Como saben bien las personas que se acercan habitualmente a este blog, Rafael Nadal es posiblemente una de mis mayores debilidades. Escribo sobre él con frecuencia porque Rafa es el deportista a quien más admiro. Considero que se trata de un campeón que, como pocos, sabe competir, atesora valores, mantiene el tipo tanto en la victoria como en la derrota, se pone objetivos y hace todo lo posible por alcanzarlos, respeta a sus rivales de forma sincera… y, además, porque es todo un ejemplo (encomiable, desde mi punto de vista) para esos niños que sueñan con llegar algún día a ser, siquiera, una mínima parte de lo campeón que él ha llegado a ser…

Cada vez que Rafa hace o dice algo pongo toda mi atención y diseño el pertinente mecanismo de seguimiento. ¿Cuántos de nosotros, en nuestras actividades diarias, soportaríamos un control semejante? Yo no, desde luego. Y no lo hago por criticarlo, ni por pillarle en un posible renuncio; lo hago justamente por lo contrario: para poder seguir admirándole cada día más. Como todo buen aficionado al deporte seguramente conoce, Nadal disputa hoy la semifinal del torneo de Gran Slam de Australia; se trata de un hito que no conseguía desde hace casi tres años, debido a una larguísima racha de lesiones, etapas de duda sobre su continuidad en el tenis y alguna que otra ‘crisis’ de juego que le llevó a cuestionárselo todo… Pero aquí le tenemos de nuevo, desafiando a las leyes de la naturaleza (ya ha cumplido los 30) y jugando un gran tenis frente a campeones mucho más jóvenes que él. – Leer más –