Llevo siguiendo la crisis deportiva e institucional del Valencia desde hace mucho tiempo. Me produce mucha curiosidad. Observo, atónito, el proceso de descomposición del club, mucho más allá de los resultados que emanan del terreno de juego, que cada día parecen peores. Con la plantilla que tiene el Valencia, no se puede entender semejante deterioro. Hoy, la situación es así de dramática: el equipo, otrora presente en las últimas fases de las competiciones europeas, se encuentra al borde de la fatídica y temida zona del descenso y anoche quedó eliminado de la Copa del Rey, frente al Celta de Vigo (2-1). Un partido malo pues el equipo valencianista no mostró garra alguna.

En las últimas semanas, parece que nada va quedando en pie dentro de la estructura institucional. Los jugadores no aciertan a dar explicación alguna a su impotencia deportiva. Parece que no pueden ganar ni al equipo de su barrio. El anterior entrenador, Césare Prandelli, presentó su dimisión el 30 de diciembre porque no le iban a traer en el mercado de invierno los refuerzos prometidos por el propietario del Club, el magnate de Singapur Peter Lim. La solución fue acudir, una vez más, al auxiliador de siempre: Voro, a quien se confirmó hasta el final de temporada; pero éste tampoco parece estar siendo, por ahora, la solución milagrosa de otras ocasiones. Y, por si faltaba algo, el sábado por la noche fue el propio García Pitarch quien presentó también su dimisión irrevocable, dejando al Valencia huérfano, al menos aparentemente, de soluciones que puedan revertir la situación. Porque quienes están al frente de la crisis -y podrían aportar soluciones- han abandonado la nave dejándola al pairo de la tormenta. Veo un panorama negro, la verdad. – Leer más –