresionante carácter competitivo y su gran espíritu de superación.  

Javier tiene tan solo 25 años, pero aparenta una madurez impropia de semejante juventud. Él se considera ya mayor para estas lides, pues compite con chavales de 17 y 18 años, que vienen empujando de forma imparable. Y quizá por eso se empieza a plantear una retirada que, Dios lo quiera, aún esté lejana. Me parece muy bien que sea capaz de contemplar el futuro con naturalidad -sabiendo que las etapas se van quemando- y que desee vivir por fin una vida estable que por ahora, debido a la alta competición, le está vedada. Pero estoy seguro de que, precisamente por esa madurez suya, sabrá tomar las decisiones más adecuadas en los momentos oportunos. – Leer más –